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DEPORTES

Qué fue de Nadia Comaneci, la mujer que obtuvo el primer diez en gimnasia de la historia olímpica

La ex deportista rumana llegó a ser encumbrada a la categoría de héroe nacional y se convirtió en la mejor embajadora del régimen del dictador comunista Ceaucescu

La gimnasta rumana Nadia Comaneci, en 2023.

La gimnasta rumana Nadia Comaneci, en 2023. / EUROPA PRESS

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Madrid

La actuación de Nadia Comaneci en los Juegos Olímpicos de Montreal 1976 marcó un punto de inflexión en la gimnasia artística. El 18 de julio de ese año, aquella jovencísima y desconocida gimnasta de un país lejano y misterioso, Rumanía, ejecutó un ejercicio sublime en las barras asimétricas, dejando a todos patidifusos y haciendo saltar por los aires el marcador electrónico, que no preveía la posibilidad de que una persona alcanzara la perfección. Comaneci obtuvo el primer diez en gimnasia de la historia olímpica, y con su gesta conquistó el corazón del mundo entero, que a partir de ese momento la bautizaría con el apodo de hada de Montreal.

La ganadora de nueve medallas olímpicas nació en noviembre de 1961 en el noreste de Rumanía. A los seis años fue vista jugando a ser gimnasta en el patio del colegio por Béla Karolyi, un exigente técnico húngaro que enseguida la reclutó para su escuela en la pequeña aldea de Onești, donde la moldearon hasta convertirse en una campeona invencible. Años más tarde saldrían a la luz los métodos abusivos y denigrantes que Karolyi y su mujer Martha usaban con las crías que pasaban por su academia. De hecho, en un libro elaborado a partir de informes de la Securitate (la policía secreta durante el régimen comunista) se explica que Comaneci fue sometida a un régimen de terror con maltrato físico y psicológico. Como bien escribió la periodista Nora Fornés, los Karolyi “castigaban con palizas los errores de las chicas y las obligaban a entrenar y a competir aunque estuvieran enfermas, haciendo caso omiso de lesiones y de las indicaciones de los médicos deportivos”.

MMONTREAL  1976  NADIA COMANECI   ESTRELLA DE LA GIMNASIA  MUNDIAL FOTO  JEAN PIERRE LAFFONT  SIGMA. PUBLICADA EPC 14/03/2015 P 46 - 47

Nadia Comenaci, en 1976. / OTROS

Con aquel espectacular triunfo en Montreal, Comaneci fue encumbrada a la categoría de héroe nacional y se convirtió en la mejor embajadora del régimen del dictador comunista Ceaucescu. “Claro que el Comunismo utilizaba a sus atletas para hacer propaganda. La única diferencia con los atletas actuales de países capitalistas es que estos ondean la bandera de Nike además de la de su país”, ha comentado al respecto la escritora francesa Lola Lafon, autora de La pequeña comunista que no sonreía nunca, una especie de biografía novelada de la deportista que inspiró a millones de niñas en todo el mundo. “17 segundos cambiaron mi vida para siempre en un momento en el que mucha gente buscaba inspiración”, comentó la rumana. “Muchas personas con las que me encuentro ahora, décadas después, me cuentan que pensaron en mí en los momentos difíciles de su vida. Han visto mi valentía para encontrar una luz, algo positivo".

La carrera de nuestra protagonista culminó con su exitosa participación en los Juegos Olímpicos de Moscú en 1980 (dos medallas de oro y dos de plata), a pesar de los esfuerzos de los árbitros controlados por la URSS para reducir sus posibilidades de subir al podio. Ya entonces, la niña menuda de metro y medio de altura y apariencia frágil había dado paso a una muchacha algo más alta y más ancha, lo que decepcionó a algunos y generó ciertos titulares desagradables. “La niña se transformó en mujer. Veredicto: la magia se esfumó”, sentenció un artículo de la época. Después de competir en Moscú, Comaneci acudiría a Los Angeles 84, aunque ya no como deportista sino como miembro de la delegación de Rumanía, uno de los pocos países de la órbita soviética que rechazó sumarse al boicot a los Juegos Olímpicos instado por la URSS contra Estados Unidos.

