Viraje para controlar la inflación

El Banco Central Europeo está obligado a lidiar con dos tensiones contrarias: la escalada de los precios y el temor a una nueva recesión

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El rey Felipe acompañado por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el presidente del Senado, Ander Gil, posa para la foto de familia con los presidentes autonómicos a su llegada a la reunión de la XXVI Conferencia de Presidentes.

El rey Felipe acompañado por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el presidente del Senado, Ander Gil, posa para la foto de familia con los presidentes autonómicos a su llegada a la reunión de la XXVI Conferencia de Presidentes. / EFE/Juan Carlos Hidalgo

El año 2022 comenzó con tensiones geopolíticas en varios frentes y con el fantasma de la inflación llamando a la puerta. Aunque el Banco Central Europeo (BCE) se había propuesto allanar el camino para la subida de los tipos de interés de forma gradual, y acompañar una recuperación que se intuía con el fin de la pandemia, los efectos económicos de la guerra de Ucrania le han obligado a un cambio de guion. La subida de los precios de la energía fue la primera señal de alarma para el organismo presidido por Christine Lagarde.

La dependencia de Europa del gas y del petróleo ruso ha encarecido estas materias primas y los ciudadanos europeos ya han notado sus efectos en la cesta de la compra. El precio de la gasolina está en máximos, las empresas han visto su factura energética disparada y temen, como advierten las patronales, la pérdida de cientos de miles de empleos. Hay pocas esperanzas de que se disipe el escenario del petróleo caro, así que, ante una inflación que ya en febrero estaba en cotas altísimas (el 5,8% en la zona euro, y en España aún mayor: 7,6%) el BCE estaba obligado a actuar. Obligado en el sentido literal del término, puesto que el mandato del banco central es controlar los precios. No será fácil.

Lagarde ha alentado a los gobiernos a adoptar medidas fiscales que contrarresten las decisiones del BCE

Dos grandes presiones parecen estirar en sentidos contrarios en estos momentos. Por un lado, la escalada de la inflación; por el otro, el temor a una recesión debido a la guerra de Ucrania. El BCE debe caminar como un funambulista sobre el hilo para no causar desequilibrios en las economías de los países europeos. Los manuales dicen que para contener la inflación es bueno subir los tipos de interés. El BCE, además, los mantiene en el 0% desde 2016. Pero si se sube el precio del dinero, los créditos serán más caros, para particulares, para compañías privadas y también para los estados a la hora de financiar su deuda pública. Mal asunto si no hay un crecimiento económico robusto. De modo que, antes de poner fecha a la temida subida de tipos, Lagarde confirmó que el BCE reducirá la compra masiva de deuda. Ya lo había anunciado en diciembre, pero ahora ha acortado los tiempos: el endurecimiento de las medidas se ha acelerado. Así, en el tercer trimestre de este año podríamos estar ante la retirada de los estímulos monetarios, a la que seguiría una posible subida de tipos de interés.

España tiene motivos de preocupación al ser uno de los países europeos que más se han beneficiado de la política expansionista para afrontar el elevado gasto público derivado de la pandemia (los ertes, por ejemplo). Y los frecuentes episodios de fricción tanto dentro del Gobierno de coalición como entre el Ejecutivo y el PP–a falta de ver cómo posiciona al primer partido de la oposición su nuevo líder, Alberto Núñez Feijóo– podrían hacer que el Gobierno de Pedro Sánchez se enfrente a la nueva etapa económica en una situación de debilidad política.

España tiene motivos para preocuparse, al ser de los países europeos más beneficiados por la política expansionista

En un mensaje a los gobiernos, Lagarde les alentó para que adopten medidas fiscales que contrarresten los efectos de las decisiones del BCE. Es decir, más gasto público. También los empresarios reclaman actuaciones, en su caso, para limitar el precio de la energía. Difícil tesitura en un país con uno de los mayores niveles de deuda y déficit público de la Unión Europea.

Desde La Palma, y ante los líderes autonómicos reunidos en la Conferencia de Presidentes, Sánchez se ha mostrado abierto a una bajada de impuestos para los sectores más castigados por la guerra de Ucrania y ha pedido apoyo para seguir defendiendo en Bruselas la idea de desvincular el precio de la luz del del gas. Ante la perspectiva de un conflicto largo que puede cronificarse también La Moncloa se ve obligada a un cambio de planes.

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