Mundial 2022

La afición argentina enloquece en Lusail

Los seguidores de la albiceleste ganan el duelo en el estadio, con más de 88.000 espectadores en las gradas, y celebran la victoria ante México como un título

Lusail (Qatar), 26/11/2022.- Soccer fans before the FIFA World Cup 2022 group C soccer match between Argentina and Mexico at Lusail Stadium in Lusail, Qatar, 26 November 2022. (Mundial de Fútbol, Estados Unidos, Catar) EFE/EPA/Friedemann Vogel

Lusail (Qatar), 26/11/2022.- Soccer fans before the FIFA World Cup 2022 group C soccer match between Argentina and Mexico at Lusail Stadium in Lusail, Qatar, 26 November 2022. (Mundial de Fútbol, Estados Unidos, Catar) EFE/EPA/Friedemann Vogel

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Junten a las dos aficiones más numerosas del Mundial en el estadio más grande del torneo, un sábado a las diez de la noche.

No habrá alcohol (y si lo hay, en dosis reducidas y a precio de oro), pero no importará demasiado porque si hay dos aficiones que han aterrizado en Qatar dispuestas a hacerse notar y a vivir el Mundial como si fuera el último, son los argentinos y los mexicanos.

El resultado será fantástico: un gran ambiente de fútbol, unas gradas llenas y rebosantes de pasión, 88.966 espectadores conscientes de que un Mundial se juega solo cada cuatro años, aunque sea en un país sin tradición futbolística como Qatar.

A Argentina y México les tocó enfrentarse en un partido agónico. Especialmente para Argentina, derrotada ante Arabia en la primera jornada. También México jugaba con presión, tras su triste empate sin goles ante Polonia de la primera jornada.

Había cierto temor a que se repitiesen los incidentes del pasado jueves, una pelea aislada entre aficionados argentinos y mexicanos en el centro de Doha: nada sucedió en los prolegómenos, simplemente una marea verde y otra albiceleste inundaron los alrededores del futurista estadio de Lusail, el estadio más grande del torneo, que acogerá la final.

Lusail es un barrio situado al norte de Doha que parece rivalizar con West Bay en espectacularidad: edificios que no escatiman en iluminación, un centro comercial llamado Place Vendôme, emulando París, y el majestuoso estadio de Lusail, que se erige en medio de una explanada inmensa, poblada de tiendas y restaurantes.

Pitos para el Tata

En ese escenario se movieron los más de 80.000 aficionados que llenaron el estadio para ver el partido entre Argentina y México: ya en el estadio, hubo pitos para el argentino Tata Martino (seleccionador mexicano, ex entrenador del Barça), pitos procedentes de la grada mexicana. Ya había advertido el Tata en la previa que en México le critican más incluso que en el Barça, que ya es decir.

Mientras el responsable de megafonía pinchaba el 'Life is live', quizá en recuerdo del mítico calentamiento de Maradona con el Nápoles, argentinos y mexicanos rivalizaban con los cánticos en la grada.

Y salpicados por todo el estadio, espectadores qataríes, ataviados con sus túnicas blancas, teóricamente neutrales y atónitos ante tanta pasión: así se vive un Mundial, parecieron decirles los aztecas y los albicelestes, en el duelo más pasional hasta la fecha del extraño Mundial de Qatar.

Un estallido de júbilo

No acompañaba el juego, y la tensión era cada vez mayor. Hasta que en el ecuador de la segunda parte, Messi controló un balón en la frontal y tuvo el acierto de conectar un disparo duro y seco al palo izquierdo de Ochoa: cantó el gol como pocos en su carrera, enfebrecido junto a una afición que liberó todos los nervios acumulados.

Cuando México aún no había sacado de centro, Messi siguió jaleando a la grada, reclamando apoyo, gritando que Argentina sigue viva. Fue la vitamina que necesitaba la afición albiceleste, siempre entusiasta pero temerosa de verse fuera del torneo en el segundo partido.

Contrarrestaban los mexicanos con el '¡sí, se puede!', pero su selección no da para más. Al final, el partido de la grada también lo ganó Argentina.

Las lágrimas de Pablo Aimar

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El segundo y definitivo gol, obra de Enzo Fernández en el 87', disparó a todo el banquillo argentino. Conmovió ver a Pablo Aimar (uno de los ídolos de Messi, ahora asistente de Scaloni) llorar a lágrima viva en el banquillo.

Siguen vivos los argentinos, más que nunca. Respiraron aliviados, a la espera de poder pasar a octavos incluso como primeros de grupo. Se resignaron los mexicanos, faltos de gol en el campo pero no de aliento en la grada, obligados a ganar a Arabia en la última jornada y esperar que Argentina gane a Polonia para pasar a octavos.