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CUANDO MADRID ERA UNA VILLA (VI)

Madrid nació mirando a una ciudad rebelde: el papel de Toledo en su origen en el siglo IX

Muhammad I impulsó junto al Manzanares un enclave militar integrado en una red de fortificaciones que acabaría dando lugar a la medina de Mayrit

Lienzo de la muralla islámica de Madrid, uno de los vestigios conservados del recinto amurallado de la antigua Mayrit

Lienzo de la muralla islámica de Madrid, uno de los vestigios conservados del recinto amurallado de la antigua Mayrit / Comunidad de Madrid / Dirección General de Patrimonio Cultural

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El origen de Madrid no está en los Austrias ni en la decisión de Felipe II de instalar la corte en la ciudad. Hay que retroceder unos siete siglos, hasta la segunda mitad del IX, cuando el emir Muhammad I de Córdoba ordenó levantar un establecimiento militar en una elevación próxima al Manzanares, en el entorno que hoy ocupa el Palacio Real.

Después de recorrer los insultos prohibidos —desde "cornudo" hasta "sodomita" o "perjuro"—, el trabajo de las mujeres que vendían, curaban y ejercían distintos oficios, la muralla todavía escondida en un edificio de Cava Baja, el proceso por hechicería contra una partera y el abastecimiento de la villa desde lugares como Vallecas, Aravaca y Villaverde; la serie Cuando Madrid era una villa llega a su sexta —y última— entrega para retroceder hasta el propio nacimiento de la ciudad.

Aquel enclave respondía a dos necesidades del poder omeya. Hacia el norte permitía vigilar los pasos del Sistema Central y los corredores que comunicaban el valle del Tajo con los territorios cristianos; hacia el sur contribuía a contener Toledo, escenario de frecuentes rebeliones contra Córdoba. Madrid, territorio medieval define este segundo espacio como una "frontera interior".

Toledo se rebelaba contra Córdoba

La resistencia toledana tenía raíces políticas y sociales. José Ignacio Ortega Cervigón, doctor en Historia Medieval y profesor de la Universidad Complutense de Madrid, la relaciona con las dificultades para integrar dentro del Estado fiscal andalusí a una población todavía muy vinculada a la tradición visigoda. Los insurrectos llegaron incluso a aliarse con el monarca astur Ordoño I.

Las autoridades cordobesas respondieron mediante campañas militares y el despliegue de guarniciones alrededor de la ciudad del Tajo. "El estacionamiento de guarniciones gubernamentales en el entorno de Toledo, en la segunda mitad del siglo IX, tuvo la función de aplacar los reiterados levantamientos de Toledo", explica Ortega Cervigón a EL PERIÓDICO DE ESPAÑA.

Madrid formó parte de un dispositivo de mayor alcance. Madrid, territorio medieval señala que en Calatrava, Talavera y Zorita se establecieron mercenarios, mientras que Madrid, Talamanca y Peñafora, en la actual provincia de Guadalajara, fueron levantadas también para combatir la rebeldía toledana. El cronista andalusí del siglo XI Ibn Hayyān sitúa el inicio de ese programa poco después de la llegada al poder de Muhammad I, en 852.

La vinculación aparece también en la investigación arqueológica. Antonio Malalana Ureña, de la Universidad CEU San Pablo, sitúa en un estudio publicado en 2022 en Gladius, revista científica del CSIC, a Madrid dentro de una "frontera interior" cuyo foco principal era Toledo, articulada mediante un cinturón de fortalezas. El trabajo precisa que Maŷrīṭ participó además en una reorganización más amplia del territorio andalusí.

El otro frente estaba en la Sierra

La posición de Mayrit tenía asimismo una dimensión septentrional. "En clave externa, la fortaleza de Madrid propiciaba el control de la frontera septentrional de la Marca Media, de los puertos del Sistema Central y los valles de los ríos afluentes del Tajo", explica Ortega Cervigón. Esos cursos fluviales constituían corredores naturales de tránsito entre las dos vertientes de la Sierra.

