'SOFTWARE ESPÍA'

Pegaso, el caballo alado

De forma lenta, se van cercenando libertades a lomos de un potro desbocado llamado hipertecnología

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Diseño de la marca de automóviles y camiones Pegaso.

Diseño de la marca de automóviles y camiones Pegaso. / JOAN PUIG

En las carreteras de la infancia reinaban los camiones Pegaso. Llevaban el DNI pintado en el remolque o en la flameante lona verde. Frutas y hortalizas Jacinta, Molina de Segura, Murcia. En los arriesgados adelantamientos, los sentías vibrar a través de la ventanilla del 600 o del Simca 1000, dejando tras de sí una nube de polvo y diésel. Eran vehículos muy resistentes, capaces de circular por los malísimos caminos del desarrollismo, cosidos de baches, grietas y con gravilla de asfalto voladora. Para bautizarlos, la empresa fabricante, ENASA, echó mano de la mitología, pues el caballo alado simboliza las virtudes de la potencia y la ligereza, las mismas que, suponemos, habrán inspirado a la compañía israelí NSO para nombrar a su 'software' espía. Visto lo visto, el sistema Pegasus parece bastante potente, pero de ligero, nada de nada, pues deja más huellas que un diplodocus obeso. Si esta arma cibernética se caracteriza por su fortaleza e infalibilidad, ¿cómo el CNI no interceptó las urnas del 1-O ni la tocata y fuga de Puigdemont? Espiar es feo, grave, muy dañino. En cualquier caso, la gracia del espía consiste en enterarse de todo sin que nadie se cosque; de lo contrario, se convierte en un patán, y el Pegasus tizna.

Según la mitología griega, tan embarullada como la política española, el fabuloso caballo Pegaso nació de la sangre vertida por Medusa, la gorgona que tenía serpientes en lugar de cabellos, después de que le cortaran la cabeza. Aquí ya se ha pedido que rueden las cabezas de Paz Esteban, directora del CNI, y de Margarita Robles. Podría aceptarse que no parece muy prudente cambiar de titular de Defensa con una guerra en plena Europa, pero las explicaciones dadas son escasas y muy poco convincentes. ¿Qué pasa con los espiados sin permiso judicial?, ¿quién lo hizo? Tampoco resulta demasiado tranquilizador que les mangonearan el móvil a la ministra y al presidente Pedro Sánchez. ¿Los ‘hackeó’ un departamento del Estado que va por libre, sin control? ¿O fue Rabat? Si se confirmara que los servicios secretos marroquís están detrás del escándalo, el asunto del Sahara, el repentino volantazo de la política exterior española, podría adquirir una luz muy turbia. Pero quizá se trate de un exceso patológico de películas de espías en la sesera.

Los casos de Assange y Snowden ya demostraron el alcance planetario del espionaje, incluso sobre ciudadanos que no pintan nada. Esta misma semana, se ha revelado que una empresa norteamericana, llamada SapheGraph, puede rastrear e identificar a las mujeres que acceden a clínicas para abortar. Terrible. Lenta y sutilmente se van cercenando las libertades a lomos del potro indomable de la hipertecnología. Siguiendo el hilo del mito, el dueño del caballo volador se llamaba Belofonte. Para castigar su osadía, pues quería formar parte de los dioses del Olimpo, Zeus mandó un tábano para que picara a Pegaso, que se debocó y descabalgó al jinete. Lisiado para siempre, anduvo errante hasta su muerte.

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