Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

CUANDO MADRID ERA UNA VILLA (V)

Hechicería en el Madrid medieval: el caso de la partera castigada con cárcel y destierro

María fue procesada por prácticas realizadas durante los partos, entre ellas clavar un clavo sobre la sangre derramada en el suelo, y amenazada con 200 azotes si regresaba a la villa

Nacimiento de la Virgen, iluminación de hacia 1375 en la que varias mujeres atienden a santa Ana y al recién nacido

Nacimiento de la Virgen, iluminación de hacia 1375 en la que varias mujeres atienden a santa Ana y al recién nacido / Don Silvestro de' Gherarducci / The Metropolitan Museum of Art

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google

A finales de la Edad Media, cuando Madrid era todavía una villa castellana de unos pocos miles de habitantes, María trabajaba como partera. Algunas de las prácticas que realizaba durante los alumbramientos fueron consideradas hechicerías por las autoridades. Entre ellas había una especialmente llamativa: clavar un clavo sobre la sangre derramada en el suelo durante un parto.

La acusación terminó con la partera en la cárcel. Después fue paseada por las calles de Madrid sobre un asno, expuesta en la picota y desterrada de la villa. La sentencia establecía además que, si regresaba incumpliendo el destierro, se enfrentaría a 200 azotes públicos.

El caso está recogido en Madrid, territorio medieval, publicado por la Comunidad de Madrid y elaborado por José Ignacio Ortega Cervigón, doctor en Historia Medieval y profesor de la Universidad Complutense de Madrid. El historiador identifica a la protagonista como "María la partera" en declaraciones a EL PERIÓDICO DE ESPAÑA. "El episodio de María la partera nos habla de una sociedad anclada en la superstición y las creencias religiosas, propia de los siglos medievales y modernos", explica Ortega Cervigón.

Después de recorrer los insultos que podían terminar en multa, la muralla medieval oculta en un edificio de Cava Baja, los oficios desempeñados por mujeres apenas visibles en los documentos y la red de aldeas de Vallecas, Aravaca y Villaverde que abastecía a Madrid, esta entrega se acerca al parto, la asistencia sanitaria y las prácticas que podían ser consideradas hechicería.

La partera acusada de hechicería en el Madrid medieval

Las parteras desempeñaban una función reconocida en las ciudades medievales. La historiadora María del Carmen García Herrero ha documentado, por ejemplo, a Catalina Cutanda, conocida como la "madrina Salinas", una partera activa en la Zaragoza de finales del siglo XV que atendía a mujeres de distintos grupos sociales. Sus conocimientos se adquirían principalmente mediante la experiencia y la transmisión práctica. La documentación bajomedieval muestra que estas mujeres podían ser requeridas por sus conocimientos sobre cuestiones relacionadas con el embarazo y el alumbramiento.

En Madrid, algunas actuaciones atribuidas a María fueron interpretadas de otra manera. Una de ellas consistía en utilizar la sangre que había caído al suelo durante el parto y clavar sobre ella un clavo, práctica que la documentación incluyó entre las hechicerías por las que fue procesada. "La vinculación entre las parteras y la magia o la brujería es habitual en los territorios europeos y refleja una situación de una medicina precientífica, con pocos conocimientos en algunos ámbitos y rayana en las explicaciones sobrenaturales o creencias contrarias a la razón", señala Ortega Cervigón.

Los estudios sobre historia de la medicina han analizado la convivencia de distintas formas de atender la enfermedad durante aquellos siglos. Paloma Moral de Calatrava, en investigaciones publicadas en Asclepio, revista científica del CSIC, ha estudiado la circulación de conocimientos y remedios entre la medicina académica y otros ámbitos de asistencia y curación medievales.

De la cárcel a la picota de Madrid

El castigo impuesto a María tenía una importante dimensión pública. Después de permanecer encarcelada, fue sacada por las calles de Madrid montada sobre un asno y atada, mientras se pregonaba ante los vecinos la causa por la que había sido condenada.

Picota de Pezuela de las Torres, en la Comunidad de Madrid

Picota de Pezuela de las Torres, en la Comunidad de Madrid / Dirección General de Turismo, Comunidad de Madrid

El recorrido terminó en la picota, donde permaneció expuesta durante aproximadamente una hora. Después debía abandonar la villa y cumplir el destierro. Si regresaba a Madrid incumpliendo la sentencia, recibiría 200 azotes públicos. Los pregones, los recorridos por las calles y la exposición de los condenados aparecen también en la documentación judicial de otras ciudades de la Baja Edad Media, junto con multas, destierros y castigos corporales.

La ensalmadora que recibió el apoyo del Concejo de Madrid

La documentación madrileña conserva otro caso relacionado con una mujer dedicada a la salud, pero con una respuesta diferente de las autoridades. Hacia 1500 aparece una ensalmadora que sabía tratar fracturas de huesos y acompañaba esa actividad con oraciones y ensalmos.

En esta ocasión, el Concejo de Madrid consideró útil su trabajo e hizo gestiones para que pudiera obtener una licencia y continuar ejerciendo. Este tipo de especialistas formaba parte de la atención sanitaria de finales del siglo XV. El historiador José Damián González Arce recoge, en sus estudios sobre la regulación de los oficios sanitarios durante el reinado de los Reyes Católicos, junto a médicos y cirujanos a ensalmadores, herbolarios y "algebristas" o componedores de huesos.

La Corona fue regulando estos oficios mediante exámenes y licencias. En ese panorama convivían médicos con formación académica, cirujanos y otros especialistas cuyos conocimientos se habían adquirido por vías diferentes. Mientras el Concejo trató de facilitar una licencia a la ensalmadora para que continuara ejerciendo, María fue encarcelada, expuesta públicamente y desterrada de Madrid.

TEMAS