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TRADICIONES

Rosquillas de San Isidro: la historia del dulce más castizo y por qué las “listas” se han convertido en las reinas de la pradera

Los madrileños consumen hasta seis millones de rosquillas de San Isidro cada año, siendo las listas las más demandadas

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Con la llegada de San Isidro, son muchos los símbolos que se han convertido en representantes de esta fiesta. Posiblemente, los dos más reconocibles con la tradición castiza son las rosquillas y los claveles. Las primeras son el postre típico de estas fechas, con los madrileños llegando a consumir 6 millones de unidades en el último año.

Rosquillas de San Isidro: tradición, origen y el dulce más vendido de las fiestas madrileñas

Según cuenta la tradición, las rosquillas de San Isidro las comenzó a elaborar por el siglo XIX la tía Javiera. Era una conocida vendedora que montaba su negocio de forma ambulante en la pradera cada año.

Se dice que ella fue la responsable de comenzar a elaborar estos dulces en Fuenlabrada o Villarejo de Salvanés, de donde era originaria según la tradición, y de ir a venderlos a la pradera con motivo de la romería, poniéndolas de moda. Tanto éxito tuvo, que otros pasteleros comenzaron a vender este dulce alegando que eran sus familiares.

Rosquillas, el dulce más vendidos en las Fiestas de San Isidro de Madrid

Rosquillas, el dulce más vendidos en las Fiestas de San Isidro de Madrid / Alba Vigaray

En verdad no se sabe si la Tía Javiera existió, pero hay muchas leyendas de su personaje. En Carabanchel aseguran que había colas kilométricas por comprar sus rosquillas, haciendo inevitable que lso asistentes a la pradera no las relacionaran con esta fiesta. Se ha convertido en un personaje tan mítico de Madrid y de las Fiestas Patronales, hasta el punto de protagonizar su propio "cabezudo" en el pasacalles.

A pesar de ser un dulce madrileño con siglos de historia, es una receta que se ha ido reinventando y aceptando nuevas versiones. Los tipos de rosquillas de San Isidro que hay son:

Hasta 12 tipos diferentes de rosquillas de San Isidro

Gema es una de las vendedoras de rosquillas que se pueden encontrar en la pradera San Isidro. En su puesto ofrecen hasta 12 tipo de sabores:

  • Las tontas: son las más simples e insípidas, por eso reciben ese nombre, llevan una masa básica de harina, huevo, azúcar y anís, a lo que más saben, sin cobertura.

Las listas: la receta es similar a las rosquillas tontas, pero cubiertas con un glaseado de azúcar. Permiten más variaciones:

  • Limón
  • Chocolate
  • Fresa
  • Lotus
  • Santa Clara: cubiertas con un merengue blanco seco, inspirado en recetas conventuales de las monjas clarisas.

  • Francesas: tienen una cobertura de almendra picada y azúcar glas. Son más crujientes y algo más elaboradas.

Asegura que la gente se atreve a probar sabores diferentes y que les gustan mucho estas nuevas variaciones, ya que es la tradición de siempre, pero con nuevos sabores.

A pesar de lo que muchos pueden imaginar, Gema asegura que en su puesto se mantienen los precios del año pasado: "Cosa que a nosotros no nos lo han mantenido". "Entendemos que había que mantenerlos, porque es excesivo todo", explica en declaraciones a El Periódico de España desde el distrito madrileño de Carabanchel.

6 millones de rosquillas cada año

Este dulce madrileño es de los más consumidos en el año. Prueba de ello es que en las Fiestas Patronales por San Isidro de 2025 se consumieron más de seis millones. Las pastelerías de Carabanchel, distrito que se convierte en el centro de todas las celebraciones, confirman que son todo un éxito. Desde abril, los clientes ya comienzan a preguntar por la disponibilidad de este postre.

Además, tienen claro que la superventas sin contrincantes son las listas, que suponen en 50% de las ventas de este dulce cada año. Explican que es una opción que encaja en todos los gustos y que es más fácil que las disfruten los madrileños. Por ejemplo, las secas a muchos les resultan "difíciles de tragar" y un poco secas, por tanto, se decantan por las opciones que incluyen el glaseado.

Para los negocios de Carabanchel, la variación de las francesas es la menos popular. También es menos conocida que los sabores más tradicionales, así que todavía se están ganando su público. Eso sí, aseguran que el sabor de los cuatro tipos es excepcional.