MUSICAL
'El otro lado de la cama' vuelve a liarla 24 años después: secretos y canciones para demostrar que en el amor estamos igual de mal
Nuria Herrero, Ariana Bruguera, Agustín Otón, Ricky Mata, Mònica Macfer y Adrià Olay protagonizan la versión que Borja Rabanal ha realizado de este clásico del cine español: estará en el Nuevo Teatro Alcalá hasta el 15 de noviembre

Un momento instante de 'El otro lado de la cama', dirigida por Joan Olivé. / EFE

La historia de El otro lado de la cama vuelve con la rara ventaja de no necesitar presentación. Y, al mismo tiempo, ojo, de pedir una nueva lectura. La cinta dirigida por Emilio Martínez-Lázaro, estrenada en 2002, fue uno de los grandes fenómenos de aquel año y convirtió una cadena de amores cruzados, canciones reconocibles y diálogos veloces en una pequeña marca generacional. 24 años después, aquella comedia romántica regresa reconvertida en espectáculo en el Nuevo Teatro Alcalá, donde ha encontrado un formato de proximidad que preserva la mecánica del enredo y actualiza algunos de sus códigos. "Conserva el espíritu canalla", adelanta Nuria Herrero, la actriz que reinterpreta este universo junto a Ariana Bruguera, Agustín Otón, Ricky Mata, Mònica Macfer y Adrià Olay. Estarán en Madrid hasta el 15 de noviembre.
"El buen rollo con el que salí de ver la película hace tanto tiempo se percibe aquí también. Mantiene el toque desenfadado que tanto la caracteriza. Y, sobre todo, la forma en la que se retratan las relaciones sentimentales. El público viene con las expectativas muy altas porque guardan un gran recuerdo, pero la adaptación funciona igual de bien", continúa Herrero. Sobre el escenario siguen latiendo las mismas coordenadas sentimentales que dieron músculo al filme que Paz Vega, Ernesto Alterio, Natalia Verbeke, Alberto Sanjuan, María Esteve y Willy Toledo protagonizaron: una amistad que parece a prueba de bomba y una grieta que lo desordena todo.

'El otro lado de la cama' estará en el Nuevo Teatro Alcalá hasta el 15 de noviembre. / CEDIDA
Los personajes se mueven en un territorio donde el deseo, la lealtad y la mentira convierten la vida cotidiana en una sucesión de equívocos. La adaptación teatral de Borja Rabanal plantea la premisa central: Natalia rompe con Guillermo, pero no revela quién es la nueva persona que ocupa su pensamiento. Y, a partir de ahí, despliega una cadena de malentendidos que hace del grupo de amigos un campo de minas emocional. "Es un lío enorme", dice Ricky Matas entre risas. Y no es para menos: "Se trata de una versión actualizada al 2026. En este caso, lo que mola es hacer partícipe al público de un secreto que ocultamos. Es como contarle un secreto a un amigo. Les suele despertar mucha intriga". Un enfoque particular donde la las réplicas, los reproches y las salidas resultan, como en la original, claro, inseparables de la música.

El filme que dirigió Emilio Martínez-Lázaro recaudó 13 millones de euros. / EFE
Se han respetado algunas de las canciones asociadas al imaginario de la película, como Salta y Las chicas son guerreras, por ejemplo, pero también se han introducido otros guiños musicales para ensanchar la conversación con el espectador de hoy. Asimismo, también se ha hecho una puesta al día del lenguaje para retirar bromas o comentarios que, con el tiempo, obviamente, han dejado de leerse de la misma manera. "Ha sido un reto bonito. La historia tiene algo muy poderoso. Habla de cualquiera de nosotros desde un lugar muy real, sin idealizarnos. Combina humor y emoción de forma accesible. No ha pasado de moda. Las dudas sobre el amor siguen siendo las mismas. Cambiarán las formas, pero el fondo no", añade Ariana Bruguera.
Reactivar la temperatura
Esta es una de las claves de la obra: no se trata de reproducir la película plano a plano, sino de reactivar su temperatura. De hecho, es tal el clima creado cada tarde que el proyecto recuerda a un sitcom en vivo. Un cosmos que cuenta con David Pizarro y Rober de Arte en la escenografía, Anna Coma en el vestuario y Néstor Gónzalez en la iluminación. "Así pasen otros 20 años, la historia jamás perderá fuelle. Hay tanta química entre el reparto porque ya habíamos trabajado juntos. Además, la productora hizo un gran trabajando eligiendo a personas que sabían que iban a conectar entre sí. También forma parte de la profesión generar esos vínculos para luego trasladarlos a las tablas. Uno de los grandes éxitos de este montaje es haber contado la trama como si fuera nueva, vinculándola a la actualidad. Le hemos dado otra dimensión más teatral", apunta Adrià Olay.

Ariana Bruguera y Nuria Herrero, en escena. / EFE
Agustín Otón lo refuta: "Esta conexión nos ha ayudado a entablar dinámicas para no pasarlo mal en las escenas más íntimas". Que El otro lado de la cama vuelva ahora al teatro no es solo un gesto de recuperación nostálgica. También es la confirmación de que ciertos relatos populares conservan una extraña elasticidad: cambian los hábitos sentimentales, se afina las palabras, se reajustan los chascarrillos y, sin embargo, permanece la atracción por ver cómo un grupo de amigos se tambalea cuando el amor deja de ser un refugio. "La amistad gana en esta historia. Y la amistad es un tipo de amor, uno de los grandes motores. Todos queremos amar y ser amados", concluye Mònica Macfer. E insiste: "Lo notamos cada tarde, cuando el público se levanta para celebrarlo con nosotros".