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ENTREVISTA

Paula Varona, artista: "La pintura tiene el privilegio de hablar sin levantar la voz"

Esta malagueña desde pequeña sentía la necesidad de pintar influenciada por la intensa luz que tenía en el sur de España. Se marchó a Londres a formarse y vivió en Japón y Estados Unidos hasta que se acabó asentando en Madrid hace ya más de tres décadas. Ha expuesto sus cuadros en multitud de recintos tanto de forma individual como colectiva, y ha recibido entre otros premios la Medalla de Honor de la Asociación Española de Pintores y Escultores. Hoy en día tiene su estudio propio en el barrio de Chamberí.

La pintora malagueña Paula Varona

La pintora malagueña Paula Varona / Alba Vigaray

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Álex González

Álex González

Madrid

¿Qué tiene la pintura para ser un arte diferente?

La pintura tiene el privilegio de hablar sin levantar la voz. En un mundo que nos empuja a pasar de una imagen a otra, un cuadro nos pide exactamente lo contrario: detenernos. Y detenerse hoy es casi un acto de rebeldía. Me gusta pensar que la pintura no representa las cosas, sino el tiempo que pasamos con ellas. La luz, el silencio, una presencia o una ausencia… Todo queda suspendido en un instante que nunca termina de agotarse. Cada persona mira un cuadro y encuentra algo distinto porque, en realidad, también está mirándose a sí misma. Quizá esa sea la gran diferencia de la pintura: no busca explicar el mundo, sino hacerlo respirar un poco más despacio. Es un diálogo silencioso entre quien pinta y quien mira. La pintura no impone un relato; lo sugiere. Deja espacio para que cada espectador complete la obra con su memoria, sus emociones y su propia mirada. Quizá por eso sigue siendo un arte tan diferente.

¿De dónde le nace la creatividad para sus cuadros?

La creatividad nace de la curiosidad. De no conformarme con mirar la realidad tal y como es, sino de preguntarme qué hay detrás de la luz, del silencio o de un gesto aparentemente cotidiano. Hay imágenes que todos vemos y olvidamos, pero algunas se quedan conmigo: una persona detenida ante un cuadro en un museo, una calle que, por un instante, parece contener el tiempo. Pintar es mi manera de descubrir lo extraordinario que habita en lo cotidiano. La creatividad aparece cuando la realidad deja de ser solo lo que vemos y empieza a convertirse en lo que sentimos. Ahí nace cada cuadro.

¿Cree que la creatividad es contagiosa?

Sí, creo que la creatividad es contagiosa. No se copia; se transmite, como el entusiasmo. Nos recuerda que siempre existe otra forma de mirar, y ahí es donde empieza todo. Un cuadro puede despertar una idea, iniciar una conversación o abrir un camino. Una emoción puede transformarse en una obra, y esa obra inspirar a otra persona. Es una cadena invisible de asombro. Cuando alguien crea con autenticidad, invita a los demás a mirar el mundo con ojos nuevos. Y esa, para mí, es la mejor forma de contagio.

¿Cómo consigue valorar económicamente sus proyectos?

Valorar económicamente un proyecto expositivo nunca responde a una fórmula fija, porque cada exposición es un mundo. No solo se trata de las obras. Detrás hay un trabajo muy amplio que va desde el diseño del catálogo, las invitaciones, los paneles y la comunicación; el estudio del espacio, su posible adecuación o pintura; la iluminación, el montaje, el transporte especializado de las obras, los seguros, la producción y muchos otros detalles que hacen posible que el visitante viva una experiencia completa. Por eso cada proyecto requiere una valoración específica.

Pero, ¿cómo organiza una exposición?

Primero imagino la exposición desde el punto de vista artístico y, después, construyo su viabilidad económica. Esa parte suele hacerse posible gracias al apoyo de patrocinadores, fundaciones, entidades financieras e instituciones que creen en el valor cultural del proyecto y deciden hacerlo suyo. Al final, una exposición es el resultado de la suma de muchas voluntades: la creación del artista, el trabajo de un gran equipo de profesionales y el compromiso de quienes entienden que apoyar la cultura también es una forma de construir sociedad. Primero imagino la exposición desde el punto de vista artístico y después construyo la viabilidad económica de esa Idea. Esa parte suele hacerse posible gracias al apoyo de patrocinadores, fundaciones, entidades financieras e instituciones que creen en el valor cultural del proyecto y deciden hacerlo suyo. En conclusión, una exposición es el resultado de una suma de voluntades como la creación del artista, un gran equipo de profesionales y el compromiso de quienes entienden que apoyar la cultura es también una forma de construir la sociedad.

¿Suele exponer a menudo sus cuadros?

No suelo exponer con mucha frecuencia. Normalmente presento una nueva exposición cada tres, cuatro o incluso cinco años. Mi proceso de trabajo es lento y muy exigente. Cada cuadro requiere muchas horas de observación, construcción y pintura. Prefiero dedicar el tiempo necesario a que la obra madure antes que producir con prisa. Por eso, cada exposición es para mí el resultado de varios años de trabajo y de una búsqueda muy cuidada.

Tubos de pintura de la artista en su taller.

Tubos de pintura de la artista en su taller. / Alba Vigaray

¿Se puede llegar a vivir bien de la pintura?

Sí, se puede vivir de la pintura. Yo tengo la fortuna de hacerlo, aunque no es un camino fácil. Exige mucho trabajo, constancia, compromiso y perseverancia. Nadie te regala nada. Pero cuando la vocación va acompañada de disciplina y de muchos años de esfuerzo, es posible convertir la pintura en una forma de vida.

¿Realiza cuadros por encargo?

Sí, realizo cuadros por encargo, siempre que el proyecto conecte con mi forma de entender la pintura y me permita mantener intacto mi lenguaje artístico.

¿Qué es lo más difícil a la hora de pintar?

Lo más difícil es decidir qué quiero pintar y cómo quiero transmitirlo. Encontrar esa idea y descubrir la manera de darle vida es, para mí, el mayor reto. Una vez aparece esa primera chispa, todo lo demás consiste en trabajar hasta conseguir que el cuadro diga exactamente lo que uno imaginó.

¿Hace falta conocer mucha técnica para conseguir que sus cuadros tengan una luz tan bonita?

La técnica es muy importante y hay que conocerla bien, pero nunca debería ser la protagonista. Yo intento que desaparezca para que quien mire el cuadro solo perciba la luz, el espacio y la emoción. Al final, la mejor técnica es la que no se nota.

¿Qué consejo le daría a alguien que quiere iniciarse en este mundo?

Le diría que pinte mucho, que observe aún más y que tenga paciencia. La pintura no entiende de atajos; requiere tiempo, curiosidad y constancia. Y, sobre todo, que encuentre una voz propia, sin intentar parecerse a nadie.

¿Y a alguien para que valore un cuadro?

Le diría que se acerque a un cuadro sin prejuicios y sin pensar si lo entiende o no. Basta con mirar despacio y dejar que la obra le diga algo. A veces un cuadro no se explica: se siente. Solo necesita tiempo, silencio y una mirada dispuesta a dejarse sorprender, sin prisa y sin la necesidad de encontrar una respuesta para todo.

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