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VACACIONES EN PAZ

La historia de los 24 niños saharauis que pasan el verano en Alcalá de Henares: "Se convierten en nuestros hijos"

Gracias a 'Vacaciones en Paz', 24 niños han llegado a Alcalá de Henares para pasar un verano en el que cubrirán necesidades vitales a la par que se divertirán en familia

A la izquierda de la imagen Francisco, en el centro Marita y a la derecha Cristina: tres familias que han acogido a saharauis

A la izquierda de la imagen Francisco, en el centro Marita y a la derecha Cristina: tres familias que han acogido a saharauis / J. L. Martín

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Juan Luis Martín

Juan Luis Martín

Alcalá de Henares

Hasta 24 niños saharauis aterrizaron la semana pasada en Alcalá de Henares directos de pleno desierto del Sáhara. Llegaron —como cada año lo hacen decenas de ellos a Alcalá— con muchas necesidades y la incertidumbre de meterse en una casa de desconocidos, pero también con el corazón lleno y con ganas de vivir una experiencia que les cambiará la vida. A la ciudad complutense han llegado 24, en toda la Comunidad de Madrid 154, y en toda España lo harán 3.000.

Todo ello lo viven gracias al programa ‘Vacaciones en Paz’, que acoge a niños saharauis durante los meses de julio y agosto, y en Alcalá se lleva a cabo desde 2003. Son muchas las familias que deciden abrir las puertas de su casa, y las historias que ya se han vivido son innumerables e inolvidables.

Todo lo relacionado con Alcalá es organizado por la Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui de Alcalá de Henares, que tiene un origen digno de ser contado: Virginia Fernández, la actual presidenta, ya de pequeña tuvo contacto con los saharauis, ya que su madre acogió. Cuando estaba en el colegio en la etapa de la ESO y, curiosa, le vio a su profesor de música una pulsera (que, ella sin saberlo, era la que traían los niños saharauis). El docente, sin dudarlo, le dijo: "dile a tu madre que si ella ha acogido que me llame para montar una asociación en Alcalá". Y dicho y hecho. Este profesor, la madre de Virginia y otro matrimonio montaron la asociación en marzo de 2003, y en junio de ese año ya llegaron diez pequeños a Alcalá para recibir todo lo que allí no tienen, pero sobre todo mucho amor y cariño. Para que sean acogidos en el programa tan solo tienen que estar escolarizados.

La CRónica de Alcalá se encuentra con varios niños y familias, y afirman que son "semanas de un amor indescriptible. Es un vínculo que jamás se rompe. En las despedidas lloramos mucho, pero no hay nada más bonito que mantener el contacto durante toda tu vida con ellos. Se convierten en nuestros hijos saharauis y nosotros en su familia española", nos explican emocionados.

Ellos llegan de hasta cinco campamentos situados en la provincia de Tinduf (Argelia): El Aaiún, Smara, Auserd, Dajla y Bojador. Y para estos niños son vitales estos dos meses en especial por lo siguiente:

  • Mejoran su alimentación durante este periodo
  • Reciben revisiones médicas
  • Aprenden otro idioma y conocen nuevas costumbres
  • Disfrutan de lo que para nosotros son aspectos cotidianos y para ellos son verdaderos "lujos"
  • Acaban teniendo una segunda familia, ya que con la española perdura el contacto y amor durante toda la vida
  • En el Sáhara tienen temperaturas que superan los 50º centígrados
Así son los campamentos donde viven las familias saharauis

Así son los campamentos donde viven las familias saharauis / CEDIDA

Y todos quieren acudir a este programa, ya que en los campamentos casi la totalidad de los niños tienen algún familiar o amigo que lo ha hecho, y hablan maravillas. Aunque, a pesar de que son dos meses repletos de cubrir carencias y amor, como nos cuenta Virginia Fernández, presidenta de la asociación, "el verdadero éxito de Vacaciones en Paz es que se dejara de hacer, porque es un territorio ocupado y tienen muchísimas necesidades. Ojalá no tuviéramos que acoger, aunque mientras haya necesidad lo seguiremos haciendo encantados".

Además, es un acogimiento recíproco, porque cada Semana Santa esta asociación y diferentes grupos de padres son acogidos en los campamentos argelinos por sus familias. Allí conocen a sus padres biológicos, les ponen cara y se dan mutuamente las gracias por todo lo vivido. Pero, sobre todo, se dan cuenta de las duras necesidades que allí superan día a día.

