Unidad Canina
Sía, Mulala y Lía: así son las tres perras que desde ahora patrullan las calles de Alcalá de Henares
La Policía Local de Alcalá de Henares ha incorporado a su Unidad Canina tres perras adiestradas para la prevención y seguridad ciudadana, con el objetivo de disuadir actividades ilícitas

Sía, Mulala y Lía, junto con dos agentes guías y el oficial Peinado forman la Unidad Canina de Alcalá de Henares / EPE
Desde el pasado 6 de febrero, la Policía Local de Alcalá de Henares tiene nuevos refuerzos... y hocicos. La Unidad Canina inicia su andadura en la ciudad complutense con un propósito: "ser una herramienta más de seguridad y, sobre todo, de prevención", indica el oficial Peinado, a cargo de la unidad, a este periódico.
Tres perras -Sía, Mulala y Lía- y sus dos agentes guías forman un binomio que, según destacan ellos mismos, "cambia la actitud de la gente con solo su presencia". Ya sea para controles rutinarios en fiestas, eventos o en el día a día en los alrededores de los colegios. La clave está en la prevención, "el primer día que haces un control, por ejemplo, en ferias, se incauta más y los días siguientes bajan progresivamente. Y esto demuestra que la presencia funciona", continúa Peinado. Este efecto disuasorio es, para la unidad, uno de los objetivos a cumplir.
Así es cada perra: Sía, la más veterana; y Mulala y Lía, madre e hija
Sía, Mulala y Lía trabajan a partir de la detección de olores específicos aprendidos durante su formación, en su caso, de varios años -el entrenamiento base dura entre 12 y 18 meses-. "Ellas no buscan droga porque se lo digamos, buscan un olor primario que tienen asociado", detallan los guías, quienes son además los dueños de las perras. Cuando lo localizan, realizan el marcaje y es el agente quien interpreta el resultado y "por ello cuanto mejor las conozcamos mejor". Este sistema permite intervenciones más rápidas y menos invasivas.
Sía es un pastor belga malinolis de ocho años. Es la más veterana de la unidad y destaca por su sensibilidad y enorme implicación en el trabajo pese a ser su primera experiencia en una Unidad Canina. Lleva formándose desde muy joven junto a su guía, con quien mantiene un vínculo muy sólido. Disfruta especialmente trabajando y jugando, y su motivación es clave en su rendimiento. Representa el perfil típico del malinolis de trabajo: energía, inteligencia, rapidez de reacción y gran concentración.
Por su parte, Mulala es la única con experiencia previa. Es un pastor alemán de seis años que fue adquirida por su dueño, ahora también guía, específicamente para el trabajo policial cuando tenía ocho meses. En el trabajo, es descrita como minuciosa y metódica en las búsquedas, aportando equilibrio y fiabilidad al equipo. Mientras que su carácter se distingue por su tranquilidad y ternura.
Y por último, pero no por ello menos importante, está Lía. Hija de Mulala, es un cruce de tres años; es la más impulsiva y físicamente potente del grupo. Como explica su dueño, "fue un accidente", ya que su madre se quedó embarazada por un descuido. Sin embargo, desde cachorra mostró aptitudes que llevaron a formarla Tiene un gran potencial y es la que más adiestramiento requiere por su juventud. Además de detectar sustancias, también está entrenada para la detección de dinero.
La relación entre el guía y el perro, la clave del éxito
Los agentes insisten en que el vínculo es esencial. Conviven con los perros en casa, lo que les reduce el estrés y mejora el rendimiento. El binomio perro-guía funciona porque el agente conoce cualquier gesto o reacción mínima que pueda indicar un hallazgo. Una decisión puramente vocacional por parte de los guías pese a que reciben un complemento de manutención.
Sin embargo, el trabajo no termina al acabar el turno. "Esto es 24 horas", reconocen. La formación es continua y la evaluación constante. "Si notas que flojea en algo, lo refuerzas los días siguientes". Su entrenamiento se basa en la asociación de olores a una experiencia positiva. Desde edades tempranas se les enseña a identificar sustancias concretas vinculadas al juego. Se trabaja en escenarios simulados y reales, aumentando la dificultad progresivamente.
Y en cuanto a cómo son premiadas... El adiestramiento se basa en recompensas y en jugar. "Para ellas trabajar es jugar", aseguran los guías. No se emplean castigos, sino motivación constante. Sin embargo, este premio no son chuches "sino un rodillo o algún juguete, reconocen esto como un premio mayor y así comprenden que es más importante lo que han hecho".
Con la unidad ya operativa, la previsión es consolidar su presencia en la ciudad y ampliar progresivamente sus capacidades: “nos gustaría poder incluir un perro más”, asegura la concejala de Seguridad, Orlena de Miguel, a este periódico. Una apuesta clara por una seguridad más preventiva y eficaz.
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