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Una enorme masa de agua duerme bajo la Antártida

Podría guardar el secreto sobre el futuro del continente helado

Una enorme masa de agua duerme bajo la Antártida
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Verónica Pavés

Debajo de la gruesa capa de hielo que forma la Antártida occidental yace una colosal masa de agua, conectada con una multitud de ríos y lagos submarinos. Los científicos han estudiado con pruebas empíricas, por primera vez, este tipo de sistemas que existen en lo más profundo del continente helado. Conocerlos es clave para arrojar luz sobre el comportamiento de los glaciares antárticos y su derretimiento.

Un equipo de investigadores del Instituto de Oceanografía Scripps ha sido el primero en cartografiar el secreto que yace bajo las placas de hielo de la Antártida, y ha publicado sus resultados en la revista ‘Science’.

Los científicos llevan décadas sobrevolando la capa de hielo de la Antártida con radares y otros instrumentos para obtener imágenes de las características del subsuelo; pero siempre con resultados pobres. Estas misiones demostraron que había cuencas sedimentarias intercaladas entre hielo y roca madre, pero no fueron capaces de estimar el contenido de agua u otras características. Las evidencias estaban ahí, pero fuera del alcance de la mano humana.

Sin embargo, este grupo de científicos ha desvelado ahora este misterio. Los investigadores acudieron a la parte occidental de la Antártida, concretamente a la zona cercana a la corriente de Whillans, que tiene unos 800 metros de espesor y cien kilómetros de ancho y alimenta la plataforma de hielo de Ross, considerada la mayor del mundo. Sabían que, estudiando aquel lugar con las herramientas adecuadas, tendrían éxito. Y es que los estudios previos en el lugar habían revelado que existe un lago subglacial bajo el hielo y una cuenca sedimentaria que se extiende debajo de él. Hace unos años, se perforó la capa más externa del hielo y se encontró agua líquida y una próspera comunidad de microbios. Pero lo que había más abajo seguía siendo un misterio.

El equipo utilizó el método magnetotelúrico, que mide la penetración en la tierra de la energía electromagnética natural generada en la atmósfera del planeta, para obtener imágenes de lo que había en las profundidades de la Antártida. Y es que el hielo, los sedimentos del suelo marino, el agua dulce, el agua salada y la roca madre emiten diferentes grados de energía electromagnética, de modo que se pueden medir las diferencias de estas frecuencias para crear mapas del mismo modo que lo haría una resonancia magnética.

Clave en el comportamiento de los glaciares

"La cantidad de agua subterránea que encontramos fue tan significativa que probablemente influya en los procesos de las corrientes de hielo. Ahora tenemos que averiguar más y descubrir cómo incorporar eso a los modelos", asevera la autora principal del estudio, Chloe Gustafson. Y es que muchos científicos aseguran que el agua líquida es clave para comprender el comportamiento de la forma congelada que se encuentra en los glaciares, teniendo en cuenta que el agua derretida lubrica la grava y acelera su desplazamiento hacia el mar.

Además, estas señales magnetotelúricas dieron a los investigadores información sobre las características de las aguas subterráneas, "dado que el agua dulce se muestra de forma muy diferente en nuestras imágenes que el agua salada", resaltó Gustafson.

En una segunda parte de la investigación, las mediciones se complementaron con los datos de las imágenes sísmicas recogidas por Paul Winberry, de la Universidad Central de Washington, coautor del estudio. El análisis demostró que, según la ubicación, la capa de sedimentos que se encuentra bajo el hielo es más o menos gruesa, desde medio kilómetro hasta casi dos kilómetros antes de llegar al lecho rocoso. Con todo el agua que alberga se podría formar un lago de 220 a 820 metros de profundidad.

Se desconoce qué efectos pueden tener estos lagos submarinos en la dinámica marina del continente helado, pero los investigadores han empezado a considerar algunas de ellas. Se cree que si las plataformas de hielo se derritieran debido al aumento de la temperatura del planeta, las aguas del océano podrían volver a invadir los sedimentos y se correría el riesgo de que los glaciares elevaran el nivel del mar en todo el mundo muy por encima de lo estimado.

La existencia de aguas subterráneas subglaciales también tiene implicaciones sobre el carbono almacenado por las comunidades de microbios adaptados al agua marina y que podrían liberar unas "cantidades significativas" de este gas que hasta ahora no se habían considerado.

Y también un lago tan grande como la isla de La Gomera

Otro estudio diferente, publicado en la revista Geology, ha permitido descubrir bajo tres kilómetros de hielo en la Antártida oriental, concretamente en la Tierra de la Princesa Isabel, un lago de 370 kilómetros cuadrados (lo mismo que la isla de La Gomera) y que contiene un volumen de agua líquida de 21 kilómetros cúbicos.

Analizando este y otros lagos subglaciales descubiertos recientemente, así como los sedimentos que tienen en el fondo, se puede conocer la historia de la capa de hielo desde sus inicios más remotos, señalan los científicos de la Universidad de Texas autores de la investigación.

En concreto, se trata de resolver cómo era la Antártida antes de congelarse, como le ha afectado el cambio climático desde el inicio de su historia y cómo el actual calentamiento global le está afectando. El lago podría guardar un registro de la capa de hielo de los últimos 34 millones de años.

Estudio de referencia: https://www.science.org/doi/10.1126/science.abm3301

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Contacto de la sección de Medio Ambiente: crisisclimatica@prensaiberica.es

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