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Pactar y espiar

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La crisis Pegasus ha vuelto a sacudir las alianzas gubernamentales del PSOE, tanto las internas de Unidas Podemos, como las externas de los nacionalistas, sobre todo, la de ERC. En la semana que los datos de empleo respaldaban la reforma laboral, una de las políticas estrella de la legislatura con más de 20 millones de empleados y más de 700.000 contratos fijos, nadie del Gobierno ha podido sacar pecho por los datos ni reprocharle al PP o a ERC que votaran en contra de la 'ley Casero' cuando contaba con el aval de patronal y sindicatos, y ahora también de los datos. 

El intento de resolución de la crisis con ERC tengo que admitir que me resultó peculiar… Todavía no acierto a concluir si buena o mala, puesto que mientras escribo estas líneas no podemos dar la crisis por resuelta. Evidenciar que un Estado investiga (legalmente) es lo normal de toda democracia que se precie y que pretenda garantizar la seguridad pública o su integridad territorial.

Admitir que los máximos responsables de un Estado han sido espiados (ilegalmente) es una práctica nada común que envía al mundo un mensaje de debilidad en los sistemas de defensa muy preocupante. Más aun si estamos en medio de una guerra contra un sátrapa o si la OTAN tenía pensado venir a celebrar su cumbre a tu país.

Supongo que la estrategia fue "si nosotros hemos sido espiados, el argumento de los independentistas se diluye", pero lo cierto es, que la ministra Margarita Robles decidió hacer la guerra por su lado y admitir los espionajes en sede parlamentaria, algo que soliviantaba a los socios y que neutralizaba la estrategia tinta de calamar. 

Víctima de su propia trampa

A partir de ahí, la cosa se va enredando todavía más, porque el PSOE ha sido víctima de su propia trampa, una vez se abre la caja de pandora del caso Pegasus es imposible que los medios de comunicación dejen de preguntarse por cuestiones obvias como quien espió al presidente del Gobierno y con qué objetivo, cuantos ministros han sido espiados, si la información que se sustrajo fue fundamental en alguna acción política posterior, por qué se denuncia este espionaje y el de otros ministros anteriores no, y sobre todo, qué tiene que ver esto con que un Gobierno haya espiado a un supuesto socio fiable con el que aprobaba todas las leyes de la legislatura… ¿Se puede pactar y espiar al mismo tiempo a un partido político? Sí, además, a este enredo se le añade una lucha interna de dos ministros que intentan no aparecer como los culpables del 'hackeo' al Gobierno, la situación comienza a ser insostenible

Sin embargo, vivimos en los tiempos de lo posible imposible, tras la pandemia, la guerra, un volcán, nuestra imaginación se ha abierto a los límites de lo inesperado y aunque esta crisis pudiera suponer el fin de la legislatura en parámetros normales, vivimos en la excepcionalidad para bien y para mal. Pere Aragonès y Pedro Sánchez siguen en su empeño del diálogo y esto es una señal de que, aunque el cauce de sus relaciones está muy desbordado, ambos están dispuestos a reencauzar la situación.

A la espera de que se produzca dicho encuentro, la misma voluntad de mantenerlo muestra una realidad que ambos conocen y creo han asumido: están condenados a entenderse, porque la alternativa, tanto en Catalunya como en España supondría devolver a los catalanes a una situación de crispación, ruptura y fragmentación que no solo ha traído graves consecuencias sociales, sino también económicas y de oportunidades. No es casual, que la cita que pretende ser una reconciliación se haya propiciado en las jornadas de los empresarios catalanes, conocedores de la ruina producida por el 'procés'. 

Yo no diría que la crisis Pegasus está saldada, que ya saben ustedes que cualquier giro de guion es esperable en estas épocas de sobresaltos, cisnes negros y elefantes amarillos. Sin embargo, hay esperanzas para reconducir una legislatura que podría pasar a la historia por su mala salud de hierro.  

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