La topografía condicionó el punto elegido para la construcción. La margen izquierda del Manzanares ofrecía una posición elevada desde la que dominar el valle y uno de sus vados. Malalana sitúa el ḥiṣn —término árabe utilizado para designar una fortaleza o recinto fortificado— en la colina próxima al arroyo de San Pedro, frente a las Vistillas.

Del recinto militar a la medina

Del primer castillo madrileño se sabe poco. Los historiadores lo sitúan generalmente en el área que actualmente ocupa el Palacio Real, pero las sucesivas construcciones realizadas allí impiden determinar su planta o configuración. Madrid, territorio medieval considera plausible que aquel fuera el primer recinto militar levantado durante el emirato de Muhammad I.

Se conocen mejor los restos del núcleo que creció en sus proximidades. Las excavaciones de la Plaza de la Armería y la Cuesta de la Vega han documentado muralla, accesos, pozos y silos. La tipología de las construcciones y su secuencia arqueológica las relacionan con las obras impulsadas por el emir cordobés.

La guía del Museo de San Isidro. Los Orígenes de Madrid sitúa también la fundación a mediados del siglo IX bajo Muhammad I y atribuye al asentamiento una finalidad militar relacionada con Toledo y los territorios cristianos. La institución municipal describe una ciudad rodeada por una muralla con tres puertas principales.

La puerta de la Vega se abría hacia el río; la de Santa María se encontraba en el eje de la actual calle Mayor; y la de la Sagra, cuya localización exacta no ha podido establecerse, estaba posiblemente orientada hacia el alcázar. El perímetro estaba reforzado por torres adosadas que cumplían funciones de contrafuerte y flanqueo.

Durante los siglos X y XI, Mayrit aparece ya como una pequeña medina con calles estrechas, viviendas y escasos espacios abiertos. Disponía de una mezquita aljama y de instalaciones propias de un núcleo urbano, mientras fuera del recinto pudieron surgir otros asentamientos.

El nombre utilizado por las fuentes árabes fue Maŷrīṭ. La obra citada relaciona el topónimo con la abundancia de cursos de agua superficiales y subterráneos en una zona cuyo relieve era entonces más acusado que el actual.

La conquista de Toledo arrastró a Madrid

En el siglo XI, Madrid estaba integrada en la taifa de Toledo, gobernada por los Banū Dī-l-Nūn. El avance de Alfonso VI sobre la capital del Tajo afectó por ello al conjunto de núcleos y fortificaciones dependientes de aquel reino.

Territorio de Madrid durante las campañas de Alfonso VI y la conquista de Toledo

Territorio de Madrid durante las campañas de Alfonso VI y la conquista de Toledo / Comunidad de Madrid / Dirección General de Patrimonio Cultural

La conquista de Toledo en 1085 propició también la incorporación de Madrid al dominio cristiano. Según la obra, probablemente no fue necesario someter la ciudad mediante un asedio: las plazas que todavía no habían sido ocupadas por las tropas de Alfonso VI se entregaron tras la capitulación toledana y la rendición madrileña habría sido pactada.

Una tradición sitúa un asalto cristiano a las murallas en 1083 y vincula aquel episodio con el sobrenombre de "gatos". Según la leyenda, un soldado especialmente hábil para escalar trepó por la muralla con ayuda de una daga y abrió el paso a las tropas cristianas, una proeza que habría dado origen al apelativo aplicado después a los madrileños. La obra considera legendario el relato y señala que, en la primavera de 1085, no parecía necesario tomar la medina por la fuerza.

La incorporación al reino castellano no acabó de inmediato con su carácter defensivo. "Una vez conquistadas Madrid y Toledo por los cristianos durante el reinado de Alfonso VI, esa marcada naturaleza militar persistió, al menos, hasta el siglo XIII", explica Ortega Cervigón. Durante el siglo XII comenzó además la construcción de un segundo recinto amurallado, de más de veinte hectáreas, que casi quintuplicaba la superficie de la primitiva ciudad islámica. La instalación permanente de la corte no llegó hasta 1561, cuando Felipe II fijó su residencia en Madrid.

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