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NO MOLESTAR (4)

Loles León y su accidentada noche con Jeremy Irons: entró en su habitación y acabó con la pelvis rota

Las noches de algunos famosos empiezan con una reserva discreta y terminan convertidas en leyenda: repasamos en esta serie los caprichos, excesos y desastres que se escondieron tras las puertas de los hoteles de Madrid

Loles León, en 'Mujeres al borde un ataque de nervios'.

Loles León, en 'Mujeres al borde un ataque de nervios'. / ARCHIVO

Pedro del Corral

Pedro del Corral

Madrid

Cuesta creerlo, pero hay noches que terminan convertidas en jurisprudencia. La que Loles León y Jeremy Irons vivieron en 1999, además, ojo, tuvo todo lo necesario para alimentar la sobremesa nacional durante años: una madrugada, dos famosos actores y una suite de lujo. Aquel 9 de octubre, ambos habían coincidido en el programa Vértigo: se cayeron tan bien que decidieron continuar la velada lejos de las cámaras. Cenaron, bailaron. Y, a las horas, hicieron una parada en Chueca antes de acabar en el Hotel Santo Mauro, donde se alojaba el británico. Hasta aquí, el guion tenía perfume de comedia elegante. Sin embargo, lo que vino después fue bastante menos glamuroso.

La habitación era un dúplex. Y estaba a oscuras. Al comprobar que la luz no funcionaba, Irons regresó a la recepción para buscar una solución. León, por su parte, mientras esperaba, intentó localizar un interruptor palpando la pared. Un gesto automatizado como buscar el móvil en la mesilla o abrir una persiana recién despiertos. El problema fue que allí no había un pasillo, sino una escalera interior. Entonces, la actriz avanzó y perdió pie, cayendo hasta la zona inferior de la estancia. El golpe fue brutal: se fracturó la pelvis y la muñeca derecha. Las posibilidades de aquella madrugada se apagaron de repente. La visita al hospital y unas muletas sustituyeron a la última copa. Una puerta mal iluminada había cambiado el argumento de la noche en apenas segundos.

Jeremy Irons, en 'La caja china'.

Jeremy Irons, en 'La caja china'. / ARCHIVO

Durante años se habló casi tanto de lo que podía haber pasado entre ellos como de lo que realmente ocurrió. León nunca ha tenido demasiado problema en jugar con este equívoco. Hubo química y una noche todavía abierta. El resto pertenece al terreno de la imaginación, que cuando hay una estrella de Hollywood de por medio trabaja horas extra. Ella contó después que Irons se portó como un caballero y que le hizo llegar flores y bombones durante la convalecencia. Incluso, recordó con humor aquella cita truncada al revisitar la historia en televisión años más tarde. Ahora bien, debajo del chascarrillo había consecuencias poco ligeras: semanas apartada de su vida normal, fisioterapia y trabajos que no pudo hacer porque seguía recuperándose de las lesiones.

Así que demandó al Santo Mauro. La reclamación llegó a los tribunales en el 2000 y el pleito se alargó durante años, con un primer revés en el juzgado y posteriores recursos. El debate era sencillo en apariencia: ¿quién respondía de una caída sucedida en una habitación sin luz? Durante el proceso quedó acreditado que ésta, distribuida en dos alturas, no disponía del alumbrado de emergencia exigido y cuya instalación había requerido el Ayuntamiento para espacios de estas características. No era un detalle decorativo ni una manía del huésped de turno, sino una medida de seguridad. Aun así, los tribunales entendieron que el hotel no cargaba con toda la culpa: León había avanzado completamente a oscuras por un lugar que desconocía.

44.292 euros

El desenlace llegó una década después. El Tribunal Supremo mantuvo el reparto fijado anteriormente: un 25% de responsabilidad para el Santo Mauro y un 75% para Loles León. No obstante, elevó la indemnización que había fijado la Audiencia Provincial hasta los 44.292 euros, unos 3.000 euros más. La diferencia estaba en el trabajo perdido: mientras que la Audiencia sólo había compensado uno de los compromisos frustrados por el accidente, el Supremo también tuvo en cuenta un contrato con la productora australiana que León no pudo atender. Y ahí apareció la parte menos vista de cualquier caída: no sólo se rompen huesos, también desaparecen proyectos y se aplazan planes. A lo que hay que sumar la rehabilitación y el dinero que deja de entrar mientras el cuerpo intenta volver a su sitio.

En 1999, Loles León estrenó 'Esa maldita costilla' junto a Susana Giménez y Betiana Blum.

En 1999, Loles León estrenó 'Esa maldita costilla' junto a Susana Giménez y Betiana Blum. / ARCHIVO

Hoy aquella historia conserva un aire de Madrid nocturno que parece pertenecer a otra época. Una cena que se alarga. Chueca. Un hotel de cinco estrellas. Irons al otro lado de la puerta. Y León entrando primero porque él, según ha contado, fue galante. Podría haber terminado en una anécdota privada. O en nada. Pero lo hizo en el suelo. Con la pelvis rota y una batalla judicial que tardó en cerrarse. Quizá, por ello, aún despierta tanta fascinación. Lo que empezó como una comedia con brillo se transformó, en un segundo y a oscuras, en drama, fisioterapia y sentencia del Supremo. Ni el mejor guionista habría escogido un giro tan inoportuno.