VIVE EN ARGANZUELA
Sergio Pazos, de reportero de 'CQC' a actor todoterreno: entre teatros, monólogos y paseos por Madrid Río
Zas, un Border Collie de poco más de 4 años, enseña al actor gallego a desconectar del guion en Madrid Río
"Sacarle una sonrisa a un vecino de Arganzuela un lunes vale más que un aplauso en la Gran Vía"

Sergio Pazos.
Sergio Pazos (Ourense, 1965) sustituyó el negro CQC por los senderos verdes de Arganzuela. Vecino de Madrid desde 1996, su compás vital lo marcan ahora las cuatro patas de Zas, su Border Collie. Es frecuente verlos por la orilla del Manzanares, ese rincón donde el intérprete intercambia la tensión de los guiones por el esparcimiento y busca el equilibrio entre su inconfundible ironía y la paz que exhala el río.
Sergio, eres un gallego "militante", pero llevas casi tres décadas echando raíces aquí. ¿Qué tiene Arganzuela para que un hijo del Atlántico no eche de menos el mar ni el río Miño?
Arganzuela es el lugar ideal para vivir, así de claro. Yo vivo desde el 96 frente al Rastro, pero mi imán siempre me lleva hacia Madrid Río. Dependiendo de cómo me levante, elijo un camino u otro, pero este barrio tiene algo especial. Tienes el Matadero, la Casa del Reloj o la piscina de Peñuelas a un paso. Es un rincón de Madrid que te permite moverte en bici o simplemente caminar. Para un gallego, tener un espacio donde el verde empieza a ganar la partida es fundamental para sentirse en casa.
Te vemos en cine, teatro y monólogos, pero en el parque eres "el humano de Zas". ¿Es Madrid Río tu sala de ensayos o el único lugar donde te prohíbes ser personaje?
Es mi zona de desconexión absoluta. Con Zas tengo una norma sagrada: cuando salimos, el tiempo es para él. Nada de mirar el móvil, nada de cascos puestos repasando guiones. Mi único objetivo en esos paseos es jugar y que mi perro sea feliz. Él se lo merece todo. En verano, por ejemplo, su felicidad es remojarse en los chorros de agua del parque; y la mía es verlo disfrutar así.
Fuiste un "hombre de negro" experto en improvisar bajo presión. ¿Esa rapidez mental te sirve para gestionar los imprevistos caninos o los encuentros con los vecinos en la ribera?
¡Por supuesto! Los gallegos tenemos esa retranca y un sentido del humor muy británico que te ayuda a salir de cualquier situación con una sonrisa. Pero el que realmente tiene un don es Zas. Él es terapéutico. Fíjate si es especial, que una vez salvó a una niña que intentaba suicidarse en el Puente de Segovia. Los perros tienen una sensibilidad que a veces a los humanos se nos olvida.
Has vivido la gran transformación: de los humos de la M-30 al pulmón verde de hoy. ¿Cómo siente un actor que ha hecho crónicas de la historia de España este "milagro" urbanístico?
Lo de Madrid Río es, literalmente, un milagro. Hemos pasado de tener una autopista gris a disfrutar de una selva propia en Arganzuela. Es alucinante ver cómo, en cuanto le quitas la bota de encima a la naturaleza, ella te monta una fiesta. El agua está limpia, los peces crían, hay patos y yo he llegado a ver hasta garzas reales. El río ha recuperado su orgullo y nosotros con él.

Sergio Pazos junto a su perro Zas en uno de sus paseos por Madrid. / CEDIDA.
El humor es tu herramienta de supervivencia, pero ¿dónde es más difícil sacar una sonrisa: bajo los focos de la Gran Vía o a un vecino medio dormido un lunes a las ocho de la mañana?
En la Gran Vía el público viene predispuesto, pero el barrio... el barrio es la vida real. En Madrid Río no soy el actor de la tele, soy Sergio, el que pasea al perro. Sacarle una sonrisa a un vecino un lunes temprano es como darle un abrazo sin tocarlo; es decirle que el día puede ser un poco menos duro. A veces, un "buenos días" con chispa entre dos dueños de perros vale más que un aplauso de cinco minutos. En el teatro me siento artista, pero en el barrio es donde me siento persona.

La risa como medicina para huir del estrés
Se dice que los perros son los mejores observadores de la realidad. Si Zas pudiera escribir un guion sobre lo que ve en vuestros paseos por Arganzuela, ¿sería una comedia de enredo, un drama social o un monólogo satírico sobre la vida moderna en Madrid?
Sería un monólogo satírico, ¡fijo! Zas es el mejor cronista que tengo. Se pasaría el guion analizando por qué en Arganzuela los humanos van con más prisa que nosotros. Diría algo como: "Mirad a estos, van estresados con el móvil y no me dejan ni presentarme al Golden Retriever de la esquina". Y luego entraría en el tema escatológico, que es donde Zas se pone serio: "Si yo cumplo con mi parte del contrato, ¿por qué tú te haces el sueco con la bolsita?". Sería una crítica mordaz a la vida moderna de Madrid: mucha terraza, mucho Matadero, pero a veces se nos olvida lo básico: olerse más y ensuciar menos.
En tiempos tan convulsos, ¿qué responsabilidad siente al subirse a un escenario para regalarle al público esa hora y media de olvido absoluto?
Hacer reír es una responsabilidad muy seria, casi terapéutica. En estos tiempos, que alguien se siente en una butaca y se olvide de todo durante hora y media es un regalo. Por eso Sergio Pazos se siente feliz de pensar que a lo mejor este verano vuelve a su casa, al Teatro Amaya, con '¿Me entiendes o te lo explico?'. Estar en el escenario con Santi Urrialde es como jugar en el salón de casa, y después del éxito brutal del año pasado, con ese lleno total en julio y agosto, no podemos dejar a Madrid sin su dosis de risoterapia.
¿A qué sabe ese Madrid donde la naturaleza le gana el pulso al asfalto?
Pasear por Arganzuela es como recorrer un guion de cine. Tienes el arte urbano de Banksy a un lado y la solera de la Casa del Reloj al otro. Pero mi momento favorito es ir con Zas por la ribera: ver cómo la naturaleza le ha ganado el pulso al cemento y los árboles crecen a su aire... ¡eso te recarga las pilas! Aunque, no nos engañemos, el clímax de la jornada es llegar a la Plaza del Campillo. Ese botellín en la terraza del bar de mi amigo Manu, con el sol de Madrid en la cara, es la mejor 'post-función' que existe.
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