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TOROS

Diego Urdiales lo borda en Colmenar Viejo: los naturales que traspasan el alma

El maestro de La Rioja firma, de nuevo, otra obra para el recuerdo en la feria de los Remedios y corta dos orejas a un toro de Juan Manuel Criado

Diego Urdiales pasea las dos orejas del cuarto, ayer en Colmenar Viejo

Diego Urdiales pasea las dos orejas del cuarto, ayer en Colmenar Viejo / Circuitos Taurinos

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Jaime Roch

Jaime Roch

No hay muchos toreros por los que merezca la pena hacer kilómetros, sumar horas de coche y emprender un viaje. Toreros capaces, antes incluso de vestirse de luces, de despertar esa presumible y cada vez más escasa capacidad de sugerencia que llamamos ilusión por el toreo. De hacer que el camino hacia una plaza tenga ya, por sí solo, algo de acontecimiento.

Pero en este verano que ya languidece, debutamos un 1 de septiembre en la plaza de toros de la Corredera, en el cuarto festejo de la Feria de los Remedios, en Colmenar Viejo -la madrileña plaza que conserva la memoria de José Cubero Yiyo- para ver al maestro Diego Urdiales, cuya forma de torear ha encontrado satisfactorio acomodo en Madrid tras ser uno de los triunfadores de San Isidro. Con él, también hacía el paseíllo David de Miranda y Víctor Hernández.

Y tanto que Diego encontró este martes esa inspiración frente a un toro de Juan Manuel Criado, con el que dibujó unos naturales que traspasan el alma, tal y como se titula esta crónica.

Así que me sentía deudor contaros lo vivido a partir de su forma de torear, con el objetivo de desglosar la materia interior del lenguaje de su forma de sentir que tanto nos emocionó en Colmenar, esa plenaria condición creadora que todavía hoy me sigue resultando paradigmática.

Desde el fondo del tiempo, su toreo, que radica en la frontera de lo natural y lo sobrenatural, me llegó al alma para arrancarme el ole, la emoción y la lágrima; para reconocer mi sueño adolescente, preñado de sueños toreros y quimeras, en la romántica entrega de su arte.

Fue un privilegio encontrarse con esas tres series de naturales esculpidas en el piadoso mármol del ruedo, tan difíciles de emular las tres y gozosamente reveladoras de la tauromaquia de Diego Urdiales, durante ese peregrinaje desconcertante por los fondos enigmáticos del toreo.

Hondísimo natural de Diego Urdiales: las puntas de las zapatillas son la primera señal de pureza

Hondísimo natural de Diego Urdiales: las puntas de las zapatillas son la primera señal de pureza / Circuitos Taurinos

Así que en esas lindes de su tauromaquia, Urdiales es sin paliativos un maestro. Otra estocada más de perfecta ejecución, con las dos puntas de las zapatillas mirando al toro y el pecho sobre el morrillo. No sé cuántas estocadas ya lleva así esta temporada, pero sí demuestra que es uno de los mejores interpretes de la suerte suprema de la actualidad. Para ponerla, definitivamente, en las escuelas taurinas.

Así que volvimos a coger el coche con el corazón colmado del buen toreo, del auténtico, del toreo con mayúsculas. Ese que llega tanto por la tremenda hondura, con las muñecas rotas y los riñones metidos, como un soplo de marisma para confesarnos, Diego, cómo estás enamorado del toreo.

Porque te rompiste toreando para depositar en tantas almas como te contemplaban la remota torería que te envenena. La torería, esa palabra única, sobreviviente, que puede almacenar nuestros sueños y defenderlos de toda vanidad, purificando nuestro sentimiento interior.

El temple, la naturalidad, el empaque, la profundidad, la gracia, la técnica tan amplia como invisible -una de las claves del toreo de Urdiales- y el valor tremendo que sostiene el compás más rítmico se aunaron en este recital que el maestro de la Rioja dio con el toro.

Apunten la fecha: 1 de septiembre de 2026. En las sienes del tiempo, en el silencio de los calendarios, permanecerá esta obra de Urdiales. Esa es la verdadera dimensión del arte del toreo.