Familias alcalaínas con los niños recién llegados del Sáhara

Familias alcalaínas con los niños recién llegados del Sáhara / J. L. Martín

Francisco, Marita y Cristina, tres ejemplos de los que abren las puertas de su casa

Francisco lleva 20 años acogiendo a saharauis y él lo describe en una frase: "Pasan a ser nuestros hijos de allí". Este se enteró del programa porque estaba en una feria de asociaciones y la caseta de al lado era de acogidas a saharauis. No sabía lo que le vendría después: años llenos de vivencias que jamás olvidará, y sobre todo de "segundos hijos" para toda la vida. Como él nos cuenta "acogí a un chico en 2006, actualmente está viviendo en España, está casado, y a veces come en mi casa. Nunca se pierde el contacto", explica emocionado.

Afirma que los niños ganan "en lo material", pero ellos "en corazón, en amplitud de mira, en valorar todo lo que tenemos...". Francisco en las despedidas es de los que llora mucho, y para él lo más duro es que "cuando son pequeños no se dan cuenta, pero cuando se van haciendo mayores y ven que allí no tienen futuro es realmente duro, porque se van a tener que separar de su familia".

El choque cultural es tremendo. Francisco, que es de los más veteranos del programa, confiesa que ha vivido muchas situaciones de este tipo. "Un año acogí a una chica y estaba asustada porque mi mujer estaba trabajando y se pensaba que no había ninguna mujer en casa", y en otra ocasión "fui a recoger a un chico en un coche azul y me dijo que estaba asustado porque se pensaba que era la Policía".

Otro caso es el de Marita, que este año se ha sumado por primera vez al programa, y afirma que "en una semana ya nos ha aportado más ella que nosotros a ella. Le encanta ir a la piscina y todo lo que aquí tenemos, pero tienen un vínculo especial con su familia, no hay nada que a ellos les sustituya eso". Además, confiesa que también es una forma de "enseñar valores a nuestros propios hijos, de abrirle las puertas de casa a otros que lo necesitan".

En el caso de Cristina repite por segundo año, y con el mismo niño, y explica que "el reencuentro con él ha sido emocionante. Manteníamos el contacto, y cuando lo dejamos por primera vez en el aeropuerto me di cuenta perfectamente del significado del hilo rojo, un vínculo que ni se ha roto ni lo hará jamás". Valora especialmente la generosidad de las familias saharauis ya que "con nosotros viven muchas 'primeras veces', como el hecho de ir a la playa. Cuando llamamos a los padres y les decimos lo que hacemos con ellos nos dan muchas veces las gracias, pero los que hemos de agradecerlo somos nosotros, que nos han dejado a sus hijos, que es lo más valioso que tienen".

Estos son tres ejemplos de familias que han abierto las puertas de su casa, y desde la asociación hacen un llamamiento, "¡necesitamos más familias!". Cualquier interesado puede ponerse en contacto con la Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui de Alcalá de Henares.

Chaia, Liha y Salem abren su corazón

Estos tres pequeños son tres de los 24 que llegaron a Alcalá de Henares la semana pasada, y todos tienen algo en común: las ganas de disfrutar y de querer a quienes hasta hace solo unos días eran completos desconocidos.

A la izquierda de la imagen Chaia, en el centro Salemn y a la derecha, la que está en el centro de las niñas, Liha

A la izquierda de la imagen Chaia, en el centro Salem y a la derecha, la que está en el centro de las niñas, Liha / J. L. Martín

A Chaia, que es la segunda vez que viene, lo que más le gusta de España son "la piscina y los helados. De mayor me gustaría ser profesora". Liha también es la segunda vez que se apunta al programa y como su amiga saharaui quiere "ser profesora. Siempre da pena irse de aquí, pero los últimos días tenemos ganas de ir al Sáhara, está nuestra familia allí". En el caso de Salem es su cuarta vez y cuenta que "me encanta venir a España. Me gustaría vivir aquí de mayor y mi sueño es ser futbolista".

Estos chicos, a pesar de lo que se pueda pensar, sí están deseando volver al Sáhara. Allí tienen su vida. El amor que sienten a su familia es especial. De hecho afirman, tanto ellos como las familias españolas, que "los últimos días están deseando irse". Y por ello estas familias alcalaínas que acogen afirman contundentes que es un choque material, pero jamás emocional. "¿Dejaría de enviar a mi hijo al mejor campamento del mundo porque este se acabe? Eso no tendría sentido".

Por delante les quedan tanto a familias como a los saharauis dos meses repletos de vivencias y amor, y después de agosto les quedará especialmente una familia para toda la vida. Porque, en ocasiones, y solo de forma excepcional, la familia sí se elige.