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Especies invasoras

Campaña para atajar la expansión del siluro invasor antes de que llegue a Doñana

Científicos andaluces y el Ministerio ponen en marcha un estudio para saber dónde están y cómo controlarlos

Campaña para atajar la expansión del siluro invasor antes de que llegue a Doñana
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Redacción

La localización de siluros en el Bajo Guadalquivir, y la forma de controlar su expansión, es el objetivo de un estudio que impulsa el Ministerio para la Transición Ecológica (MITECO), y coordina la Universidad de Córdoba. Este gigante de las aguas dulces, de hasta dos metros y de 100 a 200 kilos de peso, se detectó el año pasado en Alcalá del Río, a unos 80 kilómetros de la desembocadura, haciendo saltar las alarmas.

El siluro es un pez exótico e invasor, cuya capacidad predadora y lo indiscriminado de sus presas –desde cangrejos a patos- lo convierten en una fortísima amenaza para los ecosistemas donde aparece. Está en expansión en los ríos españoles y es una gran preocupación para los expertos, que se encuentran con grandes dificultades para su erradicación.

Científicos localizarán siluros en el bajo Guadalquivir / De Grez

Su presencia deriva de introducciones premeditadas “con el egoísmo de poder pescarlos en el embalse cerca de su ciudad, una mentalidad miope que provoca auténticas barbaridades”, afirma Carlos Fernández Delgado, catedrático de Zoología de la Universidad de Córdoba (UCO) en declaraciones recogidas por Efe.

Esta institución, junto a la Universidad de Sevilla y el Instituto de Formación e Investigación Agraria y Pesquera de Andalucía (IFAPA), participan en el proyecto. Su fin es conocer dónde hay siluros, y crear un protocolo de actuación y control, pues “cuando una población está en una primera fase de colonización es el único momento para atacarla y una vez asentada es casi imposible erradicarla”, indica Fernández Delgado.

El pantano de Iznájar, el más grande de Andalucía, contiene una población de siluros confinada en su vaso al menos desde 2011. En este caso se da por hecho que se introdujo para ofrecer la pesca de este gigante, muy atractiva justamente por su tamaño, a aficionados de toda la región.

Una zona sensible

El trabajo científico se centra en el Bajo Guadalquivir, un área ecológicamente muy sensible. Fernández Delgado explica que el siluro come a diario el 2% de su peso, casi sin discriminar, por lo que podría afectar tanto a las poblaciones de cangrejo rojo de la marisma como a las de aves de Doñana si entra en el espacio protegido. En el estuario, por su salinidad, es menos probable que se asiente.

La Junta prohibió la captura de los siluros de Iznájar, pero no ha puesto en marcha un plan de erradicación y según Ecologistas en Acción se han capturado ejemplares en el pantano del Gergal (Sevilla), al que nutre el río Rivera de Huelva. El siluro puede hacerse con presas incluso con la técnica del ‘beaching’, el salto a tierra para la captura, al estilo de las orcas con las focas. No es peligroso para las personas, y su ingesta está prohibida por la gran cantidad de metales pesados que puede asimilar.

Científicos localizarán siluros en el bajo Guadalquivir / wikimedia commons

Fernández Delgado solicita a la Junta que aplique un plan de erradicación, antes de que el problema crezca. Coincide Ecologistas en Acción, quien informa de que un grupo de trabajo de Doñana aprobó, con el apoyo científico de la Estación Biológica, solicitar a la Consejería de Sostenibilidad y Medio Ambiente andaluza su erradicación, al tratarse además de una especie exótica e invasora. Esto convierte en delito su introducción en el medio natural, posesión, transporte, tráfico y comercio.

Los ecologistas creen que su presencia resulta “especialmente preocupante en el entorno de las Marismas del Guadalquivir, donde se encuentran las muy escasas poblaciones de cercetas pardillas, malvasías, porrones pardos o fochas cornudas, todas ellas aves en peligro de extinción”.

Numerosas especies exóticas

El siluro se une a los peces exóticos introducidos en el río andaluz, como alburnos, gambusias, percasoles, peces gato, lucios, black bass y otros, que han llevado al borde de la extinción a nuestros peces autóctonos como colmilleja, boga, barbo gitano y salinete.

Científicos localizarán siluros en el bajo Guadalquivir / wikimedia commons

El tramo bajo del Guadalquivir constituye un área única no sólo desde el punto de vista biológico y ecológico, sino también y de forma importante, económico. Se trata de uno de los puntos calientes de biodiversidad de Andalucía con un elevado valor ecológico que permite la explotación comercial pesquera en la zona. “La biodiversidad es fuente de riqueza y reconocimiento para las pesquerías del Golfo de Cádiz”, destaca Ecologistas en Acción.

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Contacto de la sección de Medio Ambiente: crisisclimatica@prensaiberica.es

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