DISCRIMINACIÓN

Stop racismo

Los insultos racistas son una expresión de odio y, vertidos masivamente, convierten un evento deportivo en un estercolero moral

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Vinicius Jr. discute con el árbitro en el reciente Atlético-Real Madrid.

Vinicius Jr. discute con el árbitro en el reciente Atlético-Real Madrid. / REUTERS

Una vez más un partido de fútbol profesional nos ha dejado un lamentable espectáculo racista que corre como la pólvora por las redes sociales. Al jugador del Real Madrid Vinicius Junior le gritaron a las puertas del estadio “eres un mono” antes de entrar al partido cientos de aficionados al Atlético de Madrid. Ellos pensarían que así igual defendían mejor a su equipo. En realidad, dieron una pésima imagen del Atleti, que sus dirigentes no se afanaron en corregir con su más que tibio tuit de respuesta. Ante el racismo y la xenofobia no cabe otra opción que no sea la condena con toda la contundencia necesaria, y quedaron muy lejos con su “¡Anima al Atleti con pasión y con respeto hacia el rival!”.

No es la primera, ni la segunda, ni la última vez que esto pasa. No solo pasa en los campos, también pasa en las tertulias de deportes, pasa en el futbol base y pasa en las gradas de partidos infantiles, cuando algún padre hace un comentario -a voz en grito- delante de sus hijos. Pasa que el fútbol lo ven muchos niños en la tele, en el campo o en casa y, como quien no quiere la cosa, se van acostumbrando a que se viertan insultos o comentarios racistas y xenófobos a los jugadores de otras razas. Así, sin sentir, lo vamos permitiendo, los niños lo van normalizando y del campo pasa al parque, al patio del cole, a internet y a una sociedad que vamos haciendo cada vez un poco peor.

Los insultos racistas son una expresión de odio y, vertidos masivamente, convierten un evento deportivo en un estercolero moral. Teóricamente el deporte debería transmitir a las generaciones más jóvenes valores positivos como el esfuerzo, el compañerismo, el respeto y el trabajo de equipo. Cuando llevamos a nuestros hijos a practicar un deporte o los apuntamos a un equipo, esperamos que aprendan y practiquen estos valores, no que vuelvan a casa soltando por la boca sapos y culebras, haciendo comentarios xenófobos, o que vengan hundidos por haber sido insultados y humillados por sus compañeros.

Cuando vamos a ver un partido queremos disfrutar del espectáculo, vibrar con nuestro equipo, compartir alegría con el resto de la afición y volver a casa contentos, o no tan contentos si no gana nuestro equipo, pero habiendo disfrutado de la emoción de la tarde. No queremos asistir a un arranque violento de odio, no queremos presenciar semejante bochorno, no queremos que nuestros hijos vean como normal insultar, agredir o humillar. No queremos normalizar la violencia, ni el racismo, ni la xenofobia. Digamos basta.

No sé qué sanción se va a poner como consecuencia de estos hechos. Por lo pronto, creo que a ese equipo no se le debió permitir jugar el partido. Ante una afición que se comporta así, al única respuesta decente es que su equipo directamente pierde, no juega. Esto en el patio del cole es fácil, el que no respeta no juega. En el deporte profesional retransmitido por todas las teles, debería ser igual. Porque no sirve de nada que luego nos pongamos muchas camisetas de “stop racismo” o black lives matter si, al final, no pasa nada. Nos quejamos, ponemos muchos tuits, pero el espectáculo continúa. Hay que pararlo. Pararlo en seco.

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