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EN CARABANCHEL

Entramos en el Centro Militar Canino de la Defensa: así entrenan a los perros para localizar desaparecidos y detectar drogas

Alrededor de 50 equipos (guía y perro) salen de este centro ubicado en Carabanchel, y que después salvan vidas y pillan a los 'malos'

Así son los exigentes entrenamientos que tienen los perros del Ejército para convertirse en superhéroes

Juan Luis Martín / Raquel Serrano

Juan Luis Martín

Juan Luis Martín

Se suele decir que el perro es el mejor amigo del hombre, y en el distrito madrileño de Carabanchel eso lo llevan por bandera. Aquí está el Acuartelamiento General de Arteaga (Avenida de Carabanchel Alto, 17), donde se encuentra el Centro Militar Canino del Ministerio de Defensa, es decir, los perros que usa el Ejército español para salvar vidas y pillar a los 'malos'. Y EL PERIÓDICO DE ESPAÑA se ha adentrado en él para conocer de primera mano qué perros y razas seleccionan, cómo les enseñan, el proceso de aprendizaje...

Todos -o al menos la gran parte- de los perros nacen en el Centro Militar de Cría Caballar de Ávila, y tienen que tener mínimo 12 meses para entrar en el centro por "patologías clínicas que les hacen no estar capacitados para trabajar todavía. Pueden venir de cachorros y se les van enseñando otras tareas, pero el alta no se lo podemos dar hasta que cumplen el año", explican a este diario José Antonio Ortiz Moreno, subteniente, y Manuel Chamorro, coronel jefe del centro.

Todo sobre los cursos: las especialidades, razas, tiempos, el vínculo entre guía y perro...

El curso no solo lo hace el perro, también un militar que se convertirá un guía, una vez superado. Es decir, hacen el curso juntos perro y guía, y siempre con el mismo, forman un equipo inquebrantable. Nunca cambian de canino, ya que una de las claves es "el vínculo que se forma, es de lo más importante del adiestramiento", nos explican.

Los cursos suelen tener una duración de seis meses, con un total de 480 horas y entrenamientos todos los días de 8 de la mañana a 14:30. Durante el transcurso del mismo se les evalúa cada 2-3 meses. "Somos flexibles con el tiempo, porque cada animal tiene sus tiempos", afirma Chamorro. Una vez superado, el militar vuelve a su destino junto a su perro, para trabajar más y mejor que nunca.

Pastor belga malinois de intervención, llamado STONE: siempre listo para el ataque

Pastor belga malinois de intervención, llamado STONE: siempre listo para el ataque / Juan Luis Martín

Ahora bien, no todos los perros valen para este sacrificado y minucioso trabajo. "Tiene que demostrar unos mínimos. Además de unas capacidades psicofísicas que las determina el veterinario, lo más importante es que tenga actitud de trabajo", nos explican. Actualmente tienen a "unas 40 personas y 35 perros en la escuela", y al año suelen salir de aquí 50 equipos (guía y canino). Estos son los cursos que se realizan en el Centro de Adiestramiento Canino de Carabanchel:

  • Búsqueda y rescate. Son los que usa la Unidad Militar de Emergencias (UME) para localizar a personas desaparecidas. Los perros de esta especialidad son los únicos que ladran, ya que en muchas ocasiones se tienen que alejar 300-500 metros del guía y han de ladrar para que los militares sepan dónde se encuentra.
  • Drogas y estupefacientes. Enseñan a registrar, enfocar y marcar este tipo de sustancias.
  • Búsqueda de artefactos explosivos improvisados. Aprenden a rastrear detonantes ocultos.
  • Intervención. Les forman a cómo actuar e intervenir en situaciones de peligro. Por ejemplo, a atacar. Algunas de las palabras clave que usan los militares con ellos son "atención" (este comando le activa y sabe que algo va a ocurrir, que va a recibir algún tipo de orden), "busca" (para buscar), "stop" (para que pare) o "ataca" (para que ataque). Aunque el comando más relevante es 'atención', ya que con ello pasan de estar tranquilos a en alerta.
  • Instructor. En este curso enseñan a futuros guías que formarán a otros militares en el futuro.

