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ENTREVISTA

Carlos Rolandi (Fundación También): "Cuando haces deporte, la discapacidad pasa a un segundo plano"

Es licenciado en económicas, y dirige la Fundación También que está situada en pleno barrio de Hortaleza. Un proyecto con más de un cuarto de siglo de vida que fundó Teresa Silva, y que lucha porque el deporte, ocio y tiempo libre sean accesibles para todas las personas con discapacidad.

Carlos Rolandi, director ejecutivo de la Fundación También, en la puerta de su sede.

Carlos Rolandi, director ejecutivo de la Fundación También, en la puerta de su sede. / Alba Vigaray

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Álex González

Álex González

Madrid

¿Cuál es el objetivo por el que lucha a diario en esta fundación?

A diario luchamos para que el deporte, el ocio y el tiempo libre sean accesibles para todos, sin excepciones. Queremos que las personas con discapacidad tengan las mismas oportunidades de llevar una vida activa y saludable. Para nosotros, el deporte adaptado es el vehículo principal hacia la inclusión real. Creamos entornos donde personas con y sin discapacidad comparten momentos únicos, respaldados por las herramientas y los profesionales técnicos necesarios para garantizar el éxito y la seguridad de cada actividad.

¿Son los menores los principales beneficiados?

Los menores y sus familias son un pilar fundamental para nosotros, pero no los únicos. Aunque atendemos a personas de todas las edades, desde niños muy pequeños hasta adultos con cualquier tipo de discapacidad física, intelectual o sensorial, ponemos un foco muy especial en la infancia y la juventud. El deporte a edades tempranas tiene un impacto inmediato en su autoestima y en su desarrollo diario. Además, al apoyar a los más pequeños no solo mejoramos su presente, sino que sembramos la semilla de un futuro mucho más inclusivo para todos.

¿Y cómo lo hacen?

Con programas de sensibilización y deporte escolar como nuestro programa pionero, 'Deportodos Colegios', en los que trasladamos a centros educativos, tanto ordinarios como de educación especial, una multiactividad deportiva con material adaptado (sillas de baloncesto, handbikes de diferentes tipos, fútbol para personas con discapacidad visual, boccia...). Es decir, no es tan solo una charla teórica, que también nos sirve para asentar las bases y conocer sus dudas, sino que el objetivo es que los alumnos sin discapacidad se sienten en esas sillas o hagan esos deportes adaptados y experimenten en su propia piel cómo se practica el deporte. Al ponerse en el lugar del otro de manera lúdica, a través del juego, la empatía surge de forma natural y fomenta el respeto. Por otro lado, nuestras visitas a los colegios de educación especial son de una riqueza increíble. Para estos alumnos, supone una oportunidad única de acceder a un material técnico muy costoso y específico que muchas veces sus centros no pueden tener. Les permite descubrir disciplinas deportivas que ni imaginaban que podían practicar, experimentar una inmensa sensación de libertad y esto demuestra también a sus profesores y familias que pueden realizar los mismos deportes con la adaptación y el apoyo adecuado.

¿Tienen alguna novedad especial?

Si, este año hemos llevado a cabo un programa que se llama 'Todos somos únicos'. La gran ventaja es que, al haberlo desarrollado de manera piloto y profunda en un único centro, hemos podido transformar la típica jornada puntual de sensibilización en un proceso de aprendizaje continuo. Al espaciar y profundizar las actividades, los valores de empatía, inclusión y respeto se asientan de verdad en su día a día, logrando un cambio real de actitudes a medio y largo plazo. Este trabajo durante todo el curso escolar nos permite medir con precisión el impacto real de nuestras dinámicas en el comportamiento de los niños a lo largo del curso, lo que nos ayudará a perfeccionar el programa para poder replicarlo en el futuro en muchos más colegios.

La Fundación También lucha lucha para que el deporte, el ocio y el tiempo libre sean accesibles para todas las personas con discapacidad.

