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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, caminan juntos en La Moncloa.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, caminan juntos en La Moncloa.

Intento resumir aquí los datos más destacados del Barómetro de noviembre del CIS que se publicó ayer.

Consolidación de la proyección de Yolanda Díaz. Es el quinto mes consecutivo (desde junio, cuando sustituyó a Pablo Iglesias en la vicepresidencia) que la ministra de Trabajo logra ser la líder nacional mejor evaluada por los españoles. En todos los tramos de edad, menos en el de mayores de 64 años donde Pedro Sánchez todavía se sitúa por delante. La buena imagen de Díaz tira de la marca Unidas Podemos: en solo un mes mejora en 9 puntos el porcentaje de fidelidad de voto del partido (hasta el 68% el mejor registro de este 2021). Y no solo eso, por primera vez en todo el año el saldo de transferencias con los socialistas es positivo para la formación morada. Díaz retiene y atrae. Dos condiciones básicas para crecer electoralmente. Y al 16% de los españoles le gustaría que Díaz fuera presidenta del Gobierno en estos momentos, otro dato importante porque para serlo, también hay, antes, que parecerlo. Solo Sánchez se sitúa por delante de ella con el 21% de menciones. Es decir, que entre el conjunto de los españoles Díaz recibe más menciones que Pablo Casado (11%). Ojo, eso sí: hay un 20% de españoles que no quiere a ninguno de los que ahora tiene aspiraciones.

Consolidación del débil liderazgo de Casado. Un mes más, solo Santiago Abascal obtiene peor puntuación media entre el conjunto de los españoles que el candidato popular. Y sigue sin generar confianza a la mayoría de sus propios votantes. No es una situación nueva. Casado la viene arrastrando prácticamente desde que llegó a la presidencia del partido y, desde luego, no parece ayudar el proceso de “izquierdización” en el que parece estar metido el PP en los últimos meses: la tendencia persistente a tener y exhibir enfrentamientos políticos internos. Una división a la que nos tienen más acostumbrados los partidos de izquierda que los de derecha.

Otras tendencias. Sigue siendo mayoritario el porcentaje de españoles que califica negativamente la situación política, pero es el dato más bajo de todo el 2021 (67%). Al mismo tiempo, se mantiene estable el nivel de satisfacción con la situación económica en el ámbito personal (62%). Una situación que, sin duda, no es idónea, pero que podría ser peor si los datos estuvieran intercambiados: si la situación económica nacional se percibiera claramente mejor que la personal , los ciudadanos podrían llegar a interpretar que la recuperación económica los estaría volviendo a dejar a tras. Como sucedió tras la Gran Recesión.

Con todo, los de índole económica (34%) y el paro (24%) se mantienen un mes más como los dos principales problemas que en mayor medida afectan personalmente a los españoles. Unos problemas que han ido extendiéndose entre la ciudadanía desde comienzos de 2021. Es decir, que económicamente no estamos mal..., de momento.

Y la sanidad, que vuelve a situarse, otro mes más, como tercer problema emparejado con el paro (24%). Pero la sanidad, no el covid-19. Esta última, que en enero de este año era señalado como el principal problema, va quedando atrás entre las preocupaciones de los españoles. No obstante, en función del alcance del repunte de contagios que se viene observando en los últimos días, estas tendencias pueden detenerse o incluso invertirse.

Para finalizar, es importante tener en cuenta dos cuestiones fundamentales antes de hacer cualquier análisis e interpretación de los datos de este Barómetro.

Siempre es importante conocer qué acontecimientos sociales, políticos y económicos han tenido lugar o han marcado la agenda política y mediática del país durante el desarrollo del trabajo de campo de una encuesta. La razón es que esos temas pueden haber influido, en algún sentido, en los resultados del sondeo: por ejemplo, en las respuestas a algunas preguntas y en los alineamientos políticos manifestados. Unos efectos que, de producirse, pueden ser coyunturales y desvanecerse o pueden confirmarse y reafirmarse con el paso del tiempo. De ahí, la importancia de hacer estudios continuos que permitan medir esos cambios. En el caso de la oleada de noviembre del Barómetro del CIS, llevada a cabo entre el 2 y el 11 de noviembre, los acontecimientos más reseñables han sido, la celebración de la Cumbre del Cambio Climático en Glasgow; el acuerdo entre el Gobierno y la oposición para renovar el tribunal Constitucional (con la polémica del juez Arnaldo de fondo); el acuerdo para la derogación de la reforma laboral del anterior Gobierno del PP; la bajada del paro en el mes de octubre; o la disputa entre la presidenta de la Comunidad de Madrid y el alcalde de la capital por la presidencia del partido en la región o el rechazo mayoritario en el Congreso de los Diputados a las enmiendas de totalidad presentadas a los Presupuestos Generales del Estado.

Pero no ha recogido, por ejemplo, los posibles efectos del encuentro “Otras Políticas” que tuvo lugar el pasado sábado en Valencia. Lo segundo, también muy importante: que se nos olvide que no estamos en periodo electoral. No hay elecciones convocadas, por lo que los datos de intención de voto no hay que interpretarlos como comportamientos consolidados, rígidos e inmutables en el tiempo. Sobre todo, porque para hacer una buena estimación de resultado electoral hay, primero, que hacer una buena estimación de participación electoral (un dato fundamental que lamentablemente el CIS no proporciona) y sabemos que la desmovilización demoscópica (que no necesariamente electoral) tiende a ser superior en períodos no estrictamente electorales.

José Pablo Ferrándiz es Doctor en Sociología y Profesor asociado en la UC3M


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