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HISTORIA

¿Sabes quién fue el General Ricardos, qué hizo y por qué tiene una calle en Carabanchel?

Antonio Ramón Ricardos y Carillo de Albornoz nació en un municipio de Huesca y falleció en 1794 con 67 años debido a una neumonía

General Antonio Ricardos. Obra de Francisco Goya

General Antonio Ricardos. Obra de Francisco Goya / LNE

Juan Luis Martín

Juan Luis Martín

El distrito madrileño de Carabanchel está compuesto por 268.373 habitantes (datos de 2023) que están distribuidos en 1.404,83 hectáreas. Es el distrito con más habitantes de Madrid, y una de sus calles más famosas y transitadas es la de General Ricardos. Una calle que todos los vecinos conocen, pero que no todos saben quién fue y por qué es conocido.

La historia y vida del General Ricardos, presente en Carabanchel

Esta vía atraviesa de norte a sur Carabanchel, entre la glorieta del Marqués de Vadillo y la calle Eugernia de Montijo, por lo que es uno de los ejes principales del distrito.

Su verdadero nombre es Antonio Ramón Ricardos y Carillo de Albornoz, y nació en 1727 en el municipio de Barbastro, en Huesca, donde estaba ubicado el regimiento Malta en el cual su padre ejercía de sargento mayor. Y su familia ya tenía por aquel entonces tradición militar: su abuelo materno fue el duque de Montemar, capitán general, conquistador de Orán y vencedor en Bitonto. Por parte paterna su abuelo fue Jacob Richards, oficial irlandés de la Royal Navy que, al asentarse en España, cambió su apellido de Richards a Ricardos.

Parte de su familia era gaditana, por lo que Antonio Ramón se traslado a Cádiz de niño para recibir su educación. Su primera experiencia militar tuvo lugar en la Guerra de Sucesión Austríaca, en la que España desempeñó un gran papel, y más concretamente en el regimiento de caballería Malta, donde fue capitán desde muy pronto. De allí se tiene su primer parte militar allá por 1746: "gran valor e inteligencia en el servicio […] singularmente en la batalla de Piacenza y en las sangrientas jornadas que la siguieron".

Al finalizar aquella guerra en 1748, el general ya fue nombrado coronel del regimiento. Tras la misma, se dedicó al estudio entre otros temas de las campañas de Federico el Grande y en concreto del arma de caballería por Ziethen, el por entonces célebre general de húsares prusiano.

Tuvo que esperar años, hasta 1762, con con 35 años, para ascender a bridagier gracias a la llamada 'Guerra Fantástica' y en el año siguiente, con la campaña de Orán, ascendió a mariscal. En 1764 partió hacia Nueva España para reorganizar su ejército y establecer las fronteras con las posesiones francesas. Pasó 4 años en América y, a su regreso, consiguió el grado de teniente general.

En 1773 le fue encargada otra misión: modernizar el Arma de Caballería, para lo que estableció la Real Academia y Picadero de Ocaña entre otras medidas destinadas a imitar la doctrina prusiana. Durante aquellos años se le vinculó estrechamente con el denominado Partido Aragonés del conde de Aranda, una cercanía política que le granjeó la enemistad de Floridablanca, entonces figura dominante del poder, y que terminó provocando su destierro a Guipúzcoa. Sin embargo, cuando el conde de Aranda accedió al gobierno, Ricardos fue reclamado de nuevo en la corte. Su regreso, no obstante, coincidió con un nuevo cambio de escenario: su valedor había sido reemplazado por Manuel Godoy, nuevo hombre fuerte del régimen.

Calle General Ricardos, en Carabanchel

Calle General Ricardos, en Carabanchel / Ayuntamiento de Madrid

Un militar con un gran desempeño

Pese a ello, Godoy confió en Ricardos y le otorgó en febrero de 1793 el mando del Ejército de Cataluña. Fue en ese contexto cuando estalló la Guerra de la Convención, un conflicto en el que España desplegó tres grandes ejércitos, siendo el más numeroso el comandado por Ricardos. La brillantez de esta campaña fue tal que el prestigioso teórico militar barón de Jomini la definió como "un auténtico modelo de guerra de montaña".

Su triunfo en Mas Deu le supuso el ascenso a capitán general, aunque no consiguió conquistar Perpiñán, en parte debido a la actuación de fuerzas irregulares francesas, conocidas entonces como la 'guerra de moros', integradas por civiles armados ajenos al ejército regular. Al protestar Ricardos ante el general francés por este tipo de combate, recibió una respuesta que reflejaba los nuevos tiempos: “La fuerza de la República es el pueblo entero. Todos los franceses son soldados”. La forma de hacer la guerra estaba cambiando.

Durante el invierno regresó a Madrid para informar sobre la situación de sus tropas, pero una neumonía acabó con su vida antes de poder reincorporarse al frente (1794). Ese mismo año, sin su liderazgo, la campaña se vino abajo. Como reconocimiento a su trayectoria, su esposa recibió el título de condesa de Truillás, en recuerdo de la batalla más célebre de Ricardos, en la que logró derrotar a los franceses pese a estar en clara inferioridad numérica, causando 7.500 bajas a un ejército enemigo de 22.000 hombres.

El conde de Clonard resumió así su figura: "Una de las más altas glorias de España: activo, tenaz, valiente, perspicaz, dotado de un talento creador excepcional y de una energía extraordinaria". Y el distrito de Carabanchel le homenajea a diario con una de sus calles más transitadas.