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ARTE CONTEMPORÁNEO

Los inquietantes retratos sin rostro que desafían siglos de belleza femenina: la artista que ha borrado la identidad de sus modelos

El Thyssen acoge la primera exposición individual de Ewa Juszkiewicz, con 24 pinturas que transforman la tradición europea mediante flores, telas y frutas

'Portrait In Venetian Red' (2024), de Ewa Juszkiewicz.

'Portrait In Venetian Red' (2024), de Ewa Juszkiewicz. / CEDIDA

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Pedro del Corral

Pedro del Corral

Madrid

No hay caras en los retratos de Ewa Juszkiewicz. Allí donde la tradición europea situó durante siglos el centro psicológico de la imagen, la artista polaca coloca un nudo de telas, una arquitectura de cabello o un estallido de plantas. No se trata de ocultar por capricho, sino de alterar las reglas de una pintura que convirtió a muchas mujeres en superficies de elegancia, decoro y obediencia. El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza acoge, hasta el 6 de septiembre de 2026, la primera exposición individual de Juszkiewicz en una institución museística. Comisariada por Guillermo Solana y organizada dentro del programa dedicado a la Colección Blanca y Borja Thyssen-Bornemisza, la muestra reúne 24 obras realizadas desde 2013 hasta la actualidad. El recorrido se concentra en su producción reciente e incorpora varias pinturas concebidas para la cita madrileña.

Nacida en Gdańsk en 1984, Juszkiewicz trabaja desde hace más de una década sobre una pregunta incómoda: qué sucede cuando se elimina del retrato aquello que debería individualizar a la persona representada. Su respuesta no es vaciar la imagen, sino saturarla. Los semblantes desaparecen bajo hojas, pliegues de seda, frutas y masas capilares que parecen adquirir vida propia. El resultado conserva la sofisticación de los modelos históricos, pero introduce en ellos una anomalía radical.

'The Letter' (2023), de Ewa Juszkiewicz.

'The Letter' (2023), de Ewa Juszkiewicz. / CEDIDA

Su punto de partida son, sobre todo, los retratos femeninos de los siglos XVIII y XIX, una época en la que el interior doméstico y la expresión facial componían un repertorio de signos sociales. Aquellas imágenes no solo mostraban a una mujer: también fijaban cómo debía ser observada. La belleza aparecía unida a la contención y la identidad quedaba sometida a códigos de clase, género y respetabilidad. Juszkiewicz interviene precisamente en ese lugar. Al borrar el rostro, rompe la promesa de semejanza y desplaza la mirada hacia elementos considerados secundarios y decorativos. Lo ornamental deja de acompañar a la figura y pasa a dominarla. Una tela se vuelve máscara; un ramo, organismo; una cabellera, barrera y refugio. La ausencia no elimina a estas mujeres: las libera de una lectura cerrada.

'In A Shady Valley, Near A Running Water', de Ewa Juszkiewicz

'In A Shady Valley, Near A Running Water', de Ewa Juszkiewicz / CEDIDA

La operación funciona porque la artista no renuncia al virtuosismo. Pinta con una precisión que remite a los maestros antiguos, reproduce texturas, volúmenes y brillos con disciplina casi académica y mantiene reconocibles las composiciones de origen. Sin embargo, introduce colores más intensos, contrastes vivos y soluciones próximas al surrealismo. Esa mezcla entre respeto técnico e insubordinación conceptual produce imágenes familiares y extrañas al mismo tiempo.

Campo de tensión

El espectador reconoce la estructura del retrato clásico, pero pierde la seguridad de saber a quién mira. Sin ojos, boca y expresión, la figura se sitúa en un territorio ambiguo, entre lo humano y lo no humano. La identidad deja de depender del parecido y el retrato se transforma en un campo de tensión: belleza y amenaza, deseo y resistencia. Entre las piezas reunidas aparecen trabajos inspirados en Johannes Cornelisz Verspronck y Élisabeth Vigée Le Brun, además de obras recientes como Gloriosa, Silk And Musa Leaf y Lady With A Mirror. La referencia histórica no funciona aquí como homenaje, sino como material susceptible de ser desmontado. Juszkiewicz no corrige el pasado ni reconstruye la biografía de sus modelos: expone los mecanismos visuales con los que ese pasado fabricó una determinada idea de feminidad.

'Untitled' (2021), de Ewa Juszkiewicz.

'Untitled' (2021), de Ewa Juszkiewicz. / CEDIDA

Su obra ha pasado por instituciones como el Brooklyn Museum, el Centre Pompidou-Metz, el Museo Picasso Málaga y el National Museum of China, entre otros. En el Thyssen, estas figuras sin rostro entran además en diálogo con una colección atravesada por la historia del retrato occidental. Ese encuentro refuerza la potencia de su propuesta: mirar la tradición desde dentro, utilizando sus mismas herramientas para revelar sus límites. Juszkiewicz no destruye el retrato, lo obliga a dejar de ser un espejo dócil.