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Presión académica, redes sociales y soledad: la realidad de la salud mental en los universitarios
A día de hoy, más del 50% de los jóvenes entre 19 y 24 años afirman sufrir ansiedad u otros problemas psicológicos derivados de múltiples factores que viven en su día a día

La ansiedad es el problema de salud mental más frecuente en España. / David Castro
La salud mental ha sido siempre un tema tabú del que no se solía hablar abiertamente por vergüenza, rechazo a enfrentarse con aquello que sucede en tu cabeza o incluso miedo al juicio ajeno. Sin embargo, en los últimos años parece que esta tendencia al silencio está cambiando. Cada vez es más habitual pedir ayuda o hablar de temas como la ansiedad, la depresión o el estrés de manera natural, afrontando la realidad.
De hecho, uno de estos problemas, la ansiedad, está cada vez más presente en la vida de la gente joven, quienes son capaces de identificarlo, asumirlo y hablar de ello. La ansiedad entre los adolescentes y universitarios se ha disparado en los últimos años, según los últimos estudios nacionales. La presión académica, la sobreexposición a redes sociales y la falta de descanso digital están entre los principales factores.

Archivo - Ansiedad, depresión, tristeza, salud mental. / INTERNATIONAL SOS - Archivo
El Barómetro de Juventud, Salud y Bienestar, estudio que realizan Mutua Madrileña y FAD Juventud, estableció que en el año 2025 el rango de edad en el que fue más habitual sufrir este trastorno se encontró entre los 19 y los 24 años. Más de la mitad de los jóvenes comprendidos entre esas edades (54,7%) han afirmado sufrir ansiedad y han buscado ayuda de algún tipo.
Una realidad que afecta cada vez a más estudiantes y que responde a muchos factores
Estas situaciones, graves al entendimiento de todos, están puestas encima de la mesa y no se debe mirar hacia otro lado. Según la Organización Mundial de la Salud, la ansiedad es uno de los trastornos mentales más habituales, más prevalentes. “Además, la edad de comienzo se está anticipando cada vez más”, afirma Elena Arderius, directora de la consulta de Psicología de la Universidad Francisco de Vitoria a EL PERIÓDICO DE ESPAÑA.
Cierto es que la divulgación de la salud mental en diversos medios de comunicación, o por parte de personajes famosos o reconocidos que muestran abiertamente que padecen o han padecido un problema de esta índole, está permitiendo que crezca mucho la petición de ayuda. Sin embargo, todavía se debe pelear para conseguir una mayor concienciación sobre estos trastornos.
¿Las causas? Muchas. “Nosotros lo que vemos en la consulta es que hay una crisis, una crisis de sentido. Muchas veces los jóvenes no saben para qué se levantan cada mañana. Es decir, no tienen un impulso, una motivación, una misión de vida, lo que genera frustración y mucho vacío”, explica Elena. Además, vivimos en una sociedad donde la competencia, como es el caso de la competencia académica, está a la orden del día, lo que genera expectativas y frustración de manera constante.