La Fundación También lucha lucha para que el deporte, el ocio y el tiempo libre sean accesibles para todas las personas con discapacidad. / Alba Vigaray

¿Cómo surgió la idea de esta fundación?

La verdad es que todo esto empezó por Teresa Silva, nuestra presidenta. Teresa y yo éramos unos apasionados del deporte, de los que no paraban quietos. Pero en 1998 todo cambió de golpe porque Teresa sufrió un accidente de parapente gravísimo que le causó una lesión medular y la dejó en silla de ruedas. Cuando intentó volver a la carga y recuperar su vida deportiva, se dio de bruces con un muro enorme. En aquel entonces, no había casi opciones de ocio adaptado y, para colmo, conseguir el material especial era prohibitivo de lo caro que era. Pero Teresa no es de las que se rinde. Decidió que había que romper esa barrera y se le ocurrió una idea genial como fue crear una fundación que comprara todo ese equipamiento tan costoso y hacer actividades para que los que lo necesitaran pudieran disfrutar. Queríamos que cualquiera, sin importar su bolsillo, pudiera sentir esa libertad y decir "¡Yo también puedo!". Así que en el 2000 arrancó este proyecto y, desde entonces, nos dejamos la piel para que nadie se quede fuera de juego. Teresa fue el "conejillo de indias" de muchas actividades donde probamos y vimos de qué manera poder llevarlas a cabo para todo el mundo. Yo, por mi parte, fui el primer voluntario de Fundación. Al principio éramos ella, yo y un pequeño equipo, después de 26 años seguimos creciendo y contentos con la filosofía inclusiva que ya abarca distintas generaciones.

¿Qué beneficios tiene el deporte para la inclusión social?

Siempre lo digo, cuando estás en la nieve, en el agua o montado en una bici adaptada, la discapacidad pasa a un segundo plano. Ahí fuera no hay etiquetas, solo deportistas disfrutando. En la fundación no hacemos diferencias; lo que buscamos son las adaptaciones necesarias para que cada persona sea lo más autónoma posible. Y si hace falta un empujón, ahí está nuestro equipo técnico, pendiente de cada detalle, pero sin quitarles el protagonismo. Por eso, cuando ves una de nuestras actividades, lo que presencias es la verdadera normalización de la diversidad. Esa seguridad que ganas cuando, por ejemplo, controlas una bici por ti mismo no se queda en la pista; te la llevas a casa, al colegio, al trabajo y a tu día a día. El deporte te regala una autoestima increíble y, por supuesto, te ayuda a ejercitar el cuerpo, algo que es vital para cualquiera, pero que en el caso de las personas con discapacidad se vuelve aún más crucial para su salud y bienestar. Y luego, claro, está el factor humano. Lamentablemente, la discapacidad a veces aísla mucho, no solo a quien la tiene, sino a toda su familia. El deporte se convierte en la excusa perfecta para salir de casa, hacer piña, compartir risas y tejer una red de apoyo donde todos se sienten uno más. Y nosotros tenemos la inmensa suerte de llamar a muchos de ellos "familia"... la gran familia de la Fundación También.

¿Ayudan a las familias que lo necesiten con el material adaptado?

¡Claro! Y no solo ayudamos a las familias en su día a día. Nos volcamos un montón con los colegios. A veces nos llama un centro porque tienen programada una salida, una excursión o un día de ciclismo, y se encuentran con que el niño o la niña con discapacidad se va a quedar fuera porque no tienen una bici o el material adecuado para que participe. Eso a nosotros nos duele en el alma; ningún chaval debería perderse una vivencia así con sus compañeros de clase. En esos casos, nos movemos rápido. Les prestamos el material adaptado que necesitan para esa actividad concreta para garantizar que ese alumno pueda ir y disfrutar de la excursión como uno más. Eso sí, siempre hacemos encaje de bolillos y todo lo humanamente posible para ayudarles, teniendo muy en cuenta que nosotros podamos seguir sacando adelante las actividades que ya tenemos programadas en nuestro propio calendario. Al final, nuestro material está siempre en constante movimiento, pero con una buena coordinación y muchas ganas, casi siempre encontramos la manera de que nadie se quede atrás.

