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GASTRONOMÍA

El nuevo plan de Valdebebas: parrillas privadas, sobremesas sin prisa y la carne al punto que tú quieras

El espacio gastronómico consolida su modelo de parrillas privadas tras llenar durante el Mundial con una fórmula que mezcla restaurante, carnicería selecta, tienda gourmet, bodega y plan entre amigos

Chuletones de origen, quesos, ibéricos y vinos forman parte de la experiencia gastronómica de MalaFlama.

Chuletones de origen, quesos, ibéricos y vinos forman parte de la experiencia gastronómica de MalaFlama. / Cedida

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Andrea San Martín

Andrea San Martín

Madrid

En Madrid hay restaurantes para comer, bares para ver el fútbol y casas donde improvisar una barbacoa con amigos. MalaFlama quiere ser un poco todo eso, pero sin que nadie tenga que comprar la carne, preparar la mesa, controlar la bebida o recoger después. En pleno Valdebebas, este espacio gastronómico ha encontrado durante el Mundial uno de sus grandes momentos de consolidación: salas llenas, partidos en pantalla, grupos de amigos alrededor del fuego con una única doble preocupación que la carne la ponga cada uno a su punto y que la sobremesa no tenga prisa.

MalaFlama combina restaurante, carnicería selecta, tienda gourmet y club gastronómico privado en pleno Valdebebas.

MalaFlama combina restaurante, carnicería selecta, tienda gourmet y club gastronómico privado en pleno Valdebebas. / Cedida

El concepto rompe con la fórmula tradicional del restaurante. Aquí el cliente no espera un plato terminado, sino que elige la pieza, se sienta en una sala privada equipada con parrilla profesional y cocina a su gusto, a su ritmo y en compañía. La experiencia funciona a medio camino entre una barbacoa en casa, una carnicería selecta y un club gastronómico urbano, con la comodidad de contar con un equipo que acompaña sin invadir.

MalaFlama cuenta con cinco salas privadas, cálidas y envolventes, con capacidad para diez personas cada una. Todas están equipadas con parrillas profesionales de gas y proyector individual, lo que ha convertido el espacio en un plan especialmente atractivo durante la competición: comida o cena entre amigos, partido en pantalla y carne al centro de la mesa. Además, las salas son interconectables, por lo que pueden acoger grupos de 20, 30 o más personas sin perder esa sensación de intimidad que define el proyecto.

Detrás de cada reserva hay también un equipo que sostiene la experiencia. José Manuel, director del restaurante, conoce cada rincón de MalaFlama y resuelve cualquier duda sobre el funcionamiento del espacio, la carta o la elección del producto. Edwin, carnicero y parrillero, selecciona, prepara y conoce cada pieza antes de que llegue a la parrilla. Natalia, camarera, está pendiente de que no falte nada en la mesa, del vino a los aperitivos. Y Linnet, también en sala, cuida los detalles y mantiene ese tono cercano que convierte la comida en algo más que una reserva.

José Manuel, director de MalaFlama, destaca el carácter participativo del espacio y su apuesta por el producto de calidad.

José Manuel, director de MalaFlama, destaca el carácter participativo del espacio y su apuesta por el producto de calidad. / Cedida

José Manuel destaca especialmente la tienda gourmet, uno de los grandes atractivos del local nada más entrar a la izquierda. En ella se pueden encontrar productos exclusivos de alto nivel para tomar allí mismo o llevarse a casa: desde un surtido de ibéricos hasta una selección de quesos franceses y españoles con 12 referencias. Es una parte esencial del recorrido, porque permite empezar la experiencia antes de que la carne toque la parrilla y alargarla después, como si MalaFlama fuera también una despensa de caprichos bien escogidos.

A esa tienda se suma lo que el director define como una "inmensa bodega", con más de 50 referencias de vino tinto y blanco. La apuesta mira especialmente a pequeñas bodegas artesanas, proyectos independientes y vinos con identidad, a los que en MalaFlama dicen tratar con el mismo cariño que a la carne. La idea es que cada grupo pueda elegir la botella que mejor acompaña su mesa, beberla allí o llevársela a casa.

La carne es el corazón de MalaFlama, donde el cliente elige la pieza y la cocina al punto que prefiera.

La carne es el corazón de MalaFlama, donde el cliente elige la pieza y la cocina al punto que prefiera. / Cedida

Pero el corazón de MalaFlama sigue estando en la carne. La carta gira en torno a chuletones de origen con más de 30 días de maduración, con razas como frisona, rubia gallega, autóctona gallega, angus, buey o wagyu. El cliente puede elegir la pieza, cocinarla a su manera y completar la experiencia con guarniciones como ensalada, patatas fritas, patatas asadas o parrilla de verduras.

Antes del fuego, la propuesta permite abrir boca con aceitunas aliñadas, patatas fritas artesanas, frutos secos seleccionados, embutidos, quesos, burrata, provolone al horno o carpaccio de tomate. Y después, si la sobremesa lo permite, llegan los postres: coulant, helados artesanos o dulces de boutique.

El resultado es una nueva forma de ocio gastronómico en Valdebebas, un barrio en plena expansión que suma así un concepto pensado para quienes buscan algo más que salir a cenar. MalaFlama reivindica el gesto pausado de reunirse alrededor de una parrilla: salar la carne, darle la vuelta, servir otra copa, comentar el partido y dejar que la conversación se alargue. Aquí el lujo no está en la formalidad, sino en la libertad de cocinar, compartir y quedarse un rato más.

Parrilla, vino y sobremesa: la fórmula con la que MalaFlama ha consolidado su propuesta de ocio gastronómico en Madrid.

Parrilla, vino y sobremesa: la fórmula con la que MalaFlama ha consolidado su propuesta de ocio gastronómico en Madrid. / Cedida

MalaFlama está en la calle Fernando Higueras, 19, y abre de miércoles a domingo en horario de comidas y cenas. También contempla aperturas excepcionales para eventos de empresa o deportivos. El precio medio oscila entre los 40 y los 100 euros, en función del corte y de la experiencia elegida.