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ECLIPSE SOLAR 2026

Arganzuela mira al cielo: así vivieron centenares de personas el eclipse solar en el Parque Enrique Tierno Galván

Grupos de personas se acercaron al lugar con neveras, sillas de playa y mantas, incluso con telescopios, todos con sus gafas especiales de observación solar y con la vista puesta en el ocaso madrileño

Un grupo de personas observa el eclipse solar desde el mirador del Parque Enrique Tierno Galván en Arganzuela

Un grupo de personas observa el eclipse solar desde el mirador del Parque Enrique Tierno Galván en Arganzuela / Joaquín De la Aleja

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Joaquín De la Aleja

Hacía 114 años que nadie en la Península Ibérica había presenciado un fenómeno astronómico de esta magnitud. Pero ayer, 12 de agosto de 2026, la expectación generada por este acontecimiento llevó a millones de personas a salir de sus casas en todo el país. En Madrid, el Parque Enrique Tierno Galván del distrito de Arganzuela fue uno de los lugares escogidos por centenares de madrileños para vivir este momento tan esperado: el eclipse solar.

El día en la capital de España transcurría con normalidad, como cualquier día anterior del mes de agosto, con calma: las calles con menos coches, el metro con menos gente y el termómetro rozando los 38 grados. Sin embargo, alrededor de las 19:00 horas, antes de que comenzara el eclipse solar, la ciudad comenzó a despertar.

Habitualmente, este parque recibe a quienes pasean a sus mascotas, buscan refugio del calor o simplemente un lugar apacible alejado del cemento de la ciudad. Ayer, sin embargo, se convirtió en un improvisado observatorio astronómico multitudinario.

Grupos de personas sobre el césped del Parque Enrique Tierno Galván esperando el inicio del eclipse solar

Grupos de personas sobre el césped del Parque Enrique Tierno Galván esperando el inicio del eclipse solar / Joaquín De la Aleja

Se percibía un ambiente festivo. Grupos de personas se acercaban al lugar con neveras, sillas de playa y mantas, los niños jugaban en el césped y los corros de familiares y amigos eran cada vez más numerosos. También estaban los que paseaban, permanecían de pie o buscaban asiento en los bancos o en las estructuras de hormigón ubicadas alrededor del mirador, todos ellos con un rasgo común: las gafas homologadas y su vista orientada hacia el ocaso madrileño.

Incluso estaban los que poseían instrumental avanzado para la observación del fenómeno, con telescopios de distintos tamaños repartidos por diferentes puntos del parque y preparados para observar el fenómeno celeste.

Comienza el eclipse solar en Arganzuela

“Mamá, mamá, dame las gafas ya”, le dice un niño a su madre cuando la luna iniciaba su primer contacto con el sol. Eran aproximadamente las 19:37 horas, el eclipse solar ya había comenzado y todos los presentes en este parque donde se ubica el Planetario de Madrid, colocaban las gafas homologadas sobre sus ojos, un gesto que marcó el transcurso de la tarde.

Una niña observa el eclipse solar con gafas homologadas

Una niña observa el eclipse solar con gafas homologadas / Joaquín De la Aleja

La luminosidad del sol se atenuaba progresivamente. “¡Uy! Cómo se está oscureciendo ya…”, dice una mujer a una de sus amigas al retirarse las gafas homologadas. Eran las 20:10 horas, el eclipse solar parcial avanzaba y ya se podía apreciar cómo la luz del sol iba perdiendo intensidad. En el mirador del parque ya no cabía un alfiler, así como en la explanada contigua y las zonas de césped orientadas al oeste, cientos de personas miraban al cielo absortos.

El eclipse solar alcanza su máximo

Pero el momento más emocionante llegó alrededor de las 20:30 horas, cuando la ocultación del sol por la luna alcanzó su máxima intensidad. La luz disminuyó en cuestión de segundos, las farolas con lámparas de vapor de sodio hasta ese momento casi imperceptibles, ahora proyectaban con fuerza su característica luz de color naranja. “Ya empieza, ya empieza”, se decían los unos a los otros. Y de repente, apareció.

Un silencio ensordecedor se extendió por todo el parque, como si de un acto solemne se tratase. Las personas cuchicheaban, conmovidas por lo que estaban contemplando. Un aro de luz parecía asomarse en el cielo y la penumbra se imponía mientras el sol permanecía oculto tras la luna.

Un efecto similar a las perlas de Baily era visible y el asombro de los allí presentes se respiraba en el aire. Los pequeños destellos de luz dibujados alrededor de la luna duraron breves instantes, y fue entonces cuando se desató un brote de emoción. “¡Uh!”, “¡Oh!”, “¡Precioso!”, exclamaba y aplaudía la gente impresionada. Aunque la ocultación del sol no fue total como en otras zonas, el fenómeno se pudo contemplar con gran claridad. El 99,95% del disco solar que quedó oculto se sintió en el Parque Enrique Tierno Galván como un 100%.

Una familia observa el eclipse solar momentos antes de llegar a su máxima ocultación

Una familia observa el eclipse solar momentos antes de llegar a su máxima ocultación / Joaquín De la Aleja

La luna comenzó a alejarse del sol, la luz volvió a iluminar el parque y muchas personas guardaron sus gafas homologadas y se retiraron del lugar. Camino hacia la estación de metro de Méndez Álvaro, las personas comentaban la experiencia, “nunca había visto algo igual”, era la frase más escuchada.

El ambiente en las calles de este barrio madrileño retornaba a su estado habitual de un miércoles cualquiera en el mes de agosto: las calles con menos coches, el metro con menos gente y el termómetro marcando muy por encima de los 30 grados. Sin embargo, algo había cambiado, la sensación que se creó durante ese breve minuto todavía perduraba. Para quienes lo han presenciado, esta tarde de agosto quedará, probablemente, en la memoria durante mucho tiempo.