OPINIÓN

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Chanel celebra su triunfo en el Benidorm Fest.

Chanel celebra su triunfo en el Benidorm Fest. / EFE

Hay dos o tres de normas básicas en comunicación política que un gobierno democrático debería tener en cuenta cuando plantea a los ciudadanos una consulta participativa para decidir algún tema trascendente:

1.- Si tienes interés especial en que prospere una de las opciones planteadas, incentiva la participación, plantea la pregunta de manera de favorezca tus intereses y haz campaña claramente a favor de tu posicionamiento.

Es perfectamente legítimo que el gobierno tenga un posicionamiento político sobre la cuestión, pero prefiera contar con el aval popular por el motivo que sea: por la controversia que pueda generar el tema sometido a votación, para conseguir más consenso o para permitir la participación de los ciudadanos en las decisiones importantes.

Y sea cual sea el resultado, acéptalo sin ningún reproche y agradece a los votantes su colaboración. El resumen de esta regla es: “no convoques un referéndum para perderlo”, pero si lo pierdes, acéptalo con deportividad.

2.- Si no estás dispuesto a aceptar el resultado y solo aceptas la posibilidad de que gane la opción por la que tú has apostado, no convoques una consulta. Nadie te obliga. Un gobierno democrático tiene toda la legitimidad democrática para tomar decisiones, si es preciso avalado por las mayorías parlamentarias necesarias cuando exigen cambios legislativos, sin necesidad de convocar consultas a los ciudadanos sobre los temas conflictivos para delegar en ellos la responsabilidad por miedo a tomar una decisión arriesgada.

Si se equivocan, los votantes ya los castigarán cuando llegue el momento de renovar el mandato en las urnas.

3.- En la democracia del S. XXI, con la presión y la potencia de las redes sociales y del mundo digital, no hay lugar para consultas democráticas no vinculantes. No tiene ningún sentido plantear una consulta y si el resultado no es del agrado del gobierno, actuar en sentido contrario al resultado. Para eso, haz una buena encuesta.

4.- Las garantías y la transparencia de la votación tienen que ser intachables: desde el censo, las posibilidades de participación telemática, las condiciones de igualdad para que todas las opciones planteadas tengan las mismas oportunidades de prosperar, aunque el partido que apoya al Gobierno haga campaña (o no) por alguna de las opciones…

No puede haber trampa ni cartón, ni sombra de duda sobre lo que ha ocurrido.

Todos tenemos en la memoria, por ejemplo, el referéndum sobre la entrada de España en la OTAN de marzo de 1986, o el sucedáneo de consulta del 1 de octubre de 2017 en Catalunya sobre la independencia. No es el lugar ni el momento para analizar lo ocurrido en aquellos dos casos, hay opiniones para todos los gustos.

Pero en el caso de la selección de la candidata para representar a RTVE (y por tanto a España) en el festival de Eurovisión de 2022, creo que la corporación ha incumplido todas las normas anteriores: Es una lástima, porque la idea de darle un impulso a Eurovisión era muy buena, pero el resultado ha sido un fracaso y ha generado un problema de reputación para la CRTVE.

Veamos:

La CRTVE es una corporación pública sometida a control parlamentario y un presupuesto procedente de manera íntegra de ingresos públicos (ya que no se permite la publicidad desde la reforma de 2010). Por tanto, debe cumplir una serie de objetivos de servicio público y actuar con total transparencia en toda su actividad. No es una televisión privada que se juega su dinero y su reputación y que batalla por la audiencia para generar más ingresos publicitarios.

Si decide (libremente) plantear unas bases para permitir la participación del espectador en la elección de la propuesta que represente a España en Eurovisión (y con ello generar mayores audiencias), tiene que hacerlo con total transparencia e igualdad de oportunidades para todas las opciones seleccionadas (ya habían creado un filtro previo en esa preselección para evitar que se presenten candidatos “fake” como en su día ocurrió el Chikilicuatre).

Si esas bases dejan en manos del jurado el 50% de la decisión final, hay que explicar muy bien cómo se ha seleccionado el jurado, qué intereses y vínculos tienen con la industria discográfica o qué relación mantienen con RTVE (en ese caso, era evidente en alguna de las personas seleccionadas) y si conocen o ha existido alguna relación profesional esos candidatos.

