CATALUÑA

Ni sopla viento ni la barca es nueva

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Ni sopla viento ni la barca es nueva

Se va la fábrica de baterías a Valencia, se va el museo Hermitage, se ha ido Nissan, se han ido un montón de empresas, se van a ir los JJOO de Invierno antes siquiera de venir a no ser que los miembros del COI voten las sedes en pleno coma etílico, se va todo el mundo de Catalunya excepto los que tendrían que largarse para no volver y están gobernando, pero a nosotros nos da igual, porque somos catalanes y con eso nos basta. Ser catalán supone de por sí tanta riqueza espiritual que toda la material nos sobra y la vamos regalando a pueblos más necesitados.

Ni un 'pas enrere', proclamaban los lacistas se diría que hace siglos, y efectivamente ni un paso atrás van a dar hasta conseguir que entremos en la economía de subsistencia, con cada catalán comiendo lo que buenamente haya podido cultivar en su balcón al grito de "quanta dignitat!".

A los lacistas no les interesan minucias como trabajar o comer, sino temas de verdad esenciales como colgar una pancarta de vez en cuando, escribir tuits contra España o llevar en la cartera el carné del Consell de la Republiqueta, que por lo menos sirve para eso, para llevarlo en la cartera, digo.

La expresión más utilizada cada vez que se anuncia el adiós de otra empresa o la pérdida de una inversión más es 'bon vent i barca nova'que es como se dice en idioma lacista que las uvas están verdes. ¿Qué van a decir si no? ¿Que por culpa del delirio de unos cuantos una región que no hace mucho era puntera está casi arruinada? Eso, jamás.

En la actual Catalunya, hechos que no hace mucho te llevaban al psiquiátrico te llevan ahora al Parlament

Para evitarlo, existen unos mantras que deben repetirse, a poder ser con cara de odio, como hace el presunto diputado Joan Canadell culpando en un tuit a España de la inoperancia e inutilidad de su 'governet' respecto a la fábrica de baterías. Nada extraño en alguien cuyo único mérito para formar parte de una lista electoral fue pasearse en coche con una careta del Vivales colocada en el asiento del copiloto. En la actual Catalunya, hechos que no hace mucho te llevaban al psiquiátrico te llevan ahora al Parlament. Lo mismo ocurre con hechos que hasta hace poco te llevaban a la cárcel.

En Catalunya, una empresa no va a estar jamás tranquila, el día menos pensado le montamos un piquete en la puerta porque en el menú que ofrece a sus trabajadores pone "pan y postres" en lugar de "pa i postres", y claro, los catalanohablantes no comen nada porque no entienden lo que se les ofrece, lo cual repercute en su salud y -peor- en su rendimiento laboral.

Eso sí, a cambio de sufrir a menudo esos pequeños inconvenientes, las empresas tendrán el orgullo de estar situadas en Catalunya, que eso sí es relevante. Y si no les gusta, 'bon vent i barca nova', que hay cola de industrias que quieren venir a instalarse.

- Errr... 'president', que no hay ninguna, que nadie quiere venir.

- ¿Ah no? Pues 'bon vent i barca nova' a todas, no nos hacen falta. ¡Somos Catalunya!

- ¿Y ya está? ¿Eso es todo?

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-Perdón: y la culpa es de España.

El empresario que quiera venir a Catalunya, qué digo, incluso el que quiera permanecer en ella, deberá firmar un documento de adhesión al régimen, igual que deben hacerlo los periodistas que quieran participar en ruedas de prensa del 'governet'. Orgullosos deberían estar de ser acogidos por la nación más grande de la tierra, para que encima pretendan producir en paz.