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La revuelta del hiyab

Pese a lo emotivo del motín del hiyab, el desafío durará hasta que el régimen islámico iraní decida pararlo

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Manifestantes en Beirut (Líbano) en protesta por la muerte de Mahsa Amini.

Manifestantes en Beirut (Líbano) en protesta por la muerte de Mahsa Amini. / EFE/EPA/WAEL HAMZEH

No todo es tan sencillo como muestran los vídeos que corren por internet. Es cierto que existe un desafío inaudito de miles de mujeres iranís que se cortan el pelo y queman en público su hiyab, símbolo central de la Revolución, pero no estamos aún ante el colapso del régimen. La protesta estalló el 16 de septiembre tras el asesinato de Mahsa Amini, golpeada en una comisaría por llevar mal puesto el velo obligatorio.

La República Islámica de Irán es una dictadura teocrática dirigida por una casta de clérigos y generales coronada por un emir religioso llamado Guía Supremo de la Revolución, cargo que ejerce Alí Jamenei. Todo es una impostura: ni es república ni es revolucionaria. Estamos ante una monarquía ultraconservadora y corrupta que robó la revolución popular que expulsó al Shah del poder en enero de 1979. 

Pese a lo emotivo del motín del hiyab, el desafío durará hasta que el régimen decida pararlo. Es solo una isla en medio del descontento generalizado. El sistema dispone de suficientes medios militares, policiales y paramilitares para reprimir todo levantamiento que represente un riesgo. En tres semanas, el número de muertos ya supera el centenar.

Protestas anteriores

También sofocó las manifestaciones de 2009, contrarias al resultado de las elecciones que dieron la victoria a Mahmud Ahmadinejad. De ellas surgió otro símbolo, Neda-Agha-Soltan, asesinada por paramilitares basijis. Su agonía, grabada en vídeo, dio la vuelta al mundo. En 2019, durante una sublevación contra el alza de los carburantes, murieron 1.500 personas.

Esta vez existen diferencias, veremos si sustanciales, con 2009 y 2019. No surgen de la protesta contra una decisión política o por el incremento de los precios, son el iceberg de un enfado más profundo y amplio. Tampoco es un movimiento teheraní. Esta vez afecta a 20 ciudades en 18 provincias. La clave es saber si las diferentes islas de descontento terminarán por conectar entre sí formando una insurrección que pongan en peligro al régimen.

La revuelta del hiyab ha sumado a kurdos (Amini lo era) y baluchis, afectados por una pobreza extrema en una zona rica en gas y petróleo. Pese a la censura de internet, existe coordinación entre los manifestantes, la mayoría muy jóvenes. La economía está hundida por la suma de las sanciones internacionales, la pandemia, la inflación y la incapacidad de gestión de Ebrahim Raisi.

El Guía Supremo Jamenei, que se mantuvo callado en las primeras dos semanas, ha acusado a EEUU e Israel de estar detrás de las protestas. Su salud es delicada. Tiene 83 años. Un vacío de poder de meses hasta que se elija un sucesor en medio de una lucha entre los clanes de poder podría ser fatal en este momento. El régimen puede optar por leer la realidad y abrirse o cerrarse aún más hasta el hundimiento final.

Cambio de régimen

Es posible que estas protestas no logren un cambio de calado inmediato, y terminen por diluirse entre disparos y golpes, pero algo está cambiando, tal vez sea la pérdida masiva del miedo.

Irán, el país chií más importante del mundo islámico. Mantiene una pugna histórica con Arabia Saudí, su rival suní, también rico en petróleo. Ambos luchan por delegación en Yemen, una guerra que ha costado desde 2014 más de 370.000 muertos. No podemos hablar de dos bloques religiosos homogéneos enfrentados porque en Irak, que es de mayoría chií, domina un sentimiento antiiraní que ha sabido agitar y encauzar el movimiento de Muqtada al Sadr.

Irán es una revolución robada, que podría reanudarse ahora, o dentro de unos años. La caída de la dictadura del Shah fue una derrota de EEUU y el Reino Unido, dos países que han tenido una influencia constante y negativa. La CIA organizó un golpe de Estado en 1953 contra el primer ministro Mohammad Mosaddeq, elegido democráticamente, y promovió el ascenso de Shah.

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Francia, que siempre juega en el lado de Francia, creyó estar en buena posición en 1979 tras su apoyo a Jomeini, pero el viejo clérigo se le escapó de las manos. EEUU prefirió a los barbudos que a los comunistas y demócratas hasta que asaltaron su embajada en Teherán. Un cambio de régimen sería un éxito para Israel porque eliminaría a su único rival militar en Oriente Próximo e impediría que desarrolle la bomba atómica.

Irán ha estrechado su alianza con Rusia tras su colaboración en la guerra civil de Siria, y también con China. Se sienten en guerra santa contra Occidente. No sabemos cuánto aguantará Pekín en su papel de aliado silencioso de Moscú tras los desastres militares rusos en Ucrania. De momento, Vladímir Putin no parece la apuesta de futuro más segura.