LOS OTROS MUNDIALISTAS (IV). BRASIL 1950

José Parra, el primer 'MVP' del fútbol español que podría jugar con Luis Enrique

José Parra, con un retrato conmemorativo que le entregó el Espanyol.

José Parra, con un retrato conmemorativo que le entregó el Espanyol. / EPE

  • Fue internacional con la selección apenas en siete ocasiones, pero su desempeño en Brasil 1950 le permitió entrar en el once ideal de un Mundial donde España acabó cuarta

  • "Era un adelantado para su época. Un mediocentro reconvertido a central que se caracterizaba por su elegancia. Nunca daba pelotazos", cuenta el historiador Ángel Iturriaga

5
Se lee en minutos

En el fútbol está todo inventado. O casi todo. La historia de José Parra (Blanes, 1925 - Terrassa, 2016), internacional español a mediados de siglo, así lo ejemplifica. Él fue el primer 'MVP' o ‘Man of the Match’ nacional -nombre rimbombante para el destacado de un partido-, al ser incluido en el once ideal del Mundial de Brasil, donde España logró un cuarto puesto. Ésta sería, hasta Sudáfrica 2010, la mejor posición de la selección en el torneo internacional. 

Parra fue clave en el desempeño del equipo dirigido por Guillermo Eizaguirre. “Él era un adelantado a su época. Se formó como mediocentro. Ya de central, se caracterizaba por ser un futbolista elegante, que nunca daba pelotazos. Era preciso tanto en la conducción del balón como en el desplazamiento del mismo, mientras sus coetáneos en la zaga solían ser futbolistas bastante más rudos”, recuerda Ángel Iturriaga, doctor en Historia, sobre un jugador que, por su perfil, bien podría jugar en la actual selección de Luis Enrique

MITO DEL ESPANYOL

Iturriaga pudo hablar con Parra como antes de su fallecimiento. Lo define como “un grande”, una concepción que comparte con la afición del Espanyol, donde militó gran parte de su carrera. Precisamente, en el conjunto blanquiazul fue donde se produjo su conversión desde la medular al eje de la zaga. "El entrenador Pepe Espada provocó este cambio cuando el jugador tenía 22 años. Lo hizo para aprovechar su altura. Fue todo un acierto, porque Parra era un defensa extraordinario y avanzado a su tiempo", apunta José Alberto Salas, de Periquito.cat

"Parra encarna la figura admirada por la gran afición periquita de los 40 y 50 por ser un jugador diferente, como lo sería en los 79 José Cano 'Canito'. Jugadores que, aparte de su innegable calidad técnica, demostraron siempre amar la camiseta del equipo del Espanyol", añade Salas. Debido a estas particularidades, el internacional fue, "con Ricardo Zamora en los años 20, la figura más relevante a nivel internacional de la historia del club".

Este hijo de emigrantes murcianos, se forjó en las calles de Barcelona. Nacido en Blanes, se trasladó pronto a la Ciudad Condal. Destacó desde sus primeros pases e intercepciones. Su primer gran paso adelante lo dio en el Club Esportiu Júpiter, equipo mítico del fútbol catalán que llegó a jugar dos temporadas en Segunda (de 1934 a 1936), durante la II República. Su desempeño en el campo lo compatibilizó con un trabajo en el sector textil de Terrassa. Acabaría fichando por el equipo de esa localidad, en la que falleció en 2016. Fue el último superviviente de aquella selección que brilló en el Mundial de Brasil 1950.

“Debutó en el partido de clasificación para el Mundial ante Portugal. Su gran encuentro convenció a los técnicos para que lo seleccionaran”, cuenta Iturriaga sobre la llamada de Parra para una edición que quedó grabada por el maracanazo. El asalto en la final de Uruguay contra Brasil (2-1) es todavía uno de los grandes hitos del fútbol. La única selección frente a la que los charrúas cedieron algún punto fue España, que, además del cuarto puesto, obtuvo un triunfo de prestigio frente a Inglaterra.

'LA PÉRFIDA ALBIÓN'

En un encuentro de leyenda, los de Guillermo Eizaguirre se clasificaron para la fase final gracias a un gol de Zarra. Al triunfo también contribuyeron las paradas de Ramallets, las incursiones de Basora y el desempeño en la zaga de Parra contra delanteros poderosos como Jackie Milburn o Stan Mortensen. El duelo de la ‘furia española’, como se le apodaba por aquel entonces, fue narrado a todo el país por Matías Prats en RNE. La dictadura vendió el partido como un triunfo patriótico. “Excelencia, hemos vendido a la 'pérfida Albión”, rezaba un telegrama dirigido a Franco por Armando Muñoz Calero, presidente de la Federación española.

La etapa como internacional de Parra fue corta, pero fructífera. Siete partidos que le valieron el reconocimiento del fútbol mundial. “A pesar del gran impacto, la aparición de jugadores como Biosca o Garay en su posición le cerró las puertas de la selección durante los 50, hasta el punto de que solo jugó un amistoso después del torneo brasileño”, explica el historiador sobre un futbolista que fue capaz de dejar marca con su estilo personal. 

CLASE EN TERCERA

Poco tiempo después del Mundial, se convirtió en uno de los héroes del Espanyol al formar parte del once que asestó un contundente 6-0 al Barça en Sarrià. "En el RCD Espanyol fue pieza fundamental en el gran 'equipo del oxígeno' de Alejandro Scopelli, que fue el menos goleado en liga en dos ocasiones", rememora José Alberto Salas.

Noticias relacionadas

El miembro de Periquito.cat asegura que, "aunque hubo grandes equipos, como el Atlético de Madrid o el FC Barcelona dispuestos a acometer su fichaje, Parra prefirió seguir en Sarriá, porque, como él decía: 'El Espanyol es mi vida". Sin embargo, con Zamora en el banquillo, terminó cayendo en el olvido, "algo que la grada jamás entendió, por lo que su final en el equipo no estuvo ni mucho menos a la altura del enorme jugador que demostró ser".

La hinchada 'perica', que le apodó el ‘káiser’, perdió a uno de sus referentes, un jugador que les hizo mirar el fútbol de un modo diferente. Parra se sintió desplazado y terminó saliendo del Espanyol en 1959 después de dos temporadas en blanco. Volvió a la tierra de sus padres y fichó por la UD Cartagena, que estaba en Tercera. No le importó. Siguió allí hasta colgar sus botas, sin renunciar a la elegancia, a pesar de la categoría, algo que él siempre tuvo.