ARTE
Jarras flavias, copas 'carchesium'... el ajuar milenario que restaura el Museo Arqueológico Nacional
Arqueólogos del MAN trabajan en la limpieza y conservación de frascos, cuencos y ungüentarios romanos, algunos con más de 2.000 años de antigüedad

Vasija romana siendo restaurada en el Museo Arqueológico Nacional, en Madrid. / EFE/ Kiko Huesca
Cristina Lladó (EFE)
El Museo Arqueológico Nacional (MAN), en Madrid, restaura 187 delicados recipientes de vidrio romano de entre los años 30 a. C. hasta la época tardorromana que ahora están en manos de una arqueóloga especializada. Son piezas de azarosa vida milenaria, pero cuyo diseño no ha perdido un ápice de actualidad.
Este verano, cajas y más cajas de delicados frascos, cuencos, vasitos y ungüentarios cubiertos de barro y residuos aguardan a ser limpiados sobre una larga mesa en el taller de restauración del Museo Arqueológico Nacional (MAN), gracias al apoyo de la Fundación Iberdrola.

Recipientes de vidrio romano restaurados en el Museo Arqueológico Nacional (MAN). / EFE/ Kiko Huesca
Armada con un pequeño hisopo y agua con alcohol, la también conservadora y restauradora Elena Mora acaricia suavemente la superficie de una bella jarrita de vidrio verdoso cubierta de residuos mientras explica a EFE la azarosa vida de estas piezas. Se trata de los vidrios más antiguos de una magnífica colección reunida por los Giralt, una familia de vidrieros catalanes, y en especial Enrique Giralt Rocamora, quien en los años 50 del siglo pasado se propuso reunir piezas que narraran la propia historia del material con el que habían construido su oficio.
Con el tiempo, su empeño cristalizó en una colección de 255 objetos, un conjunto excepcional que permite recorrer más de dos mil años de técnicas, usos y formas, y que ahora custodia el MAN, que los prepara para su exposición a principios de 2027, detalla la subdirectora, Cristina Villar.

La subdirectora del Museo Arqueológico Nacional, Cristina Villar. / EFE/ Kiko Huesca
Vidrios romanos
Las piezas más especiales de la colección son las 187 piezas de vidrio que provienen de todo el Imperio romano, también de Oriente Próximo y norte de África. A ellos se suman un pequeño grupo de piezas realizadas en pasta vítrea con una datación anterior, en torno al 300-200 a.C. de yacimientos de la zona siriopalestina, lugar en el que se origina la fórmula para la realización del vidrio.
Según la restauradora, se cree que fueron los fenicios, cocinando en una playa, los que observaron que la arena de silicio se derretía a altas temperaturas y que con la pasta resultante se podían elaborar recipientes traslúcidos perfectos para conservar bebidas, aceites y perfumes. Con el tiempo se desarrolló la técnica del soplado, con lo que los recipientes de vidrio dejaron de ser exclusivos bienes de lujo y su uso se extendió por todo el Imperio romano, especialmente para piezas de vajilla, cosmética u objetos de tocador.
Y así es como han llegado a nuestros días las jarras flavias, frascas de exactamente un litro de capacidad y que, en el caso de la que espera a ser restaurada, es de un bello color agua verdoso y con una pequeña asa de vidrio estriado. Al ser tan estrecha su boca, Mora ha decidido no limpiar el interior, por lo que la jarra trasluce unas aguas marrones, amarillas y rojizas que no hacen sino aportar misterio y profundidad a la pieza. También los cuencos de costilla pequeños platillos de cristal decorados con unas nervaciones en el exterior, muy similares a piezas de vajilla de hoy en día, lo que prueba que no se ha inventado nada, que se siguen utilizando los mismos recipientes que hace 2.000 años. O la copa 'carchesium' un vaso de origen griego o romano con forma de copa alta y dos asas verticales que era utilizada habitualmente en banquetes para beber vino.

Una de las vasijas del ajuar milenario que restaura el MAN. / EFE/ Kiko Huesca
También destacan unos delicadísimos vasitos que han perdido la transparencia y ahora presentan una superficie irisada, fruto de la desvitrificación, que no es sino la pérdida de los componentes alcalinos y la consiguiente escamación del vidrio. El resultado es de una belleza y delicadeza que deja sin aliento: unos vasitos con iridiscencias azules, moradas y rosas que cambian y bailan con la luz, describe Mora mostrando con evidente orgullo una de estas piezas.
En total, son decenas de jarritas, cuencos, platillos y ungüentarios cuentagotas, cada uno con sus bellísimas imperfecciones a los que la restauradora prevé dedicar 10 meses de trabajo, con el objetivo de presentarlos al público el próximo mes de marzo.
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