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SOCIEDAD

Qué fue de Monica Lewinsky, la becaria de la Casa Blanca que fue humillada públicamente por su idilio con el presidente Bill Clinton

Tras protagonizar uno de los mayores escándalos político-sexuales de la historia, la estadounidense intentó huir de su involuntaria fama y dio un giro a su vida

Monica Lewinsky, fotografiada en 2019.

Monica Lewinsky, fotografiada en 2019. / EFE

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Madrid

Verano de 1995. Una chica de 22 años llamada Monica Lewinsky, recién licenciada en Psicología por el Lewis and Clark College de Portland (Estados Unidos), comienza a trabajar como becaria no remunerada de la Casa Blanca, concretamente en la oficina de Leon Panetta, jefe de gabinete de Bill Clinton. Al cabo de un tiempo se ilusiona con el presidente, que pese a estar casado no duda en corresponderla, y una noche traspasa la puerta del Despacho Oval para realizar una serie de actos sexuales que saldrían a la luz pública en enero del 98, a través de las investigaciones del fiscal independiente Kenneth Starr, quien firmó un informe de 440 páginas para pedir la destitución de Clinton. Gracias a que el documento acabó colgado en las páginas del Congreso, el mundo entero conoció detalles tan íntimos como que los amantes hicieron el amor en las dependencias de la Casa Blanca muchas veces o que una vez el marido de Hillary Clinton le dijo a la chica que no considera la felación infidelidad conyugal.

Aquel episodio estuvo cerca de costarle la presidencia a Clinton, que fue acusado de perjurio (negó públicamente su escarceo con Lewinsky) y obstrucción a la justicia, y luego sometido a un proceso de impeachment (juicio político por desafuero), iniciado por la Cámara de Representantes y finalizado con un juicio en el Senado. Absuelto en febrero del 99, el de Arkansas pidió perdón por su comportamiento a su esposa, su hija y sus compatriotas, pero no a la exbecaria, quien en un principió mintió a la justicia, negando por escrito el idilio para salvar la carrera de Clinton, pero al final entregó al FBI un vestido suyo manchado de semen, guardado durante año y medio en su armario, para probar que había mantenido relaciones sexuales con el susodicho. “Pensé mucho en si debía dárselo o no a los fiscales”, contó al respecto. “Pensé en lavarlo y decirles ‘aquí tenéis el vestido, pero está limpio’, pero para entonces estaba muy paranoica y sentía que observaban mis movimientos todo el rato. Veía posible que me mandasen al polígrafo y así sabrían que habría quebrado la ley ocultando pruebas. Entonces me acusarían de obstrucción a la justicia y perdería mi inmunidad”.

EFE -HO-02/10/98-WASHINGTON- DCA50 - 19981002 - WASHINGTON, DC, UNITED STATES : This photo released by the House Judiciary Committee 02 October in Washington, DC, shows US President Bill Clinton with former intern Monica Lewinsky in the Oval Office of the White House. The photo is autographed by the president and includes a personal note to Lewinsky on her birthday.    EPA PHOTO   AFP/HO

Bill Clinton y Monica Lewinsky, en la Casa Blanca en 1997. / HO / EPA

En otro momento, la muchacha que de la noche a la mañana se convirtió en mofa mundial, hasta el punto de ser vista como la Puta de América, confesó a la prensa que se sintió tratada “como un pedazo de basura" por su otrora compañero de retozos, quien en su opinión solo lamentó haber sido descubierto. Aquel complicado 1999, Lewinsky generó dinero (buena parte del cual fue a parar a manos de sus abogados) haciendo publicidad de una empresa de dietas y colaborando con Andrew Morton en la preparación de un libro sobre su vida que estuvo sujeto a los límites que marcaba la fiscalía, dado que la investigación de su caso aún seguía abierta. “Monica Lewinsky fue la chica correcta en el lugar correcto pero en el tiempo equivocado”, aseguró el famoso biógrafo tras entrevistar repetidas veces a una mujer que tras un tiempo de ostracismo llegó a presentar un reality que ayudaba a jóvenes a escoger al hombre perfecto e incluso participó en el programa humorístico Saturday Night Live, donde hizo de sí misma en dos sketches que satirizaban su flirteo con Clinton.

