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Así mantienen sus tradiciones los casi 4.000 rumanos de Móstoles con la fiesta de Mărțișor

La comunidad rumana cierra el ciclo del Mărțișor el 31 de marzo, una tradición que simboliza la unión con la naturaleza y el deseo de prosperidad

Así mantienen sus tradiciones los casi 4.000 rumanos de Móstoles con la fiesta de Mărțișor

Así mantienen sus tradiciones los casi 4.000 rumanos de Móstoles con la fiesta de Mărțișor / Asociación Hispano-Rumana Salva

María Saiz

María Saiz

Marzo llega a su fin, y con él, una de las tradiciones más simbólicas de la cultura rumana. Este 31 de marzo, los cerca de 4.000 rumanos -en torno a 3.708- que residen en Móstoles cierran el ciclo del Mărțișor. Una celebración que comenzó el pasado 1 de marzo y que durante todo el mes ha estado presente en forma de un pequeño cordón rojo y blanco que muchos han llevado consigo.

"Se pone todo marzo y el último día del mes lo atas en un árbol", explica a este periódico Ica Tomi, presidenta de la Asociación Hispano-Rumana Salva. Un gesto sencillo pero cargado de significado que simboliza la unión con la naturaleza y el deseo de prosperidad para el año que comienza.

El Mărțișor, tradición compartida en otros países del sureste de Europa como Moldavia o Bulgaria, marca "el renacimiento de la naturaleza y el inicio de un nuevo ciclo", señala Tomi. El característico cordón, trenzado en rojo y blanco, representa la dualidad entre la pureza y la vitalidad, y se regala como símbolo de buena suerte: "Es para desearle a la persona que tenga suerte y que le vaya bien todo el año, normalmente se da de hombres a mujeres", añade.

Con la mirada puesta en el Lunes de Pascua

Mientras hoy muchos colgarán su Mărțișor en un árbol, la mirada de la comunidad ya está puesta -desde hace varias semanas- en la próxima gran celebración: la Pascua ortodoxa. Y es que desde mediados de marzo "ya estamos pensando en la Pascua", adelanta Tomi.

Estos preparativos se han hecho especialmente en una de las tradiciones más esperadas por los más pequeños: la decoración de los huevos de Pascua. "Antes de la Pascua hacemos talleres para pintar huevos, una costumbre muy bonita"; explica. Estos huevos, generalmente teñidos de rojo, tienen un profundo simbolismo religioso. Ica detalla que "se dice que la sangre de Jesucristo cayó sobre los huevos que portaba María Magdalena en el momento que fue crucificado y por eso los pintamos de rojo".

La Pascua ortodoxa, que se celebra durante tres días -domingo, lunes y martes-, es una de las festividades más importantes para la comunidad rumana. Durante estos días, las familias se reúnen en comidas y comparte platos tradicionales como el sarmale y el cordero.

Y, a la espera de celebrar la Pascua, el cierre del Mărțișor simboliza mucho más que el final de una tradición: es la continuidad de unas raíces que, lejos de su país de origen, siguen vivas en ciudades como Móstoles. "Lo atamos en un árbol y así lo ligamos a la vida", resume Tomi.