Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

NUEVO PROYECTO

El quiosco de Arganzuela (Madrid) vuelve a la vida para cambiar la de otros: "Lo que ganamos tiene un buen fin"

El quiosco Somos Talita de Arganzuela, impulsado por Javier Cascón, ofrece oportunidades laborales a personas en riesgo de exclusión social, como personas sin hogar o migrantes sin red de apoyo.

El quiosco de Arganzuela (Madrid) vuelve a la vida para cambiar la de otros: "Lo que ganamos tiene un buen fin"

El quiosco de Arganzuela (Madrid) vuelve a la vida para cambiar la de otros: "Lo que ganamos tiene un buen fin" / R.R.

En pleno distrito de Arganzuela ha nacido un quiosco muy diferente a los que estamos acostumbrados. No solo porque en su interior puedes encontrar cafés o libros, además de la prensa diaria y las revistas más interesantes, sino que este pequeño negocio se ha ganado el cariño de los barrios porque ofrece oportunidades laborales a personas en riesgo de exclusión social.

Personas sin hogar, víctimas de violencia, parados de larga duración o migrantes sin red de apoyo serán los encargados de gestionar este quiosco. Para Javier Cascón, quien impulsa este proyecto: "Personas invisibles para muchos, pero que tienen tanto que dar". Ahora, van a demostrar lo que ofrecen desde el mostrador desde este gran pequeño negocio.

Así es el quiosco de Arganzuela que gestionan personas en exclusión social

Desde enero, el quiosco Somos Talita en Arganzuela, muy cerca del metro de Acacias está siendo gestionando por una persona sin hogar. Javier Cascón, Marta Corcuera y Jesús García compraron el pequeño establecimiento con el objetivo de transformar vidas dentro de este colectivo.

En declaraciones a La CRónica de Arganzuela, dentro de El Periódico de España, Javier Cascón cuenta por qué se decantaron por un quiosco: "Algo pequeñito así, sé que no va a ir como un tiro, pero si cambiamos un poco algunas cosas y lo hacemos un poco atractivo, es bonito y es algo que no se necesita una formación excesiva". Para el joven de 27 años, es una ilusión de cara a primavera poder organizar algunos eventos, como exposiciones, que se convierta en un punto de encuentro para los que vecino e ir creando una pequeña comunidad de gente interesada en el proyecto.

Donde los vecinos pueden ver asistencialismo o un simple quiosco, sus impulsores avisan que se esconde una oportunidad de trabajo real, además de un motor de transformación. "Desde un café por la mañana hasta una charla amable al pasar, este quiosco será un punto de encuentro, humanidad y esperanza en plena calle", explican. Este tipo de negocios representa una opción asequible que no requiere experiencia compleja y que permite la contratación inmediata.

Javier Cascón en el quiosco de Acacias junto Abdul, el joven que lo atiende

Javier Cascón en el quiosco de Acacias junto Abdul, el joven que lo atiende / R.R.

Fue en enero cuando finalmente consiguieron abrir y desde entones es Abdul quien lo atiende. Javier explica a este diario qeu fue seleccionado entre ocho candidatos por su disponibilidad y ganas de crecer con el proyecto. En estas primeras semanas, los dos jóvenes están encantados con el resultado y esperan que puedan seguir avanzando.

Entre los requisitos de Somos Talita para empezar a trabajar está: "Buscábamos personas ágiles, sonrientes y con capacidad para comunicarse con la gente, no necesariamente con experiencia previa, pero sí con motivación", cuenta Javier Cascón. Incluso, el antiguo dueño del negocio les acompañó en el proceso para facilitar la transición y enseñarles cómo funcionaba todo.

Además de los periódicos y el café, los clientes de este negocio de Arganzuela podrán comprar libros de segunda mano donados por vecinos y pequeños productos de proximidad, un ejemplo de que se trata de un punto de referencia en el barrio. El barrio de Acacias celebra tener esta nueva tienda, que ya puede presumir de contar con clientes habituales, sobre todo mayores que ya no tienen que desplazarse para conseguir la prensa.

Así es Javier Cascón, el joven que compra casas para las personas sin hogar

No es la primera vez que los jóvenes de Somos Talita se embargan en una aventura de este tipo. Javier Cascón y Marta Corcuera empezaron hace más de cuatro años una iniciativa para personas sin hogar. Adquirieron varias viviendas para ofrecer alojamiento, pero se han dado cuenta de que el trabajo también implica una parte importante de su día a día.

El quiosco de Arganzuela (Madrid) que desde hace un mes gestionan personas en riesgo de exclusión social

El quiosco de Arganzuela (Madrid) que desde hace un mes gestionan personas en riesgo de exclusión social / LinkedIn

En la casa de Javier y su mujer viven del salario de ella, que es de enfermera. Él combina diferentes trabajos de cualquier tipo, como administrativo o llevar la comunicación en redes sociales de empresas, y todo lo que gana lo invierte en proyectos para las personas en riesgo de exclusión social.

Después de cuatro pisos abiertos a los que menos tienen, acaba de comprar el quiosco de Arganzuela y un fotomatón para eventos. Lleva ya 13 años ayudando a las personas en riesgo de exclusión social. Su motor es su fe católica y su convicción de que todos somos hermanos.

El joven de 27 años ha visto muchas realidades, algunas muy complicadas lo que le ha ayudado a ser agradecido y valorar todo lo que tiene en la vida. Su motivación la tiene clara: "A mí me da sentido el decir estoy trabajando por algo, todo lo que estoy ganando tiene un buen fin y me ha ayudado muchísimo a apreciar lo que tengo",.

El próximo proyecto que planea es ir con su mujer y su hijo a un pueblo de Guadalajara, a tratar de repoblarlo y acondicionarlo para las familias e riesgo de exclusión. Este proyecto para Javier: "A mí me da mucha esperanza y fuerza, para mi día a día, además de aprender a ser agradecido".