GASTRONOMÍA
El 'boom' del ramen en Madrid: el japonés que sirve 7.000 cuencos al mes entre Malasaña y Chamberí
Con motivo del Día Internacional del Ramen, Komainu reivindica este plato japonés como algo más que una sopa: fideos hechos en casa, caldos de más de 12 horas y cero atajos

Komainu celebra el Día Internacional del Ramen con una propuesta basada en fideos hechos en casa, caldos largos y elaboración artesanal. / Cedida

Madrid se ha rendido al ramen. Lo que hace unos años sonaba a plan de nicho se ha convertido en una de las comidas urbanas más buscadas de la ciudad: rápida, reconfortante, asequible y con suficiente personalidad como para levantar auténticos templos alrededor de un cuenco. En la capital, un ramen puede moverse entre los 6,40 euros de las opciones más sencillas y los 15 euros de las versiones artesanales, pero la fiebre va mucho más allá del precio. Hay barras especializadas, delivery, kits para terminar en casa y una clientela que ya distingue entre un caldo correcto y uno con fondo.
Con motivo del Día Internacional del Ramen, que se celebra el 25 de agosto, Komainu reivindica desde Madrid la autenticidad de uno de los platos más populares de Japón. El restaurante, con locales en Chamberí —calle José Abascal, 13— y Malasaña —calle Manuela Malasaña, 9—, sirve alrededor de 7.000 ramen al mes, una cifra que ayuda a medir el auge de este plato en la ciudad.

Uno de los ramen emblemáticos de Komainu, el plato con el que nació el proyecto y que sigue marcando la identidad de la casa. / Cedida
La casa nació con una frase que funciona casi como lema. "Nuestro Komainu ahuyenta al mal ramen para que no entre en tu casa", resume Gonzalo Ibáñez, que impulsa el proyecto junto a su pareja Aska Okumura. La referencia no es casual: los komainu son los guardianes japoneses que protegen la entrada de los templos. Aquí, la misión simbólica es otra: proteger al ramen de las versiones sin alma.
Más que una sopa
Uno de los grandes retos del ramen en España es desmontar una idea demasiado simple. "El ramen, en España, está percibido como una sopa, pero para un japonés no es una sopa. Es como un plato combinado: tiene hidrato, proteína y vegetales", explica Ibáñez.
Esa diferencia cultural se nota especialmente cuando llega el calor. En Madrid, muchas personas dejan de pedir ramen porque lo asocian a un plato caliente y pesado. Para un japonés, sin embargo, el ramen es una comida completa: fideo, caldo, grasa, condimento, carne, huevo, verduras y equilibrio. No se trata solo de entrar en calor, sino de comer bien.
En Komainu, cada cuenco arranca con fideos elaborados en su propia cocina con harinas seleccionadas y agua de kansui, el ingrediente que aporta elasticidad, color y esa mordida característica del ramen japonés. Después llega el caldo, cocinado durante más de 12 horas para extraer un umami natural a partir de huesos, carnes y verduras.

Komainu celebra el Día Internacional del Ramen con una propuesta basada en fideos hechos en casa, caldos largos y elaboración artesanal. / Cedida
La tercera clave está en los tares, los aderezos que definen la personalidad de cada ramen. Nada de fórmulas rápidas ni potenciadores artificiales del sabor. La profundidad del plato sale del tiempo, la técnica y el producto.
El ramen también se adapta al verano
Komainu mantiene el ramen como centro de su propuesta, pero también entiende que la carta debe respirar con la temporada. Por eso, en los meses de más calor incorpora platos japoneses más secos y crujientes, como el tonkatsu y el katsu sando, dos bocados muy populares en Japón que amplían la experiencia sin alejarse de la misma filosofía: elaboración propia y cero atajos.

El katsu sando de Komainu, la versión más moderna y popular del tonkatsu que gana protagonismo en su carta de temporada. / Cedida
La idea no es subirse a una moda, sino completar el viaje. Si el ramen representa el cuenco humeante y reconfortante, el tonkatsu aporta fritura precisa, cerdo jugoso y panko crujiente. Todo bajo una misma norma de la casa: "Aquí no hay quinta gama". En Komainu hacen sus tallarines, sus gyozas, sus mochis, sus tartas, sus salsas y hasta la manteca.
Madrid, capital del cuenco
El auge del ramen en Madrid se explica por una mezcla de factores: precio razonable, formato informal, cocina reconocible y una escena japonesa cada vez más diversa. Locales como Yokaloka, Ramen Kagura, Chuka Ramen Bar o Ramen Komainu han contribuido a que el público madrileño se familiarice con caldos, fideos, toppings y estilos distintos.

Uno de los ramen más reconocibles de Komainu, el plato que dio origen al proyecto y que sigue siendo la gran seña de identidad de la casa. / Cedida
También ha ayudado el formato a domicilio. El ramen funciona en restaurante, pero también como comida de sofá, plan de domingo o kit para terminar en casa. Tiene algo de comida rápida, pero también de ritual. Se come con prisa o con calma. Solo o acompañado. En barra, en mesa o frente a una serie.
Por eso el ramen ha dejado de ser una rareza en Madrid. Ya no es solo una tendencia importada ni una moda para foodies. Es un plato que ha encontrado su lugar en la ciudad: urbano, asequible, adictivo y profundamente reconfortante. Y en Komainu, entre Malasaña y Chamberí, ese fenómeno se mide en miles de cuencos al mes.
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