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FENÓMENO HALLYU

La única escuela pública de Madrid que enseña coreano vive un auténtico 'boom': "La realidad ha superado las expectativas"

La EOI de Valdezarza cerró su primera promoción con 75 estudiantes y ampliará a cuatro los grupos ofertados ante el creciente interés por Corea del Sur: el K-pop y los dramas han disparado una fiebre que ya trasciende a los jóvenes

Soo Min, en una de las clases de la EOI de Valdezarza.

Soo Min, en una de las clases de la EOI de Valdezarza. / ALBA VIGARAY

Pedro del Corral

Pedro del Corral

Madrid

El concierto que BTS dio en el Metropolitano en junio lo dejó claro: la fiebre por la cultura hanguk no para de subir. 70.000 almas fueron a ver a la banda que ha roto moldes y, claro, con estas cifras, uno se pregunta qué hay detrás de este fenómeno. Blackpink, Stray Kids y Red Velvet son otros de los nombres que han colapsado España: venden carpetas, llaveros, pegatinas, postales y pulseras por miles. No sólo entre adolescentes, los adultos son incluso más fieles. En la literatura arrasan Han Kang, Hwang Bo-Reum y Cho Nam-joo, mientras que Bong Joon-ho, Hong Sang-soo y Yeon Sang-ho hacen lo propio en el cine. En la capital, ojo, no paran de abrir cafeterías, fotomatones y comercios. Y, recientemente, se ha anunciado el fichaje de Kang-in Lee por el Atlético de Madrid. Un terremoto que ha despertado el interés por aprender coreano. Y que, aquí, desde el pasado septiembre, sólo es posible estudiarlo en una escuela pública: tras el éxito de su primera promoción, la EOI de Valdezarza ya está preparando el nuevo curso.

“Al principio, existía la duda de si habría suficientes alumnos para justificar su implantación, pero la realidad ha superado las expectativas. Para mí, fue una alegría enorme comprobar que hay tantas personas interesadas en el coreano y con el compromiso de asistir regularmente a clase”, sostiene Soo Min Park Son, la docente encargada de poner en marcha este proyecto. En total, ha tenido 75 estudiantes distribuidos en tres grupos. El próximo año, serán cuatro: dos para el A1 y dos para el A2. Síntoma de que la acogida ha sido buena.

La primera vez que se ofreció el coreano en las EOI de Madrid fue en el curso 2025-2026.

La primera vez que se ofreció el coreano en las EOI de Madrid fue en el curso 2025-2026. / ALBA VIGARAY

El perfil es heterogéneo, aunque predominan las mujeres atraídas por el K-pop y los K-dramas: “Estas expresiones funcionan como puerta de entrada porque generan emociones intensas y conexiones dispares. Nuestra cultura ofrece algo familiar y diferente a la vez. Por un lado, compartimos gran pasión por el arte, la estética, el deporte y la comida. Y, por otro, exportamos narrativas que rompen con lo que Occidente ofrece. La música, por ejemplo, combina energía y un fuerte componente comunitario. De hecho, los grupos suelen transmitir una idea de unidad porque el baile debe estar sincronizado. El cine, por su parte, tiene géneros y ritmos distintos. Y, además, introduce críticas sociales y dilemas éticos sobre la vida moderna que calan en el público español. Lo mismo sucede con la gastronomía, donde reinan sabores intensos que contrastan el dulce con lo salado”. Quizá, por ello, con la ola hallyu consolidada, los intercambios entre ambos mundos no dejen de aumentar.

Entrada de la EOI de Valdezarza, situada en el distrito Fuencarral-El Pardo.

Entrada de la EOI de Valdezarza, situada en el distrito Fuencarral-El Pardo. / ALBA VIGARAY

Entre el alumnado de Soo Min hay quienes han tomado el coreano como un pasatiempo cultural que les permitirá ver series sin subtítulos. Otros, en cambio, se han acercado a él con un fin turístico, empresarial o laboral: “El objetivo es que sepan leer y escribir el hangeul, nuestro alfabeto. Sólo así podrán pronunciar bien los sonidos y ganar confianza con un sistema de escritura distinto al del español. Fue creado en el siglo XV con la intención de que la población pudiera entenderlo rápido. Por lo que, a partir de ahí, podrán construir frases y desenvolverse en interacciones básicas”.