Estudiantes universitarios de Madrid repasan apuntes antes de comenzar una clase. / Ballesteros / Efe
Otros factores como la presión social por parte de los iguales, la presión en el seno de la familia o las redes sociales también pueden jugar un papel en este tema. Elena añade además otra variable de la que no se suele hablar mucho, la soledad. “Algo que comentan mucho los jóvenes es que se sienten solos. Paradójicamente, aunque están hiperconectados a través de las redes sociales, el contacto físico o el contacto afectivo, en su familia o con sus amigos, no es real, es ficticio”.
Esa sensación de soledad es lo que también marca a la hora de sentirse triste o tener otros problemas, como, por ejemplo, la depresión. Por último, otro de los factores a tener en cuenta puede ser la frustración que tienen dentro estas nuevas generaciones. “Los jóvenes no tienen mucha tolerancia a la frustración. Es decir, quieren respuestas inmediatas y satisfactorias. Y claro, tolerar el que las cosas no salen siempre cuando uno quiere, como uno quiere, puede generar situaciones donde los niveles de ansiedad suban”, explica Elena.
Un problema que afecta tanto a nivel psicológico como a nivel físico
Cuando una persona sufre ansiedad, su mecanismo de defensa está en un estado de alerta generalizado. Se preocupan más de la cuenta, rumian constantemente sus pensamientos en su angustia, en su bajo estado de ánimo, lo que provoca que en muchas ocasiones no se puedan siquiera concentrar.
“Uno tiende a bloquearse, a no saber por dónde seguir y eso genera una apatía, una desgana, un cansancio, como parte de la sintomatología más evidente”, afirma Elena. El mayor de los problemas de la ansiedad está en la cabeza, en aquello que se piensa. Sin embargo, si ese trastorno se mantiene en el tiempo, también puede tener sus efectos a nivel físico. Ahí es cuando los problemas alcanzan un nivel mayor, poniendo en riesgo tu salud física.
El colon irritable, problemas gastrointestinales, situaciones ya a nivel más somático, pasando por dolores de cabeza, hasta dermatitis generadas por el estrés son algunos de los síntomas que se pueden observar. La ansiedad afecta desde un espacio interno, con tus propios pensamientos, hasta el exterior, mostrando síntomas que pueden provocar aún más frustración y estrés.
Cada vez hay más herramientas en las que apoyarse
Esta realidad se debe afrontar desde diferentes puntos. Por un lado, está la persona, que está desarrollando una lucha interna contra sí mismo día y noche. Por otro, están los factores externos, que deben ayudar a ese joven a combatir con aquello que le sucede. Estos factores externos pueden ser tan cercanos como la familia, o las propias universidades.
“En nuestro campus tenemos la consulta de psicología muy a la mano, donde estamos afrontando situaciones no solamente cuando la persona es consciente, pide ayuda y va al psicólogo, sino también en momentos donde hay ataques de ansiedad en clase o cuando un mentor detecta un problema familiar o personal más grave” afirma Eva sobre el protocolo que existe en la Universidad Francisco de Vitoria.
En dicha universidad se apuesta por tener un servicio de atención psicológica para que los alumnos puedan pedir ayuda cuando lo necesiten y cuando sean conscientes de las dificultades que están atravesando. “Desde nuestra universidad hacemos este seguimiento, estas mentorías, este acompañamiento, para que ellos descubran lo que están llamados a ser como profesionales, pero sobre todo como personas”, reafirma Eva.
Por otro lado, la familia debe tener también un papel fundamental en el proceso que esa persona esté atravesando. Eso sí, debe ser desde una posición muy concreta. Para Eva “el papel de la familia no debe ser el de resolver el problema, pero sí debe ser un papel de acompañamiento, de escucha, de sostén, de amor incondicional. Debe ser un espacio seguro donde los jóvenes puedan expresarse sin sentirse juzgados”.
En muchas ocasiones dar ese paso de hablar con tus familiares, en especial con tus padres, cuesta mucho. Esos tabúes que todavía existen provocan que los jóvenes se sientan juzgados, desde mensajes erróneos como “tienes que solucionar tus problemas tú solo”, o “no vayas a contar tu vida a nadie”, lo que genera limitaciones.
La familia debe ser justo lo contrario, debe ser un pilar fundamental donde apoyarse desde pequeños, donde aprender y sentirse valorado por quién eres, sin vergüenza ni miedo.
Pedir ayuda es un signo de madurez emocional
Por último, el tabú de la aproximación a la salud mental es un fenómeno con el que se debe intentar seguir luchando para derribar prejuicios y miedo, por mucho que cueste. Se deben erradicar las creencias que existen de que pedir ayuda es de débiles, porque no hay nada más alejado de la realidad.
De hecho, para Eva, es todo lo contrario. “Pedir ayuda es signo de madurez emocional, es símbolo de, ‘oye, sé que tengo un problema y voy a hacer lo que pueda que hacer para resolverlo’".

Imagen Archivo - Joven pidiendo ayuda ante sus problemas / UGT
La vulnerabilidad, la vergüenza o el miedo a sentirse juzgado por los demás hace que, en muchas ocasiones, no te des el permiso de cuidarte, pero ese pensamiento debe cambiar. Para los problemas emocionales parece que uno tiene que tener siempre una respuesta y solución, pero no es así. A veces existen situaciones que nos desbordan y no tenemos por qué saber resolver todo. Es ahí cuando pedir ayuda refleja realmente la madurez de una persona.
En un contexto en el que la ansiedad y otros trastornos emocionales forman ya parte de la realidad cotidiana de muchos universitarios, hablar de salud mental deja de ser una opción para convertirse en una necesidad. Romper el silencio, pedir ayuda y sentirse acompañado no solo puede marcar la diferencia en el bienestar de los jóvenes, sino también en su desarrollo personal y académico.
Reconocer que no siempre se puede con todo y permitirse ser vulnerable es, hoy más que nunca, un acto de valentía y responsabilidad con uno mismo.
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