POLÍTICA

El fin de una era

Puede que la estrategia del PP sea inteligente para ganar las elecciones, pero es impropia de un partido que se dice de Estado y que debería contribuir a la concienciación ciudadana sobre la necesidad de ahorrar energía

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Alberto Núñez Feijóo.

Alberto Núñez Feijóo.

Mientras aquí una parte de la derecha político-mediática se burlaba del 'sincorbatismo' de Pedro Sánchez y polemizaba sobre algo tan intrascendente para la población como es la hora de apagado de los escaparates, los gobernantes de los países más importantes de Europa y los de Estados Unidos alertaban de que lo que se avecina para el otoño y el invierno exigirá drásticas medidas restrictivas que pueden conllevar un cierto grado de sufrimiento para familias y empresas. Quizás no tanto como el que parece que van a padecer en el Reino Unido donde, con una subida del gas y la electricidad del 80%, muchos ciudadanos, sin el paraguas protector de la Unión Europea, van a tener que elegir entre la comida o la calefacción, 'eating or heating'. Estos sombríos augurios apuntan al fin de una era. La de abundancia. Lo proclamó la pasada semana Emmanuel Macron, al que criticaron porque, como se sabe, la abundancia va por barrios y muchos ciudadanos no la han podido gozar nunca. 

A lo que se refería el presidente francés es a esa posibilidad de la que disfruta buena parte de la sociedad en los países desarrollados y que consiste en darle al interruptor y tener luz, aire acondicionado y calefacción sin límite. Algo que ahora se ha puesto en cuestión por la invasión rusa de Ucrania y la amenaza de Putin de cortar el suministro de gas a los países de la UE, pero también por la inminencia del cambio climático, que ha deparado un verano de olas de calor, pavorosos incendios y, ahora, graves inundaciones. Lo venían advirtiendo los científicos desde hace décadas y, pese a los difusos compromisos de las cumbres climáticas, nadie parecía consciente de que no se trataba de una predicción a mil años vista.

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En España, ante la actitud de la oposición de derechas, empeñada en descalificar las medidas del Gobierno para ahorrar energía, similares a las de otros países europeos con ejecutivos de todo color político, se podría decir que la conciencia sobre lo que viene, sobre ese cambio de paradigma, es débil o no existe. O quizás es que el PP, empeñado en atribuir toda la responsabilidad de la situación económica y energética a Pedro Sánchez, está en la misma posición que en 2010, cuando otro moderado, Mariano Rajoy, se negó, pese a las presiones europeas, a respaldar los recortes que se vio obligado a aplicar el presidente Rodríguez Zapatero. Entonces, el que luego sería ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, lo dejó claro: “Que se hunda España, que ya la levantaremos nosotros”. Esa podría ser también ahora la estrategia de Núñez Feijóo con su discurso de que si Sánchez está hundiendo España, el PP está a punto de llegar al poder para salvarla. 

Puede que esa sea una estrategia inteligente para ganar las elecciones. El tiempo lo dirá. Es, sin embargo, impropia de un partido que se dice de Estado y que debería contribuir a la concienciación ciudadana sobre la necesidad de ahorrar energía, de cuidar el medio ambiente, de salvar el planeta. Tampoco es una práctica política acertada cuando se trata de afrontar otro de los riesgos sobre los que alertó Macron, el ascenso del populismo, un fenómeno que resurgió como consecuencia de las medidas de austericidio aplicadas en la crisis de 2008 y que puede agravarse por la actual. Es, por eso, necesario reivindicar el papel de la política y de las instituciones democráticas y de demostrar su valor en la práctica, sustituyendo la descalificación y el electoralismo por propuestas concretas que faciliten el consenso. Y esa es una tarea que les incumbe a todos.