DIONISIA, VECINA DE CARABANCHEL
La vida de Dionisia después del cáncer de lengua: "Tras la operación, tuve que volver a aprender a hablar y a comer"
Dionisia, vecina de Carabanchel, relata cómo es su vida después de superar un cáncer de lengua. Una recuperación en la que tuvo que aprender de nuevo a hablar y comer y de la que aún sufre secuelas físicas y emocionales

Dionisia, vecina de Carabanchel, relata cómo es su vida tras superar un cáncer de lengua / Cedida
La vida de Dionisia, vecina del distrito de Carabanchel, se detuvo en seco el día que dejó de poder hablar y comer con normalidad. No fue solo el diagnóstico de un cáncer de lengua lo que marcó el antes y el después, sino todo lo que trajo consigo: el dolor, la incertidumbre, la pérdida de autonomía, la exposición del cuerpo y una recuperación lenta que la obligó a reconstruirse desde cero.
Tenía 52 años y llevaba una vida activa cuando apareció una llaga en la lengua que no terminaba de curar. El dolor fue creciendo hasta volverse insoportable. "No podría hablar porque al moverse la lengua rozaba con las muelas y era horrible. Para comer, lo mismo", recuerda a El Periódico de España mientras conversa con otras mujeres pacientes de cáncer en un coloquio celebrado en la sede de la Asociación Española Contra el Cáncer.
Tras varias visitas médicas y sin una causa clara, terminó acudiendo a un especialista maxilofacial que le dio un diagnóstico rápido. "Nada más verlo, el maxilofacial me dijo: 'esto no me gusta' y me hizo la biopsia en ese momento". Días después, la confirmación llegó por teléfono, a primera hora de la mañana, camino del trabajo.

Pacientes de cáncer conversan con El Periódico de España / EPE
El cáncer estaba en una fase avanzada. "Tenía 45 ganglios afectados y el tratamiento requería una intervención compleja", explica. La operación duró alrededor de trece horas: "Me extirparon media lengua y reconstruyeron la zona con un injerto tomado del brazo". Después llegó la radioterapia. "Fue tremendamente doloroso. Me partió la vida porque no podía comer ni hablar", recuerda.
Una recuperación larga y tediosa de cerca de dos años para volver a hablar
Durante seis meses se alimentó por sonda. Perdió cerca de 20 kilos y la debilidad era constante. "Me quedé en unos 60 kilos cuando siempre había pesado más de 70". A la dificultad física se sumaba también el impacto emocional: verse al espejo, no reconocerse y sentir que su cuerpo se había convertido en un territorio extraño.
Me quedé en unos 60 kilos cuando siempre había pesado más de 70
La recuperación no fue rápida. Dionisia tuvo que reaprender a comer y hablar de nuevo, un proceso que le llevó cerca de dos años con la ayuda de logopedas especializados en cáncer de lengua. A día de hoy, diez años después, las secuelas siguen presentes. Su lengua solo se mueve hacia un lado, le faltan piezas dentales y comer es un ejercicio de paciencia. "Si salgo a comer con gente tardo una hora o más. No puedo comer y hablar a la vez. Cuando voy a decir algo, la conversación ya ha pasado a otro tema”. Unas cicatrices que también son visibles. El cuello, radiado y muy fino, llama la atención de quienes la rodean. "Lo primero que hace la gente cuando me ve es mirarme el cuello", explica.
El cáncer también cortó su vida laboral. Dionisia trabajaba como secretaria de alta dirección, un puesto que requería hablar de forma continuada. Tras la operación, le concedieron una incapacidad permanente. “No podía hablar, no podía comer, no podía estar”. Incluso ese reconocimiento llegó tras un proceso burocrático complejo que inicialmente fue denegado. Y durante los cinco primeros años de recuperación las revisiones que tenía cada tres meses estaban marcadas por la incertidumbre: “La angustia de los tres meses, a ver si no hay nada”. Esa espera marcó su día a día durante largo tiempo.
La familia, el pilar fundamental en todo el proceso
El sostén fundamental fue la familia. “He tenido un apoyo incondicional”, afirma. En cambio, muchos amigos se fueron quedando por el camino. “Al final te das cuenta de quién se queda de verdad”. Solo una amiga la acompañó a todas las sesiones de radioterapia cuando su familia trabajaba.
Al final te das cuenta de quién se queda de verdad
Hoy, con el alta oncológica tras diez años sin recaídas, Dionisia sabe que el cáncer no desaparece del todo. "No me reconozco como era antes. Ahora soy otra". Ha aprendido a convivir con el dolor, las limitaciones y los bajones emocionales. "Hay momentos para ser fuerte y momentos más malos". Sin embargo, mirar atrás, asegura, no le sirve. "No tiene sentido pensar cómo estaba antes. Con lo que me ha pasado es con lo que tengo que vivir ahora". Su historia es la de una superviviente, un testimonio, pero también la de una mujer a la que el cáncer le cambió la vida para siempre.
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