LA CARTILLA DE LA DIRECTORA

La venganza de Juanma Moreno: el ‘sorayo’ que sobrevivió a los cuchillos largos del PP

Los adversarios más agresivos a veces los ha tenido en casa: esos compañeros de filas que nunca creyeron en él para saber llevar un partido territorial y mucho menos para arrasar en un feudo de tradición socialista

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Juanma Moreno, este domingo en Sevilla tras votar en las elecciones de Andalucía.

Juanma Moreno, este domingo en Sevilla tras votar en las elecciones de Andalucía. / EFE

Volverá a ser presidente de la Junta de Andalucía y, además, ahora sí puede decir que ha ganado las elecciones. Y de calle. Juanma Moreno ha barrido. Se ha coronado. Ha roto moldes. Mayoría absoluta. Absoluto disgusto para un Vox que hizo las cuentas de la lechera con chulería y folclore electoral. Primer parón serio en sus expectativas generales: no todo el monte era orégano. Entierro naranja. Depresión en una izquierda obligada ahora a lamerse las heridas y a reaccionar... Moreno ha sorprendido a algunos y se ha vengado también este 19 de junio de todos los adversarios políticos que, durante años, han ido murmurando por los rincones que no estaba a la altura. Pero no han sido los únicos. Los adversarios más agresivos a veces los ha tenido en casa: esos compañeros de filas que nunca creyeron en él para saber llevar un partido territorial y mucho menos para arrasar en un feudo de tradición socialista. “Está ahí porque lo puso quien lo puso en su día, pero ya caerá, no da la talla”, decían con distintas palabras en diferentes familias de su propio partido durante los últimos tiempos.

El día que Mariano Rajoy decidió que Moreno dejara su carrera en Madrid para situarlo como aspirante andaluz, después de mucho experimento infructuoso, hubo un movimiento de placas tectónicas en el PP. Sin entrar en exceso de detalles, Moreno era considerado un ‘sorayo’ –miembro del equipo de confianza de la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, con la que trabajó durante años-, a la vez que un ahijado político de Javier Arenas. Eso, para el entorno de la entonces secretaria general del partido, Dolores de Cospedal, y para su aliado, José Ignacio Zoido, era como tener la peste (política). Las bendiciones de Santamaría y Arenas juntas en un dirigente andaluz eran sinónimo de batalla interna. Y a fe que la tuvo Moreno. Hasta casi anteayer, cuando cayó oficialmente Pablo Casado.

"Ha protagonizado un vuelvo histórico en Andalucía, no tanto porque haya logrado vencer –esta vez sí- al PSOE, sino porque ha frenado los pies a la ultraderecha"

Porque Casado utilizó a Moreno cuando le vino bien y terminó exhibiéndolo como un trofeo cuando, tras las elecciones de 2018 y por sorpresa, llegó a presidente de la Junta con Cs como socio y Vox garantizando apoyo externo. Pero Casado y, sobre todo, Teodoro García Egea, se encargaron de difundir por tierra, mar y aire que aquello fue posible gracias a ellos y sus negociaciones ‘nacionales’ con los naranjas y la ultraderecha, convirtiendo entonces a su compañero andaluz, a ojos de una parte de la opinión pública, en un títere. Y poco hicieron para sanar esa cicatriz con la que dejaron marcado a Moreno, a quien jamás trataron con el respeto que guardaban para Feijóo ni integraron como uno de los suyos como sí hicieron con Isabel Ayuso, hasta que ese amor tornó en odio… pero eso es otra historia.

Ahora ha llegado el momento de Juanma, el ‘sorayo’ que sobrevivió a todos los cuchillos largos del PP. Ha protagonizado un vuelvo histórico en Andalucía, no tanto porque haya logrado vencer –esta vez sí- al PSOE, sino porque ha frenado los pies a la ultraderecha cuando parecía que su ascenso era imparable y preámbulo de lo que pueda llegar en las próximas generales. Su nuevo jefe en el PP, Núñez Feijóo, tiene motivos para estar contento. El líder del PSOE, Pedro Sánchez, para reflexionar profundamente. Moreno, el superviviente, para celebrar: pero ojo, que por más que baile esta noche (es imparable en las pistas), le toca bailar seriamente en el día a día con una Andalucía que ahora espera gestión de calidad y respuestas. Sin excusas.

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