Además de que no todos los animales de cuatro patas valen para esto, tan solo lo hacen tres razas en concreto. Al menos, en este centro:

  • Pastor alemán: esta raza nos cuentan que "suele valer para todos los cursos y trabajos, son muy completos y equilibrados".
  • Labrador: sobre todo para drogas, búsqueda y rescate, y explosivos, porque destaca de ellos "su gran olfato, son muy minuciosos, y no valen para otras tareas como morder".
  • Pastor belga malinois: los militares lo describen como una raza de perros "muy activa, dinámica, potente, resistente, con mucha agilidad… al igual que el alemán, vale para todo".
Labrador junto a soldado de la UME, ambos expertos en búsqueda y rescate

Labrador ('Coco') junto a soldado de la UME, ambos expertos en búsqueda y rescate / Juan Luis Martín

En otras ocasiones también trabajan con la raza de Springer spaniel, "pero no suele ser lo habitual". De todas las razas anteriores, tienen un tiempo límite de concentración máxima de 20 minutos, que de primeras puede parecer escaso pero son 20 minutos "con una frecuencia muy alta de oler. Desgasta mucho". Después de esto descansan algo y pueden volver a trabajar. Y todos los perros duermen durante la formación en el centro, para no "interferir en la relación entre guía y animal, puede perjudicar", afirman.

¿Cómo les enseñan? ¿Prueban la droga?

No, estos perros ni han probado ni prueban la droga (lo único que comen en el centro es pienso de alta energía). Todo se lo enseñan a través del juego. El perro asocia el olor de lo que busca al juguete. Impregnan en juguetes o algún tipo de rodillo que muerden el olor característico de lo que están buscando (droga, explosivos...). Y sabe que si lo encuentra, obtendrá el juguete y el reconocimiento. De hecho, cuando hacen el clásico movimiento de quedarse quietos, en realidad lo que están haciendo es focalizar y están a la espera de recibir su ansiado y querido juguete. Ellos piensan únicamente en el juego, y están cumpliendo una tarea fundamental para la seguridad de todos.

Son perros normales y cero agresivos, de hecho destacan por su estabilidad en todos los sentidos

José Antonio Ortiz Moreno

— Subteniente

Entrenan constantemente para ser unos expertos encontrando humanos entre restos, estupefacientes, explosivos... y todo con el juego y un olfato de escándalo. Algunos estudios afirman que el olfato de los perros tiene entre 10.000 y 100.000 veces más sensibilidad que el de los humanos. Casi nada.

Por ello, al ser cuestionados por lo más complicado del adiestramiento, los militares confiesan que es "que no quieran jugar, porque si no lo desean no les pueden enseñar". Aunque, de carecer de esta actitud, no habrían sido directamente seleccionados de cachorros para ser destinados a este centro. Todos deben tener una actitud innata y un instinto de búsqueda y ser curioso, además de no ser miedoso, "porque no valdría para las tareas que afrontará en un futuro".

Otro factor importante es la que ellos llaman "independencia dentro de la obediencia". Por ejemplo, los perros especialistas en encontrar artefactos, en ocasiones su guía les manda a 300 metros para que busquen, y en este transcurso deben tomar decisiones por sí mismos: cómo y dónde buscar, qué hacer... Esto es la independencia pero siempre dentro de que deben obedecer. En caso de que no obedezcan, los expertos nos explican que "hay que corregirles. Cada guía tiene sus formas, pero hay que hacerlo porque si no lo cogen como actitud habitual en el trabajo".

Este pastor alemán, llamado DECO, es experto en encontrar explosivos

Este pastor alemán, llamado DECO, es experto en encontrar explosivos / Juan Luis Martín

Normalmente, todos -tanto perro como guía- pasan el curso, pero no siempre, porque "hay casos en los que al guía le gustan mucho los perros pero no tiene feeling con el animal, no le estimulan bien. Hay que valer para desarrollar este trabajo", afirman. Y muy pronto aterrizará la Inteligencia Artificial a este centro, con un programa que medirá todos los parámetros de los animales a nivel físico y clínico.

Y así, 50 guías y perros salen desde Carabanchel cada año, dispuestos a arriesgar su vida por la seguridad del resto. Estos perros trabajan hasta los 8-9 años, aunque, como explican, "no hay una edad límite fija, hay una prueba anual que determina cómo están sus capacidades".

Una vez jubilados hay dos opciones: o se lo queda el que ha sido su guía durante tantos años, o pasan a un programa de donación para ser entregados a una familia que, por supuesto, se aseguran "que le vaya a sacar a correr". Un descanso que es, indudablemente, merecido para el mejor amigo del hombre y militar.