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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, junto a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, junto a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen. / EFE

Causó sorpresa en una parte de los españoles escuchar al presidente del Foro de Davos preguntar a Pedro Sánchez sobre la "receta del éxito del reinicio de la economía española" tras la pandemia. Tanta sorpresa como antes había causado al mismo grupo de españoles escuchar a la presidenta de la Comisión Europea decir que "España estaba hoy en el corazón de Europa" y que "vuestra recuperación tiene bases sólidas". Y, como no hay dos sin tres, pocos días después Bill Gates decía en Twitter, tras reunirse en Moncloa con Sánchez, que era "genial ver su liderazgo (el de Sánchez) y compromiso para abordar algunos de los desafíos globales más apremiantes".

Y, sin embargo, lo que debería causarnos sorpresa, e incluso indignación, es que algunos "patriotas" no tengan reparos en, para empujar su causa político partidista, desprestigiar a España, dentro y fuera, con el objeto de intentar dañar al Gobierno. Esa política del "todo vale" contra el adversario, convertido en enemigo, es la que deberíamos desterrar de nuestro país. Porque hay razones para la preocupación ante una situación internacional muy complicada que más bien debería llevarnos a arrimar el hombro y acordar soluciones, pero también las hay para abandonar el catastrofismo del que algunos hacen gala, repito, buscando desgastar al Gobierno de turno.

Pasó cuando salió el PIB del primer trimestre (hasta que luego vimos que era mejor que la media de la OCDE) y ha pasado con el mal dato del IPC en mayo (8,7%), hasta que se publicó que la media de la eurozona estaba en el 8,1%, evidenciando que hay un problema internacional de precios que no es achacable al Gobierno, ni parece que otros gobiernos lo están gestionado mejor que nosotros. En la misma línea, resulta curioso que con los buenos datos de empleo (superamos, por vez primera, los 20 millones de cotizantes de la Seguridad Social) las mismas fuerzas políticas que desde los gobiernos autonómicos que presiden se apuntan en su haber, se lo nieguen, a la vez, al Gobierno de la nación. Ridículo, ¿no?

Atravesamos un momento de mucha incertidumbre mundial, en un contexto marcado por la política china de covid cero, por la guerra de Putin en Ucrania y por los efectos adversos del cambio climático sobre las cosechas de trigo de India y Pakistán. Un momento donde se combinan restricciones de suministros con subidas del precio del petróleo (120 dólares/barril de Brent) y del gas, con una crisis alimentaria derivada, entre otras cosas, de la guerra de Ucrania.

Un momento en el que se está redefiniendo la globalización (el Gobierno de España ha hecho una apuesta fuerte por convertir a nuestro país en la fábrica europea de microchips) y acelerando la transformación de las fuentes energéticas donde tenemos capacidad de ser la plataforma europea de gas y, sobre todo, la mayor exportadora de energía renovable a Europa, donde todos reconocen el liderazgo español. Llámenme ingenuo, pero me gustaría, en estos tres asuntos trascendentales para nosotros, escuchar al líder de la oposición mostrar su apoyo al Gobierno y a las empresas que lo pueden hacer posible, en beneficio de España. ¿Por qué le resulta imposible hacerlo si el, si fuera Presidente, estaría intentando hacer lo mismo? Misterios de la polarización. 

Cal y Arena

El Banco de España informa de que mantenemos un envidiable superávit en la balanza de pagos superior, incluso, al del año pasado. A la altura de marzo, la capacidad de financiación de la economía española acumulada de 12 meses era de 23.000 millones de euros, con una cuenta de capital empujando al alza como consecuencia de los flujos recibidos de la Unión Europea.

Como señales negativas, la pérdida experimentada por la confianza, tanto de consumidores, como empresarial, sin duda por las noticias de la guerra de Ucrania y su traducción en subida de precios y escasez de materias primas. En concreto, el Índice de Confianza del Consumidor (CIS) se desplomaba en marzo 36 puntos respecto al mes anterior, previo a la guerra, incluyendo sus dos componentes: situación y perspectivas. Por su parte, el Índice de Confianza Empresarial (INE) agudiza en el segundo trimestre del año, la caída (-4,0) ya sufrida en el primero. De hecho, excepto transporte y hostelería, el resto de sectores muestran caída, sobre todo en las expectativas.

El déficit conjunto del Estado, máxima preocupación para algunos, se ha reducido en el primer cuatrimestre del año un 68% respecto al año anterior, una de las mayores caídas nunca contabilizadas. Los ingresos suben a un ritmo muy fuerte, empujados por la inflación, mientras que los gastos se han recortado a un ritmo del 4%. Sin duda, un dato muy positivo, aunque poco representativo, todavía, de lo que sucederá al finalizar el año.

Las recientes recomendaciones de la Comisión Europea 

Conocimos la semana pasada las preceptivas recomendaciones semestrales de la Comisión de las que destacamos dos: una política presupuestaria prudente que limite el crecimiento de los gastos corrientes al crecimiento del PIB potencial a medio plazo y un esfuerzo adicional en inversión y coordinación para mejorar las tasas de reciclaje de basuras donde estamos muy por debajo de la media europea, impulsando la economía circular.

Sin embargo, tan valioso como las recomendaciones, son los comentarios realizados a lo largo de doce folios intensos de análisis donde resalta el apoyo a la labor del Gobierno en la implementación del plan de recuperación y resiliencia, muy cuestionado por la oposición española.

En concreto, señala que estamos muy por detrás en reducción de gases de efecto invernadero y, especialmente, en medidas de ahorro y eficiencia energética, que la perspectiva de sufrir una seria escasez de agua debería primar medidas de ahorro, reciclaje y reutilización. En la misma línea de preocupación, señala la elevada deuda externa, pública y privada, como motivo de vulnerabilidad, en un contexto de alto desempleo, así como que los riesgos a medio plazo asociados a la elevada deuda pública.

Todo ello, después de haber señalado como la invasión de Ucrania por Rusia ha significado una alteración sustancial del contexto geopolítico y económico, con fuerte impacto en los precios energéticos y alimentarios para todos los países de la UE, incluida España.

En conjunto, un balance más positivo del que, algunos, hacen aquí entre nosotros, señalando deberes que deben ser abordado desde el consenso y con nulo catastrofismo, a diferencia de lo que algunos medios nacionales han querido recoger. A veces, es mejor leer el original.

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