En un jurado popular en el ámbito judicial, alguno de los miembros podría haber sido perfectamente recusado por posible parcialidad por alguna de las partes del proceso. Y siguen sin explicar cómo se llevó a cabo esa selección, quién los propuso y quién supervisó y aprobó el proceso dentro de RTVE.

Tampoco se cumplió el requisito de garantizar las mismas condiciones de participación para todas las propuestas. A los candidatos escogidos se les abonó el alojamiento, el desplazamiento y algunos pequeños gastos de alquiler de instrumentos, así como el asesoramiento técnico del equipo de RTVE y de Boomerang, la productora que colaboró en la realización del Benidorm Fest.

Hay que llevar a cabo una investigación y llegar hasta el final. Sé que el actual presidente de la CRTVE está por la labor y estoy totalmente convencido de que lo hará.


El vestuario, la coreografía, la puesta en escena, los recursos invertidos para cada actuación, salieron del bolsillo de los participantes. Si alguno de ellos contaba con un equipo profesional detrás, con una discográfica, con un contrato de representación, con preparación previa y coreógrafos de nivel internacional y con un tema compuesto y producido por 5 personas de diferentes nacionalidades, entre los cuales el productor americano de alguno de los temas de Madonna, Black Eyed Peas o Britney Spears, es evidente que partía con ventaja ante los demás.

Sin perjucio del talento y las extraordinarias características como intérprete y bailarina de la que finalmente resultó ganadora (Chanel) y de que su canción vaya a sonar en todas las radios, televisiones y plataformas digitales, gracias a la gran producción y al equipo que tiene detrás, con una gran capacidad de promoción gracias a los jugosos acuerdos que mantienen las discográficas con los medios de comunicación de todo el mundo.

Esa era la opción ganadora que apoyaba RTVE. Y si lo niegan, creo que no dicen la verdad. Este negocio funciona así. Y habría sido perfectamente legítimo proponer (como otros años) de manera directa esa candidata para ir a Eurovisión o contar simplemente con un jurado para su selección. Pero en el momento en que introduces la participación del público, aunque no sea decisoria, y quien lo plantea es un medio público y los candidatos no tienen las mismas oportunidades, se incumplen todas las normas que hemos planteado:

1.- Has planteado una consulta, tenías una opción favorita, has hecho campaña subterránea a su favor, pero has perdido claramente la votación popular, aunque solo represente una parte de la decisión final. Si una de las candidatas recibe el 70% de los votos populares, la otra el 20% y la que ha resultado ganadora, tan solo el 4%, algo ha fallado. Has convocado un referéndum y lo has perdido (Ver cuadros adjuntos).

2.- Si tenías una propuesta ganadora, y no estabas dispuesto a aceptar el resultado, no convoques una consulta, busca otra fórmula y elige el candidato. No impliques a la gente para conseguir mayor audiencia y después prescinde totalmente de su opinión acogiéndote a las bases y a un jurado que nadie sabe cómo ha sido seleccionado y a qué intereses responde.

3.- Si eres una institución pública, sufragada con el dinero de los ciudadanos, no les defraudes, no les engañes y no les humilles diciendo que su opinión es muy respetable, pero que el jurado sabe más y es normal que decida lo contrario. Esa canción va a representar a tu país y lo mejor que le puede pasar es tener un apoyo mayoritario del público, como claramente ocurrió con Tanxugueiras y Rigorberta Bandini.

4.- Mejora los sistemas de participación de la gente (hubo muchos fallos técnicos a la hora de enviar llamadas y mensajes de voto a los candidatos) y explica claramente donde van a parar los ingresos obtenidos gracias a esas llamadas de pago y las condiciones de participación de los candidatos para que todos tengan las mismas oportunidades.

Y una reflexión final. Si has generado un problema de reputación y por tanto una situación de crisis, elige un buen portavoz, que actúe con transparencia, humildad y honestidad. Que reconozca los fallos y prometa mejorarlos y pida disculpas. Y sobre todo, que diga la verdad, o al menos, que no mienta. Y que no transmita prepotencia ni falta de credibilidad en sus intervenciones.

Hay que llevar a cabo una investigación y llegar hasta el final, si es posible con la ayuda de expertos externos que le den credibilidad.

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Sé que el actual presidente de la CRTVE está por la labor y estoy totalmente convencido de que lo hará.

Que nadie piense que este es un tema menor, porque no lo es. Está en juego la esencia del funcionamiento del sistema democrático, la participación de la ciudadanía en las instituciones y la función de una radiotelevisión pública sufragada íntegramente con recursos públicos.