COMICIOS

El riesgo de desvirtuar las elecciones en Castilla y León

Es un error el empeño de los partidos en convertir las autonómicas en un ensayo de las generales

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El riesgo de desvirtuar las elecciones en Castilla y León

Arranque este próximo fin de semana de la campaña para las elecciones autonómicas en Castilla y León. En las últimas semanas, ya con tintes electorales, los líderes de los partidos políticos, especialmente el PP, han pugnado por convertir estos comicios en un adelanto de lo que puede ocurrir en las próximas elecciones generales. Lo mismo ocurrirá en los comicios andaluces, que no tienen aún fecha, pero que los pronósticos sitúan también en el primer semestre de este año.

El PP pretende que las dos elecciones autonómicas se conviertan en un revulsivo que allane el camino de Pablo Casado hacia la Moncloa, en una especie de repetición de lo que ocurrió en la Comunidad de Madrid con el triunfo arrollador de Isabel Díaz Ayuso. Sin embargo, esta estrategia topa con dos dificultades. La primera es que Alfonso Fernández Mañueco, el actual presidente y candidato del PP en Castilla y León, no es Isabel Díaz Ayuso. Y la segunda reside en que, si no hay sorpresas, queda mucho tiempo hasta las elecciones generales, cuyo resultado dependerá en buena medida de la situación económica y de los aciertos y errores de gestión del Gobierno de coalición entre el PSOE y Unidas Podemos.

Hay que tener en cuenta asimismo que el PP, pasado el efecto Ayuso y entre otras cosas por el pulso de la presidenta madrileña a su jefe de filas, está descendiendo en las encuestas. La voluntad de extrapolar estas elecciones autonómicas en clave de política española se ha podido comprobar en la polémica sobre las macrogranjas, en la que la oposición ha utilizado hasta la saciedad las declaraciones del ministro de Consumo, Alberto Garzón, al diario The Guardian. Pero las elecciones que llegan el 13 de febrero deberán responder a tres preguntas: si el PP ganará con holgura, si Vox entrará por primera vez en un Gobierno autonómico y si las candidaturas de la plataforma España Vaciada tendrán éxito o fracasarán.

La encuesta del CIS de ayer contradice todas las anteriores y pronostica un empate técnico entre el PSOE y el PP, con una ligera ventaja para los socialistas (30,8% y 25-34 escaños frente a 29,8% y 27-32). Vox sería la tercera fuerza (9,3% y 4-8 procuradores), con un gran crecimiento desde su único escaño actual, pero que ni siquiera en las horquillas más altas sería suficiente para gobernar. Ciudadanos, expulsado del Gobierno actual, retrocedería hasta el 7,9% y 2-5 diputados. La España Vaciada solo obtendría representación en Soria, aunque mejoraría sus resultados Unión del Pueblo Leonés (UPL) y Por Ávila mantendría un acta.

En el resto de encuestas, sin embargo, se da por hecha la victoria del PP con unos 35 escaños mientras que el PSOE obtendría 27, Vox una decena y Cs se hundiría de 12 a un procurador. Si se produce el triunfo de Mañueco y Vox tiene un buen resultado, el PP tendrá que decidir si los integra en el Gobierno regional, como apuntan que van a exigir los de Santiago Abascal. Y esa decisión pondrá a prueba las afirmaciones de Casado de que el PP no formará gobiernos con la extrema derecha y, además, le otorgará más o menos fuerza ante propios y extraños para pasar los próximos dos años como líder de la oposición. Pero los comicios en Castilla y León, por más lecturas políticas que tengan, son sobre todas las cosas una oportunidad para que los dirigentes de todos los partidos que recorrerán sus provincias haciendo mítines retengan, más allá de la cita con las urnas, los problemas y deberes pendientes que tiene una autonomía que envejece y se queda vacía, con las consecuencias que eso tiene.

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