CRISIS DEL CORONAVIRUS

Ómicron: seguimos un paso adelante y un paso atrás

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Varios militares colaboran en el proceso de vacunación contra la covid-19 en el Hospital General de la Defensa de Zaragoza, este jueves.

Varios militares colaboran en el proceso de vacunación contra la covid-19 en el Hospital General de la Defensa de Zaragoza, este jueves. / EFE/Javier Cebollada

Ahora hace dos años, el 31 de diciembre de 2019, se recibieron las primeras notificaciones de lo que estaba pasando en Wuhan, China. Muy lejos. Muy diferente.

Han pasado casi dos años. Durante la primera oleada oímos de todo. Criticas. Descalificaciones...Curiosamente, en las últimas oleadas, hasta la sexta actual, no hubo el mismo alboroto mediático ni político en Catalunya que durante las dos primeras, a pesar de que ahora se dispone de más información y más herramientas. Un tema de reflexión. ¿Hablaremos algún día?

Lo cierto es que, en todas las oleadas, el patrón ha sido el mismo: subida de la incidencia, sistema sanitario ahogado, medidas restrictivas, bajada de la curva pandémica y de la presión sobre la sanidad. Después, la relajación de las medidas, por la presión de la situación económica y social, anuncio de que la pandemia está en vías de control, relajación o eliminación de las medidas restrictivas... y vuelta a empezar. Así seis veces. Quizá tendríamos que haber aprendido.

Ahora hace un año la llegada de las primeras vacunas pareció que lo cambiaría todo. Se hizo bien y en un tiempo adecuado. Pero la vacuna no es la SOLUCIÓN, en mayúsculas, a pesar de ser esencial. No tenemos, ni tendremos, una inmunidad de rebaño. Demasiadas partes del mundo están en unos niveles de vacunación ínfimos y con esta situación, de tanta gente sin vacunar y relajación de las medidas, ya se sabe: manos, distancia, mascarilla y ventilación, constituyen una peligrosa factoría de variaciones y mutaciones.

Afortunadamente, las vacunas nos han situado mejor respecto a la hospitalización y la mortalidad, pero no en en cuanto a reducir la incidencia. Ómicron ha representado un enorme salto adelante en el aumento de la infección aunque, por ahora, no en cuanto a la gravedad. Las vacunas, incluso con la tercera dosis, salvan vidas, pero no disminuyen sensiblemente la infección. Hay que recordar que, aunque la gravedad sea porcentualmente más baja, si aumenta la contagiosidad y hay más casos de infectados, el número absoluto de enfermos graves y muertos puede ser muy alto y hacer tambalear los servicios sanitarios.

Mientras que en la mayor parte del resto de Europa se están tomando, de nuevo, medidas drásticas, el Gobierno de España se conforma con unas pocas medidas con mínimo impacto sobre la transmisión y, por encima de todo, “apelar a la conciencia y la responsabilidad ciudadana”. Pelotas fuera. Ninguna medida que implique compromiso y responsabilidad por parte del Gobierno. Y la pelota hacia la población de las comunidades autónomas.

En Catalunya se han tomado algunas medidas más que, en fases anteriores, han funcionado (toque de queda, cierre de ocio nocturno, aforos limitados...), pero también sin alborotar demasiado el gallinero. Quizá habría que explicarnos mejor y aclarar posibles contradicciones, que confunden a ciudadanos y profesionales: mesas con un máximo de 10 comensales, pero autorización de cabalgatas de Reyes, o transportes públicos llenos a rebosar y mascarilla al aire libre, por ejemplo. Y seguimos con la Yenka.

Quizá habría que ser valientes y decir las cosas claras: que con las vacunas, a pesar de ser esenciales, no hay bastante; que si no se toman medidas de ayuda suficientes la situación puede ser un golpe mortal para determinadas economías; que, por ahora, esto no se acaba. Y que si no se refuerza de verdad la atención primaria y la salud pública, esto puede acabar mal.

El covid no tendrá un final por crisis, de repente, sino por lisis, progresivamente y conviviendo con el virus.

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Déjenme ser osado. Podría ser que la combinación de unos buenos niveles de vacunación y la expansión de ómicron, si realmente no es tan grave, como dicen los informes, nos pueda llevar a este escenario de lisis progresiva, logrando unos niveles de inmunidad de fondo similares a los que podemos tener respecto de la gripe.

Mientras tanto, hablar en plata y actuar en consecuencia. Sin contradicciones.