A comienzos del nuevo milenio, con el caso Lewinsky ya cerrado y Bill Clinton habiendo terminado su mandato, la protagonista del asunto optó por huir de su involuntaria fama. Por eso probó suerte como diseñadora de bolsos y se marchó a Londres para estudiar Psicología Social en la London School of Economics, llevar una vida alejada de los focos y tratar de construirse una nueva identidad profesional. “Pero no funcionó”, ha contado al respecto. “El estigma me perseguía. Quería dedicarme al marketing para organizaciones benéficas, pero fue imposible conseguir un trabajo”. Quizás por ello, cuando se sintió medio preparada volvió a conceder una serie de entrevistas con la idea de “clarificar ciertas ideas falsas y llenar las lagunas” de la historia que cambió su vida. Y allá por 2014, dispuesta a reinventarse una vez más, debutó como activista contra el ciberacoso del que ella se considera la primera víctima mundial.

EFE -BOB PEARSON-23/01/99-WASHINGTON- DCA07 - 19990123 - WASHINGTON, DC, UNITED STATES : Former White House intern Monica Lewinsky (C) is escorted by an unidentified aide (L) and bodyguards, arriving at her hotel in Washington, DC, 23 January. Lewinsky was called to return to Washington by a US federal court judge who ordered her to talk to US House of Representatives managers prosecuting US President Bill Clinton in his impeachment trial.   EPA PHOTO AFP/BOB PEARSON

Monica Lewinsky, en 1999. / BOB PEARSON / EPA

“De la noche a la mañana pasé de ser una figura totalmente privada a una humillada públicamente”, comentó en su primer discurso público. “Yo fui el paciente cero, la primera persona cuya reputación fue completamente destruida en todo el mundo por Internet. No había Facebook, Twitter o Instagram, pero había páginas de cotilleos, y los emails se podían reenviar”. Unos meses antes de esto había publicado un artículo, titulado ‘Vergüenza y supervivencia’, en la revista Vanity Fair, de la que se convirtió en colaboradora. “Claro que sufrí un abuso por parte de mi jefe, pero siempre he querido ser contundente en un punto: la relación fue consensuada”, explicó en un texto donde añadió que el “abuso” vino más adelante, cuando “me convertí en un chivo expiatorio para que se pudiera proteger su poderosa posición”.

Recuperar el control

Aquello contribuyó a transformar la imagen que el mundo tenía de una mujer a la que hasta el movimiento Me Too reivindicó. “El mundo había cambiado. Y había una nueva generación que no había vivido el lavado de cerebro mediático de los años 90”, comentó en una ocasión. Otra vez, lamentó que solo Mónica Lewinsky tuviera que pagar un alto precio por todo lo ocurrido, ya que mientras Clinton pudo perfectamente terminar su mandato, a ella le fue muy complicado encontrar trabajo y a raíz de aquella gran humillación pública tuvo pensamientos suicidas y fue diagnosticada con Síndrome de Estrés Postraumático. "He estado sola. Tan, tan sola. Públicamente sola, abandonada por la mayoría de las personas clave envueltas en la crisis, quienes de hecho me conocían bien. Todos podemos estar de acuerdo en que cometí errores, pero tener que nadar en ese mar de soledad fue aterrador”.

De un tiempo a esta parte, la estadounidense sigue ejerciendo el activismo social, llevando a cabo campañas contra el acoso escolar y en favor de los derechos de las mujeres, y ha producido proyectos audiovisuales como Lewinski: 15 minutos de escándalo, un revelador documental sobre la humillación pública estrenado en 2021. Además, desde hace unos años tiene su propio podcast de entrevistas, Reclaiming With Monica Lewinsky (Recuperando con Monica Lewinsky), en el que mantiene conversaciones reflexivas sobre quiénes somos y cómo interpretamos el mundo. “Creo que la gente ve hoy mi historia de otra manera. Hay una especie de entendimiento. Muchos me dicen que desearían haber tomado decisiones diferentes sobre los chistes que contaron o la forma en que pensaron sobre todo aquello. Todo lo positivo que recibo borra, de algún modo, lo negativo del pasado”, ha confesado una mujer que a sus 53 años siente que al fin tiene el control de su vida.