CUERPO DE LA MUJER

¿Por qué dan tanto miedo nuestras tetas?

Algo hay en las tetas de las mujeres, algo hay, y quizá encarne el síntoma más evidente de lo lejos que estamos todavía de aquello que llamamos igualdad

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Rigoberta Bandini agita un sujetador al retirarse del escenario tras perder la final del Benidorm Fest.

Rigoberta Bandini agita un sujetador al retirarse del escenario tras perder la final del Benidorm Fest. / EFE

Aunque me habría encantado que por fin una lengua cooficial nos representara en Eurovisión -y qué mejor manera que al grito de 'non hai fronteiras' de las gallegas Tanxugueiras-, tengo que reconocer que mi corazón (alojado bajo la teta izquierda), estaba con la oda a la mujer que cría, cuida, reconcilia y lucha, a las tetas del Ay, mamá de Rigoberta Bandini. No pudo ser. Las que tenemos tetas estamos acostumbradas a perder y (¡qué caramba!) la labor ya estaba hecha. Hasta los que nunca hubieran querido se han preguntado estos días "¿por qué dan tanto miedo nuestras tetas?". Por supuesto, alguno solo para mofarse o tacharlo de ‘soflama feminista’ sin ver que la evidencia estaba ahí, ante sus ojos. Quien pretenda banalizar el asunto que responda si la presencia de los bailarines de Tanxugueiras sobre un escenario, vestidos únicamente con una falda, con el pecho descubierto, habría sido posible en el caso de mujeres. Que miren a los ganadores de la pasada edición de Eurovisión; el grupo italiano Måneskin, formado por tres hombres y una mujer, vestidos igual o… casi. Ellos con el torso desnudo y ella, por descontado, recatadamente cubierta. Así que sí, algo hay en las tetas de las mujeres, algo hay, y quizá encarne el síntoma más evidente de lo lejos que estamos todavía de aquello que llamamos igualdad.

La Oficina de Turismo de Viena asistió con estupor a la retirada de Facebook de una fotografía de la figura de piedra de Venus de Willendorf de 25.000 a. de C. al considerarla sexualmente explícita. TikTok cerró la cuenta del Museo Albertina por mostrar una serie de Nobuyoshi Araki donde se apreciaba un pecho femenino. El canal de noticias Fox informó de la venta de Las mujeres de Argel, de Pablo Picasso, convirtiéndose en la pintura más cara jamás subastada, pixelando el busto de las figuras femeninas. O más recientemente se censuraba el cartel de Madres Paralelas, la última película de Pedro Almodóvar, donde de un pezón en blanco y negro manaba una gota de leche.

Una política de contenido inapropiado infalible a la hora de perseguir el pecado de una aréola -y con evidente doble rasero si se trata de anatomía masculina o femenina- y mucho más laxa a la publicación de discursos de odio, por ejemplo.

¡Y por supuesto que han proliferado los pechos tras la España del destape! Faltaría más. Todo se llenó de tetas: tetas como reclamo en el cine, en la publicidad o en las portadas y desplegables de revistas siempre con el común denominador del público al que iban dirigidas. Pero destape fue destape, no igualdad.

Cuando nadie nos juzgue apelando a nuestro físico; cuando no leamos sobre que un desliz de la famosa dejando un pezón al descubierto; cuando no estemos pendientes del sujetador; cuando podamos publicar en Instagram una foto amamantando; cuando ninguna tema tomar el sol o cantemos en Eurovisión a pecho descubierto, no harán falta soflamas ni canciones

"Mamá, mamá, mamá, paremos la ciudad sacando un pecho fuera al puro estilo Delacroix", canta Rigoberta Bandini en referencia a la conocida obra La libertad guiando al pueblo, pintada por Eugène Delacroix en 1830. Una de las más famosas del arte francés y que se ha convertido en un icono universal de la lucha por la libertad. Sin embargo, la mujer con el torso desnudo, la única representación femenina del cuadro, que aparece portando un fusil en una mano y en la otra una bandera, tampoco es verdadera libertad. La figura de la Marianne semidesnuda creada para "encarnar los valores de la república y de los ciudadanos franceses: libertad, igualdad y fraternidad", hacía referencia, en realidad, a la libertad de los hombres. El mismo Código Civil que recogía aquellos principales avances sociales de la revolución para todos los hombres, negaba a su vez estos derechos civiles -como el voto o el derecho a la propiedad- a las mujeres, a quienes relegaba al ámbito exclusivo del hogar.

Pero y ahora, ¿son libres las francesas? Nos responde la encuesta publicada por el Instituto Demoscópico Francés (IFOP) en 2019, tratando de explicar la constante tendencia a la baja desde 1980 en la práctica del toples. Entre otras cosas revela que las mujeres francesas menores de 30 años practican el toples seis veces menos que las que tienen entre 50 y 69 años. Mientras que los argumentos de las mujeres mayores para no desnudarse al sol son el cuidado de la piel, los motivos que dan las jóvenes son terroríficos: el 59% lo hace para no tener que soportar las miradas lascivas y el 51% alega tener miedo a ser agredida sexualmente.

Así que sí, algo pasa con las tetas de las mujeres, algo pasa. A saber si les dan miedo o quizá el miedo lo sentimos nosotras. Por eso, cuando nadie, absolutamente nadie, nos juzgue apelando a nuestro físico; cuando no leamos sobre que un desliz de la famosa de turno le jugó una mala pasada dejando un pezón al descubierto y se callen los tertulianos sobre lo que muestra o tapa; cuando no tengamos que estar pendientes de si el sujetador aún insinúa nuestros pezones bajo la blusa; cuando podamos publicar en Instagram una foto amamantando o luciendo estrías y costuras; cuando ninguna tema tomar el sol o cantemos en Eurovisión a pecho descubierto -¡porque nos da la gana!-, no harán falta soflamas ni canciones. Pero ahora mismo, sí, vaya que sí… estas tetas nuestras se merecen una oda.

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