LA VENTANA LATINOAMERICANA

CFK: de la jugada maestra al bloqueo político

La vicepresidenta de Argentina está en un callejón sin salida: la gestión es caótica y los conflictos entre el presidente y su vice no dejan de crecer

4
Se lee en minutos
Cristina Fernandez junto al presidente de Argentina, Alberto Fernández.

Cristina Fernandez junto al presidente de Argentina, Alberto Fernández. / EFE

Meses antes de las primarias argentinas de 2019, previas a las elecciones presidenciales de octubre, la hecatombe económica acabó con buena parte de las aspiraciones reeleccionistas de Mauricio Macri. Se abría así una ventana de oportunidad para que el kirchnerismo/peronismo retornara al poder, aunque había un pequeño problema. Los dos políticos con mayor índice de rechazo eran el propio Macri y la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner (CFK).

Con semejantes niveles de desaprobación hasta el triunfo de Cristina era complicado, pero también era cierto que su piso electoral, cercano al 30%, hacía imposible sacarla de la ecuación política. Entonces circulaba la frase “Con Cristina no alcanza, sin Cristina no se puede”, que ilustraba las dificultades existentes. Con Macri en caída libre, cualquiera que no fuera la ex presidenta podía ganarle, pero a ella, precisamente, esta hazaña le resultaba imposible, al igual que abandonar su protagonismo.

Fue en ese momento cuando, sorpresivamente, sacó un conejo de la chistera. Ella se presentaría, pero solo como candidata a vice, siendo Alberto Fernández quien competiría por la presidencia. En los titulares de los periódicos de aquellos días, la idea de que estábamos ante una gran genialidad política, una de las mayores de la historia mundial reciente, era recurrente. CFK era una líder de altura singular. Única e irrepetible.

Si bien sin ella las posibilidades de que el kirchnerismo recuperara el poder eran mínimas, hoy se confirma que la jugada ha tenido un desenlace catastrófico. No solo eso. La vicepresidenta está en un callejón sin salida, una situación definible en inglés como de catch-22. La gestión presidencial es caótica y los conflictos entre el presidente y su vice no dejan de crecer. Las disputas de poder entre los dos sectores que componen la coalición gobernante llegan a cotas impensables y dificultan la resolución de cualquier conflicto, como muestra la relación con el FMI. Para colmo, Alberto Fernández ha demostrado una gran incapacidad en el ejercicio de su autoridad.

No solo eso. CFK detesta al presidente Fernández y, probablemente, su mayor deseo sería verlo fuera del poder. Pero, si Fernández se va, ella debería asumir la presidencia. De forma automática, todos los costes de la gestión, en una coyuntura marcada por las graves crisis que vive la Argentina, caerían sobre sus espaldas. Si la vice se convierte en presidenta, automáticamente sería la responsable de la catástrofe, de una catástrofe de la que hasta ahora intentó mantenerse al margen, culpando de los errores cometidos, como siempre ha hecho, a todos los demás.

La renuncia del ministro de Economía, Martín Guzmán, solo ha agravado las cosas. El nombramiento de Silvina Batakis ha vuelto a agitar a los mercados. La cotización del dólar se disparó, el riesgo país superó el récord de los 2.654 puntos básicos y se espera que la inflación, al finalizar el año, esté por encima del 80%. Si a esto sumamos las mencionadas desavenencias internas dentro de la coalición gobernante no es extraño que uno de los grandes temas de debate es si se llegará a las elecciones presidenciales y legislativas de octubre de 2023, y, de hacerlo, en qué condiciones.

Salvo que se produzca una verdadera catástrofe, las posibilidades del oficialista Frente de Todos de retener el poder son mínimas. Así, la coalición peronista - kirchnerista estaría condenada a transitar, una vez más, por el territorio de la oposición. Tampoco de forma aislada, bien el peronismo o bien el kirchnerismo a partir de La Cámpora, su agrupación emblemática, tendrían opciones de triunfo.

Ante la falta de recambio y de líderes relevantes en la línea sucesoria, y tras el fracaso de la operación que abogaba por la reelección de Alberto Fernández, se vuelve a hablar de la candidatura de CFK en 2023. En el conglomerado de aspirantes destacan el sempiterno Sergio Massa, actual presidente del Congreso de los Diputados, y el delfín Máximo Kirchner, líder de La Cámpora, aunque algo desdibujado después de su renuncia al frente del grupo parlamentario peronista.

La preocupación está instalada en todo el espectro político. La mayoría de los gobernadores peronistas piensa desdoblar las elecciones provinciales para no coincidir con las nacionales y no ser salpicados por la mala gestión y el voto de castigo. La oposición teme la herencia que pueda recibir, en un contexto de intensa pugna interna por el liderato, tanto entre los dos principales bloques de la coalición, el PRO y el radicalismo, como dentro de cada uno de ellos.

Sin embargo, la oposición de Juntos por el Cambio tiene grandes incentivos para llegar unida a las primarias (PASO), que deberían celebrarse en agosto de 2023, cuando habrá que elegir al candidato presidencial. El premio mayor, la presidencia, así lo justifica. Si mantiene su unidad, sus opciones de llegar a la Casa Rosada aumentan de forma considerable. Si no, el caos existente en el país podría incrementarse de forma exponencial.

Noticias relacionadas