Llegó a España en 2002

Soo Min nació en Gyeonggi-do en 1996 y llegó a España con seis años, cuando sus padres decidieron emigrar. “Él siempre me recuerda cómo se enamoró de los naranjos en las calles de Sevilla en uno de sus viajes”, asegura. Aprendió castellano por inmersión. Iba al colegio, jugaba con amigos, hacía deberes, veía la televisión… En casa, sin embargo, seguía hablando coreano con su familia, quien le transmitió la importancia de conservar sus raíces. “Empecé a trabajar en 2019, dando clases en una pequeña pero acogedora academia de Granada. Tres años después, tuve el honor de incorporarme a la Universidad de Salamanca, donde además pude realizar mi doctorado. Y, ahora, con enorme ilusión, formo parte de esta EOI. Para mí, es un reto y a la vez un privilegio. Siempre me he sentido cómoda en la enseñanza. Ver que cada vez más personas quieren descubrir mi país me produce una emoción especial. Durante mucho tiempo, nuestra cultura era prácticamente invisible frente a potencias como China y Japón”, subraya.

Soo Min llegó a España en 2002, cuando tenía seis años.

Soo Min llegó a España en 2002, cuando tenía seis años. / ALBA VIGARAY

Corea del Sur, entre palacios y neones, es un lugar donde la tradición y la tecnología caminan de la mano: en Seúl, los jóvenes vestidos con hanbok recorren antiguos templos mientras, a escasos metros, robots sirven cafés y los pedidos llegan a casa en tiempo récord. Allí, el kimchi no es sólo un acompañamiento, ojo, sino un símbolo nacional. Y dormir sobre suelos calefactados sigue siendo habitual. Las tiendas de conveniencia se han convertido en toda una institución social y, poco a poco, dada su popularidad, están abriéndose en todo el mundo: Madrid ya tiene la suya.

El peso de los valores

“Siempre procuro que el vocabulario vaya acompañado por su contexto cultural. Decir hola y gracias cobra más sentido cuando se aclara en qué situaciones se utilizan y qué matices de respeto transmiten. Presentar la gramática aislada sería incompleto. Por ello, en cada lección, introduzco pequeñas pinceladas de lo cotidiano y la historia. Esta integración no sólo enriquece el estudio, también mantiene la motivación y les ayuda a entender mejor lo que hay detrás de tantos trazos”, dice la profesora. Corea se ha configurado históricamente sobre la base del confucianismo, una tradición filosófica sustentada en las enseñanzas del maestro chino Confucio. De ahí que valores como la educación y la armonía tengan un peso central: “Esto contrasta con la sociedad española, marcada por la espontaneidad y la celebración de lo individual. Al mismo tiempo, somos profundamente resilientes. Nuestra historia está llena de momentos difíciles que han fortalecido su espíritu de lucha”.

Este año se han abierto cuatro grupos en la EOI de Valdezarza: dos para el A1 y dos para el A2.

Este año se han abierto cuatro grupos en la EOI de Valdezarza: dos para el A1 y dos para el A2. / ALBA VIGARAY

Esta combinación de orden, creatividad, frenesí y sacrificio explica parte de su éxito en España. “También existen lazos estrechos. Muchos locales encuentran aquí algo que les falta en sus rutinas, como disfrutar el presente y no reducir todo al trabajo. Me gusta pensar que, en cierto modo, España y Corea son países hermanos que se separaron al nacer y que, ahora, al reencontrarse, se reconocen en aquello que comparten y se enriquecen con lo que los diferencia”, concluye Soo Min.

P. ¿Qué huella le gustaría dejar en sus alumnos?

R. Siguiendo el legado del rey Sejong y de los eruditos que crearon el hangeul, creo que aprender a leer y escribir en coreano ya es un gran logro. Ahora bien, más allá de la lengua, me encantaría que no fuera una moda pasajera y se convirtiera en un bonito episodio de su historia personal.