LA NOTA

Aragonès en Madrid

Hay distensión entre ERC y el PSOE, pero el acuerdo está muy lejos y la larga campaña electoral de dos años lo dificulta todavía más

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Aragonès en Madrid

La conferencia de Pere Aragonès en Madrid ha coincidido con la publicación de la última encuesta del CEO de la Generalitat y con la réplica al ‘president’ de Salvador Illa, el líder socialista de la oposición. ¿Qué consecuencias podemos extraer de estos tres hechos de las últimas 48 horas?

La primera es que hay distensión en Catalunya y en las relaciones entre Barcelona y Madrid. La segunda es que esta distensión es solo un primer paso muy remoto para acercarse a un punto de encuentro. Y la tercera es que a corto un acuerdo relevante es imposible por dos razones. Una, por la ya citada gran distancia entre los objetivos finales -referéndum de autodeterminación o desarrollo del Estatut- de unos y otros. Dos, quizás más relevante, porque hemos entrado en una larga campaña electoral de dos años cuya primera meta son las autonómicas de Castilla y León el próximo 13 de febrero. Y en esta dura y decisiva campaña -la derecha desunida puede sumar en las elecciones generales de fines de 2023-, nadie quiere dar la imagen de que olvida parte de sus principios. Ni inquietar o molestar a la fe de sus votantes. Al contrario, todos necesitan mantener o subir su cuota electoral.

Hay distensión porque ERC acaba de aprobar los Presupuestos de Sánchez y no prioriza la inmediata convocatoria de la mesa de diálogo. Y porque Salvador Illa practica una oposición dialogante y, junto a los 'comuns', quiere participar en el pacto catalán sobre la lengua. Al contrario que Cs en la legislatura anterior, no usa su posición de primer partido en el Parlament para hacer una oposición de tierra quemada.

También indican distensión las valoraciones que los catalanes hacen del Gobierno de la Generalitat y del de Madrid. Ambos obtienen un suspenso alto (4,85 la Generalitat y 4,41 Madrid), pero pese al suspenso los dos son aprobados por la mayoría de los encuestados (62% y 54%, respectivamente). No hay hoy un clima de crispación ni entre Catalunya y Madrid ni entre los gobiernos de Aragonès y Sánchez.

Pero las posiciones de ambos gobiernos siguen muy alejadas. Aragonès insiste en la amnistía y el referéndum de autodeterminación y plantea dos retos al Gobierno español: atreverse a convocar el referéndum y arriesgarse a perderlo. E Illa contestó de saque: ni amnistía ni referéndum.

Son posiciones muy contrarias que además nadie suavizará ante una batalla electoral a vida o muerte. Sánchez no quiere que lo que la opinión pública española pueda juzgar de excesivas cesiones al independentismo le hagan perder las elecciones. Ha tomado nota de que los indultos han pasado, pero que según la última encuesta (‘El País’) son más los españoles (50%) que no están de acuerdo que los que los aprueban (24%). 

Y Aragonès sabe que debe cuidar a sus votantes porque toda 'traición' al mito independentista (la praxis es pecado venial) sería utilizado por sus enemigos de JxCat y la CUP para debilitarle en las municipales de 2023 que Junqueras se plantea como la puntilla final a Junts. 

ERC no se decide, por cálculo electoral, a cumplir del todo con lo que desean la mayoría de catalanes: el 59%, que priorice la gestión de los problemas, frente al 37%, que lo principal es el conflicto político. Pero tampoco abdica de la praxis realista porque ahora solo los electores de JxCat (no los de ERC) priorizan la independencia

Así están las cosas. Mucho mejor que en 2017, o que cuando Torra hacía de las suyas (de palabra), pero bastante peor de lo deseable. Catalunya está estancada. No consigue despegar.

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