EDITORIAL

Presente y futuro del sector turístico

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Presente y futuro del sector turístico

El turismo sigue siendo indispensable en el actual modelo productivo español. La pandemia, indiscutiblemente, ha golpeado a sus empresarios y trabajadores con enorme virulencia y, de paso, ha convertido en urgencia el mantener un debate serio y de fondo sobre si conviene que el turismo de masas sea dominante y pilar fundamental en una economía nacional que pretende modernizarse.

Actualmente, se estima en torno al 10% del producto interior bruto (PIB), y en 2019 superaba el 12%. Pero mientras ese debate necesario que lleva décadas pidiendo paso llega a hacerse realidad, cabe recordar que España, hoy por hoy, sigue siendo un país turístico: solo así se logrará no perder de vista su peso en el empleo (diciembre cerró con 2,3 millones de afiliados a la Seguridad Social vinculados a actividades turísticas). Y solo así se abordará sin dañar a este sector una reforma del modelo económico que sirva para diversificar sin castigar.

Cierto es que existen ámbitos emergentes que hay que potenciar (la transición energética, por ejemplo), pero la recuperación económica a corto y medio plazo pasa en gran medida por la reactivación del turismo.

Expuesto todo lo anterior, se entiende mejor la decepción de la patronal turística al ver en abril pasado, cuando el Ejecutivo presentó los grandes proyectos de inversión que absorberían el grueso de los fondos europeos, que el turismo quedaba en un discreto octavo lugar, con un plan de modernización e impulso al sector dotado con 3.400 millones de euros en tres años, por detrás de otros como el de movilidad sostenible (13.200 millones) o rehabilitación de vivienda (6.820 millones). Fitur, la feria de turismo que se celebra estos días en Madrid, ha servido de altavoz a las empresas del sector para insistir en su reclamación de más ayudas, en correspondencia con su peso actual en la economía del país.

Las grandes compañías agrupadas en Exceltur y la CEOE reclaman que el turismo tenga su propio perte (proyecto estratégico para la recuperación y transformación económica). La ministra del área, Reyes Maroto, no lo estima necesario, porque considera que el plan previsto ya es un «auténtico perte». Aquí conviene aclarar términos: aunque se trate igualmente de dinero de los fondos europeos, el plan de modernización del sector turístico de 3.400 millones, como está diseñado, no es realmente perte, aunque se equiparen.

Un perte se reserva a los proyectos estrella, con potencial de arrastre para el crecimiento, y entre sus características distintivas está la colaboración público-privada y con centros de investigación, deben participar al menos cinco empresas y dos comunidades autónomas. El Gobierno ha anunciado pertes para el vehículo eléctrico, para la salud en vanguardia y para las energías renovables y el hidrógeno verde.

El valor estratégico y de futuro de estos tres campos es indiscutible, como también lo es que urge ayudar más y mejor al turismo, que sigue cosiendo las costuras de buena parte de una economía nacional en crisis por el covid. Indispensable resulta que la industria turística aproveche la coyuntura para superarse: reposicionar destinos y mejorar la calidad de algunos productos para no depender solo de la cantidad de turistas que nos visitan. ¿Puede lograrse dicha remodelación sin un perte que lo articule? Complicado. ¿Debe recibir el sector 17.500 millones como exigen las patronales cuando otras ramas de actividad estratégicas reciben mucho menos? Son dos preguntas que Gobierno y sector deberían sentarse a discutir para encontrar el justo medio.

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