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Negocio familiar

Antoñita Jiménez, 82 años después, sigue teniendo mucha tela que cortar en Carabanchel

Con telas que pueden tener hasta 30 años, Antoñita Jiménez ha visto cambiar a sus clientes y adaptarse a los nuevos tiempos, manteniendo su arraigo familiar y tradición en el barrio de Comillas de Carabanchel

Emilia y Daniel, madre e hijo, regentan la empresa familiar Antoñita Jiménez dedicada al sector textil y telas

Emilia y Daniel, madre e hijo, regentan la empresa familiar Antoñita Jiménez dedicada al sector textil y telas / María Saiz

María Saiz

María Saiz

Desde hace 82 años, el número 11 de Antoñita Jiménez no se entiende sin sus telas. Y es que, lo que empezó siendo "una posible visión de negocio" se ha convertido en uno más que consolidado en Carabanchel y en la capital: "no solo tenemos clientes del barrio, vienen de todas las partes de Madrid", aseguran a este periódico Emilia y Daniel, tercera y cuarta generación del negocio que fundó Víctor García en 1944.

Su fundador vio en los trapos un posible negocio, "empezó comprando ropa de segunda mano para reconvertirla en trapos", explica Emilia. Un comercio que ya se abrió desde sus inicios es la misma calle donde sigue a día de hoy. De víctor pasó a tres de sus hijos, dos de ellas mujeres, quienes cedieron el poder a sus maridos. Esta segunda generación ya cambió la idea del negocio, convirtiéndose en un taller de telas. Emilia, tercera generación, llegó a regentarlo hasta con seis de sus primos. Con el paso del tiempo y jubilaciones, se han ido reduciendo hasta quedar Emilia y Daniel.

Emilia y Daniel posan para El Periódico de España

Emilia y Daniel posan para El Periódico de España / M.S.

Más que una tienda, es un negocio familiar que llegó a ser su casa. "La finca la compró mi abuelo y aquí hemos llegado a vivir cuatro familias. Incluso nací aquí, antiguamente no siempre se daba a luz en los hospitales y yo nací en casa".

Con infinidad de telas, no saben cuántas tienen

"Es imposible saber todo lo que tenemos, cada mes recibimos nuevas telas y las más antiguas pueden ser de hace 30 años", confiesa Emilia. Igual que las telas, el perfil de sus clientes ha ido variando conforme el paso de las décadas. Antaño, "casi siempre venían mujeres para cambiar la decoración de la casa, ahora vienen la pareja y se pueden pasar un buen rato hasta ponerse de acuerdo", explica Emilia. Además, han notado un cambio en el perfil del cliente: "cada vez son más jóvenes, de unos 30-40 años que se han aficionado a la costura por todos los cursos que hay de ello y también de tapicería", confiesa Daniel. Además de familias, también han venido productoras para series de época como La Promesa o en su momento El secreto de Puenteviejo.

Y al igual que muchos comercios de barrio, han pasado por sus más y por sus menos. Como casi todos, se vio obligado a cerrar durante unos meses por la Covid-19. A su vuelta en junio, "durante semanas e incluso meses se montaban colas que salían de la tienda. Todo el mundo quería cambiar la decoración de su casa después de estar tantos meses encerrados", relatan madre e hijo. Gracias a ello, "pudimos compensar los meses que estuvimos cerrados".

Patio interior de Antoñita Jiménez, 11

Patio interior de Antoñita Jiménez, 11 / M.S.

En resumen, una evolución que también se percibe en la identidad del negocio y que ha sabido adaptarse a los cambios sin perder su esencia. Así, Antoñita Jiménez representa hoy un equilibrio entre tradición y adaptación. Un comercio que ha sobrevivido al paso del tiempo gracias a su arraigo familiar y donde aún, queda mucha tela que cortar.