De los abanicos a las tablas
El "estigma" de Locomía: Antonio Albella revela cómo el grupo ha sido un obstáculo para su carrera como actor
El artista cuenta cómo la disciplina recibida por parte de sus padres le ayudó a mantener los pies en el suelo durante su etapa de éxito mundial en Locomía

Antonio Albella nació en Alcalá de Henares y ahora triunfa sobre las tablas / Isaac Doval
De la efervescencia de los abanicos al rigor de las tablas, Antonio Albella ha sabido navegar entre la gloria dance-pop y la vocación teatral más pura. El actor y antiguo integrante de Locomía nos abre las puertas de su memoria en su Alcalá de Henares natal, un refugio de piedra y literatura donde forjó una disciplina de hierro. En esta entrevista, Albella reivindica su esencia frente a las etiquetas, analiza la industria actual y rinde cuentas con el pasado desde el corazón de la ciudad de Cervantes.
¿De qué manera el haber crecido en la ciudad de Cervantes influyó en tu vocación y en ese porte que te caracteriza?
Crecer en Alcalá es crecer bajo el peso de un mito. Desde niño fui consciente de caminar por las mismas calles que Cervantes y eso te marca el carácter. Antes de dar mis primeros pasos en el teatro, ya me había empapado de su obra. Esa herencia me acompañó siempre; en mis viajes con Locomía comprobé que el mundo entero respeta Alcalá gracias a su genio. Mi vocación nació de esos ecos literarios.
Definiste a los integrantes de Locomía como "auténticos monjes" por su disciplina. ¿Cómo mantuviste los pies en el suelo ante un fenómeno de tal magnitud?
Gracias a la educación de mis padres, ambos profesores. Me criaron con una disciplina rigurosa y valores de esfuerzo. Cuando llegó el torbellino de Locomía, mi estructura mental ya estaba formada. Por dentro seguía siendo aquel chico de Alcalá que sabía que el éxito es efímero, pero los principios son permanentes.
Se sabe que hubo momentos de gran tensión interna, incluso agresiones de fans incitadas desde dentro del grupo. ¿Cómo se gestiona eso psicológicamente?
Era surrealista. En aquel momento no sabíamos que era el propio Xavier Font quien incitaba a las fans para que nos agredieran. En el programa 'Siempre en Domingo' (México) una seguidora me pegó, pero no me generó ningún trauma. La vorágine era tan grande que no tenías tiempo para asimilarlo; seguíamos adelante por puro instinto de supervivencia profesional.
El haber triunfado con Locomía ha sido un muro para el cine y la televisión
Tras el éxito masivo, ¿el "estigma" de Locomía te ha obligado a trabajar el doble para ser respetado como actor?
Absolutamente. Vivimos en un país de etiquetas; parece que no puedes ser un actor respetable si has tenido un éxito de dance-pop masivo. He encontrado mi sitio en el teatro, pero soy consciente de que Locomía ha sido un muro para el cine y la televisión. No me llaman para esos medios ignorando todo mi trabajo posterior. Es el precio que pagas por haber sido parte de un fenómeno.

El actor en una pose muy pensativo. / Isaac Doval
La creación necesita aire, tiempo para madurar y un concepto sólido
En los momentos de mayor acoso de la fama, ¿qué rincón de Alcalá te devolvía la paz?
Mi refugio siempre ha sido la esencia de mi ciudad. Mentalmente paseaba por la Calle Mayor; físicamente, cuando podía, me refugiaba en la Catedral-Magistral y el Palacio Arzobispal. Son lugares que te devuelven la perspectiva y te recuerdan quién eres más allá del disfraz y los focos.
Como amante de la estética, ¿crees que la industria musical de hoy es más libre o más prefabricada que en vuestra época?
Hoy es menos libre. El artista está obligado a sacar una canción al mes para no ser devorado por el olvido del algoritmo, y eso es lo opuesto al arte. La creación necesita aire, tiempo para madurar y un concepto sólido. Nosotros rompimos moldes con una estética que tenía alma; hoy veo mucha imagen, pero a menudo vacía. Se ha perdido el derecho a la pausa.
¿Qué consejo le daría el Antonio de hoy a aquel joven que soñaba con ser artista en la Plaza de Cervantes?
Que no desfallezca, porque la resistencia es la mayor virtud del artista. Le advertiría que este es un camino de fondo y que, cumplidos los 50, seguirá haciendo castings para vivir del teatro. Pero le daría una noticia que le llenaría de orgullo: aquel niño que admiraba a Cervantes acabará triunfando en las tablas del Teatro Salón Cervantes de su propia ciudad. Ese es el verdadero éxito.
Las vistas desde la antigüa Plaza de Toros y las patatas del Danubio
- Antonio Albella nació en Alcalá de Henares en 1968. Su adolescencia transcurrió en el 4.º piso de la calle Marqués de Alonso Martínez, frente a la antigua Plaza de Toros de Alcalá. Desde la ventana de su casa podía disfrutar de conciertos únicos. "Allí vi a Víctor Manuel y Ana Belén, a Rocío Dúrcal y Rocío Jurado, a Serrat, a Miguel Ríos", explica. En esa misma vivienda reside aún su padre, de 93 años.
- Recibió una educación rigurosa por parte de sus padres, ambos profesores. El padre, en el colegio Santo Tomás de Aquino —donde estudió Antonio—, y su madre, en el Lope de Vega. Más adelante se inscribió en el Instituto Pedro Gumiel y en el Teatro Escuela Libre de Alcalá, donde comenzó su carrera artística con Paz Carrero de profesora.
- Aunque reside en Madrid, Antonio Albella visita cada semana a su padre en Alcalá. Allí disfruta de unas patatas "sublimes" que preparan en la cafetería Danubio, en el Paseo de la Estación. "Son una especie de patatas bravas, como pochadas y fritas con una salsa de receta secreta".
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