10 días desaparecida

A pesar de que entonces era uno de los personajes más populares de Rumanía, las relaciones de Comaneci con las autoridades del gobierno de Ceaucescu estaban bastante deterioradas. No en vano, tras su retirada de la competición y la deserción de sus entrenadores Béla y Martha, que aprovecharon una gira por el extranjero para fugarse, el dictador temió que también ella lo hiciera y pasó a someterla a una rigurosa vigilancia que incluía el fisgoneo de sus llamadas telefónicas y la prohibición de viajar al extranjero, salvo en contadas ocasiones. “La opresión a la que estaba sometida Comaneci hizo que, en más de una ocasión, la deportista diera esquinazo a la policía y permaneciera varios días ilocalizable”, apuntó una revista. “Una de las más sonadas fue cuando desapareció diez días del control de las autoridades y solo pudo ser encontrada después de un gran despliegue policial a las órdenes del general Ion Mihai Pacepa, responsable de la policía secreta”.

HAB05. LA HABANA (CUBA), 22/01/2016.- La gimnasta rumana Nadia Comaneci (d) posa con el atleta cubano Manrique Larduet (i) durante una visita a la Escuela Nacional de Gimnasia de Cuba hoy, viernes 22 de enero de 2016, en La Habana (Cuba). Comaneci se encuentra en la isla como invitada de los organizadores del Grand Prix de Judo, certamen en el que competirán representantes de más de 60 países. EFE/Alejandro Ernesto. HORIZONTAL

Nadia Comaneci posa con el atleta cubano Manrique Larduet, durante una visita a la Escuela Nacional de Gimnasia de Cuba. / EFE

Fue en otoño del 89, un mes antes de la caída de Ceausescu, cuando Comaneci decidió huir de su país. Un día cruzó la frontera con un grupo de disidentes a Hungría, donde cogió un avión rumbo a Estados Unidos, y en este país pidió asilo político y ahora lleva viviendo cerca de cuatro décadas. Por cierto que, tras instalarse en tierras americanas, Comaneci tuvo que salir a desmentir unos cuantos rumores puestos en circulación por un sector de la prensa interesado en venderla como un ser oscuro. Entre ellos, que a los 15 años intentó quitarse la vida bebiendo medio litro de lejía o que durante una temporada llegó a gozar de inmensos privilegios económicos, villas de ocho habitaciones y coches caros gracias a un supuesto romance tormentoso con el hijo de Ceaucescu, Nicu. Aunque negar estos hechos no fue lo único que Comaneci hizo durante sus primeros años en occidente. La medallista mundial y olímpica también participó en distintas campañas publicitarias, como aquella de la marca de ropa interior femenina Jockey que permitió ver colocada una enorme valla con su imagen en Times Square, y apareció en lucrativas exhibiciones de gimnasia.

Vida familiar

En 1994 aprovechó su participación como promotora del Campeonato Mundial de gimnasia celebrado en Dortmund para anunciar su compromiso matrimonial con Bart Connor, gimnasta del equipo olímpico de Estados Unidos. En ese momento, la pareja llevaba tres años conviviendo en la ciudad de Norman, en Oklahoma, donde ambos regentaban una academia de gimnasia (en el que la rumana ejercía como preparadora y reclamo para captar nuevos alumnos). En el 96 se casaron en el Palacio del Parlamento de Bucarest, en Rumanía, país al que ella ha seguido viajando para visitar a sus familiares y participar en la gestión de una clínica infantil y una fundación benéfica que llevan su nombre, y en 2006 dieron la bienvenida a su hijo Dylan. Desde entonces, Comaneci compagina su vida familiar con sus viajes promocionando ese deporte del que fue estrella y una serie de negocios que comparte con su esposo.

MD27. MADRID, 17/10/08.- La ex gimnasta rumana Nadia Comaneci da una clase de gimnasia durante su visita a Madrid para presentar un proyecto conjunto de la Fundación Laureus España y Special Olympics. EFE/Gustavo Cuevas. GIMNASIA. EX GIMNASTAS. PROYECTOS SOLIDARIOS. SOLIDARIDAD. ASOCIACIONES DE DISCAPACITADOS.

Nadia Comaneci da una clase de gimnasia durante su visita a Madrid. / EFE

Además de seguir regentando su gimnasio, el matrimonio comercializa una línea de productos y equipaciones para practicar gimnasia, dirige una productora de eventos deportivos y publica la prestigiosa revista International Gymnast Magazine. Hoy día, Comaneci cuenta 64 años y vive bastante retirada del foco. “Sigo amando la gimnasia, aunque ya no pueda practicarla mucho”, comentó hace unos meses en una entrevista concedida en el contexto de los premios Laureus, de los que es miembro fundadora. “Entreno todos los días entre 30 y 40 minutos: bicicleta, pesas ligeras, estiramientos... El secreto no está en la cantidad, sino en la constancia, que se convierte en un estilo de vida. Es un secreto a voces. Tienes que encontrar algo que te funcione e invertir en ello”.