¿Los voluntarios y personal que trabaja con ustedes tienen algún tipo de formación específica?

Para nosotros la formación es sagrada; no puedes poner a nadie en la nieve o en el agua sin que sepa exactamente qué hace. Es seguridad para nuestros usuarios y para ellos mismos, no se puede hacer de otro modo. A los voluntarios les enseñamos nosotros mismos las pautas de trato a las personas, las complejidades de los diferentes tipos de discapacidad y cómo manejar debidamente el material adaptado. Nuestro personal técnico tiene un gran nivel, ellos son profesionales puros que dominan cada adaptación al milímetro y siempre están formándose incluso antes de que entren a trabajar con nosotros, porque seguramente ya han venido como prácticas, voluntario y/o colaborador.

¿Cómo puede ayudar una persona que conozca hoy su fundación?

Mira, si alguien nos acaba de conocer hoy y quiere echarnos una mano, tiene un abanico enorme de opciones. Siempre digo que toda ayuda suma, no importa el tamaño, porque al final todo se traduce en más sonrisas y más deporte. Para empezar, una de las formas más bonitas es hacerse voluntario. No hace falta ser un atleta ni un experto; como te decía antes, nosotros nos encargamos de formarte. Solo necesitamos gente con ganas, energía y empatía para ayudarnos en las actividades, ya sea acompañando a los chicos en las bicis, en el agua o en la nieve. El voluntariado es el alma de esta fundación. Luego, lógicamente, está el apoyo económico, que es vital para nosotros. Mantener y renovar el material adaptado es carísimo. Se puede colaborar de muchas maneras, que van desde haciéndose socio con una aportación periódica, haciendo un donativo puntual a través de nuestra web o incluso utilizando Bizum. Además, para las empresas, tenemos programas de RSC estupendos, desde voluntariado corporativo hasta patrocinios de eventos y escuelas. Y hay algo sencillísimo que cualquiera puede hacer desde ya: ayudarnos a difundir. Que nos sigan en redes sociales, que compartan lo que hacemos y que hablen de nosotros a sus conocidos, a colegios o a familias que puedan necesitar nuestra ayuda. Muchas veces, el simple boca a boca hace que un chaval que estaba en su casa pensando que no podía hacer deporte nos descubra y le cambie la vida. Así que, como ves, ¡es imposible no encontrar una forma de arrimar el hombro!

Carlos Rolandi, en la sede de la Fundación También.

Carlos Rolandi, en la sede de la Fundación También. / Alba Vigaray

¿Organizan actividades para familias?

Hay que tener en cuenta que cuando la discapacidad entra en una casa, no le afecta solo a la persona que la tiene, afecta a todos. Las rutinas cambian, el estrés a veces se dispara y, por desgracia, las opciones de ocio juntos se reducen muchísimo. Por eso, en la Fundación También no nos limitamos a que el niño o el adulto con discapacidad haga deporte solo; lo que buscamos es que lo comparta con los suyos. Organizamos un montón de actividades pensadas para disfrutar en familia: desde fines de semana de ciclismo, piragüismo o surf, hasta campamentos de verano y nuestros ya famosos viajes de esquí adaptado. La magia de estas actividades es que los hermanos, los padres o las parejas participan exactamente igual, compartiendo las mismas risas, los mismos retos y los mismos madrugones. Es maravilloso ver cómo se crean lazos con otras familias que están pasando por lo mismo, formando una red de apoyo tremenda. Al final del día, ver a padres e hijos disfrutando del deporte en igualdad de condiciones, como cualquier otra familia, es la definición pura de lo que hacemos. Para nosotros son eso, la gran familia de la Fundación También.

¿Ayudan a las personas con discapacidad también a que puedan competir en diferentes disciplinas?

Sí, aunque nuestro gran motor diario es el deporte de ocio y de base, que es donde empieza todo, tenemos muy claro que, si un deportista tiene la motivación, el talento y las ganas de competir, nosotros tenemos que ser su trampolín. No podemos dejar que su sueño se frene por falta de apoyos o de material especializado y tenemos al equipo técnico que es muy capaz de llevarlo a lo más alto.

¿Y tienen un equipo de competición oficial?

Sí, les facilitamos los entrenamientos, el material técnico de altísimo nivel que requiere la competición y el acompañamiento de nuestros mejores profesionales. De hecho, antes te hablaba de Audrey Pascual, pero es que el caso de Audrey es el reflejo perfecto de este camino. Ella empezó con nosotros desde muy pequeña en los cursos de iniciación al esquí adaptado que organizamos en Sierra Nevada, simplemente para disfrutar de la nieve en familia. Vimos su potencial, pasó a nuestro equipo de competición y, con el entrenamiento constante de Jaime Hernández y su esfuerzo y dedicación, ha llegado a ganar cuatro medallas en los últimos Juegos Paralímpicos de Invierno. Pero no solo apoyamos el esquí; también impulsamos a deportistas en otras disciplinas como el ciclismo adaptado o el pádel, organizando y participando en campeonatos nacionales e internacionales. Para nosotros es un orgullo inmenso verlos competir, no solo por las medallas que traen a casa, sino porque se convierten en referentes reales. Demuestran a todo el mundo, y especialmente a otros chavales con discapacidad que los ven desde casa, que, con esfuerzo, los apoyos adecuados y mucha constancia, no hay meta que se les resista. ¡Y me viene al pelo que me lo preguntes, porque estamos de estreno! Acabamos de crear nuestro primer equipo de competición de escalada adaptada. Es un proyecto precioso que nos tiene a todos con una ilusión tremenda, pues además la escalada (que llevamos haciéndola años en Fundación) se ha vuelto paralímpica. ¡Quién sabe si estaremos de nuevo en lo alto de podio!

Tras más de 25 años desde que se crease la fundación, ¿qué es lo más gratificante de luchar por las personas con discapacidad?

Si me preguntas qué es lo más gratificante de estar al pie del cañón todo este tiempo, te diría que es, sin duda, ver la transformación real en la vida de las personas. No hay absolutamente nada que se compare al momento en que un chaval, o un adulto, llega por primera vez a una de nuestras actividades con miedo, con la cabeza llena de "no puedo", pensando que por estar en una silla de ruedas o tener cualquier otra discapacidad jamás va a poder deslizarse por la nieve, montar en bici o subir un rocódromo. Y de repente, tras unas horas con nuestro equipo y el material adecuado, ves cómo se le ilumina la cara, se le escapa una sonrisa de oreja a oreja y te mira diciendo: "¡Lo he hecho!". Esa chispa de libertad, ese subidón de autoestima, de adrenalina, te aseguro que no tiene precio. Es adictivo. Y nuestro equipo también. La manera en la que tratamos a las personas es lo más valorado, además de la actividad en sí. Y es que llevar ya más de un cuarto de siglo en esto nos regala una perspectiva preciosa: hemos visto crecer a muchos de ellos. Niños que llegaron siendo muy pequeñitos, tímidos y con muchas barreras, y que hoy son adultos totalmente autónomos, seguros de sí mismos y que se comen el mundo. Al final, ver que todo el esfuerzo diario sirve para que miles de familias se sientan arropadas, dejen a un lado las preocupaciones por un día y disfruten de la vida como cualquiera, es lo que nos da la gasolina para seguir adelante. Saber que hemos puesto nuestro granito de arena para que este mundo sea un poquito más justo y feliz es, de lejos, el mejor regalo de este viaje.

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