MÚSICA
Qué fue de José María Cano, el componente de Mecano que decidió poner fin al grupo más importante del pop español
El artista madrileño compuso muchos de los éxitos de la banda y, tras alejarse de la música, se reconvirtió en artista plástico y pintor muy cotizado

EPE
Algunos fans de Mecano tardaron la tira en superar el duelo colectivo que empezó a vivirse el 26 de noviembre de 1998, cuando durante la segunda edición de los desaparecidos Premios Amigos de la industria musical, José María Cano puso fin al grupo más importante del pop español. “Quiero decir una cosa que va a sonar un poco especial hoy. Voy a dejar de estar con Mecano. Para mí esta etapa ha sido bellísima y la quiero recordar como tal. Me cuesta estar ya en un grupo de pop, tengo que reconocerlo. La disciplina es altísima y voy perdiendo la elasticidad. Ahora que no estoy puedo decir que es el grupo de pop más grande de todos los tiempos. Muchas gracias a ustedes y que Dios les bendiga”, soltó en directo, justo en medio de la entrega del reconocimiento a la Trayectoria Artística y para estupor de sus compañeros, que en realidad desconocían sus intenciones.
De algún modo, la historia de Mecano comenzó en 1974, cuando José María Cano, hijo del dueño de un negocio textil, conoció a Ana Torroja en una fiesta en Madrid y ambos entablaron una relación que duraría tres años. Durante la segunda mitad de los 70, tanto la pareja como el hermano del susodicho, Nacho, comenzaron a cantar y actuar juntos en los bares del Madrid de la llamada movida madrileña. “Aunque no frecuentaban los lugares más característicos del movimiento, se movían en otro tipo de ambientes, como las típicas fiestas de amigos o los festivales de colegios mayores, donde José María se llevó un premio como cantautor revelación”, explica Javier Adrados en su libro Mecano. “José María y Nacho siempre habían tenido claro que se querían dedicar a la música. Nacho siempre había tenido sus grupos de rock con los compañeros del colegio y Jose quería ser cantautor, tenía muy claro qué clase de canciones quería componer y qué quería para ellas”.

Mecano, en una imagen promocional. / ARCHIVO
El autor añade que, en ese sentido, los primeros temas que interpretaban Ana, Nacho y José María no tenían nada que ver con lo que más tarde sería el estilo de Mecano. “José no quería ser un cantautor de canción protesta, que tan de moda estaba en los 70. Nunca había sido muy reivindicativo políticamente hablando. Incluso, años más tarde, comentó públicamente que no solía votar porque nunca le ha gustado que le manden, y menos elegir al que tenga que hacerlo. Él prefería escribir y cantar al amor. En esa época nacieron títulos como Te quiero amor o Te fuiste que, una vez consagrado como compositor, grabarían Miguel Bosé y Massiel, respectivamente” (y además José consiguió actuar en el programa concurso de TVE Gente Joven).
Mientras hacían bolos aquí y allá, los tres entablaron amistad con el legendario cazatalentos Miguel Ángel Arenas, quien les animó a formar un grupo liderado por Ana. “En 1980, y gracias a los contactos de Luis Cobos y Jorge Álvarez, el trío de jóvenes artistas conoció a José María Cámara, quien les ofreció su primer contrato importante con CBS: un millón de las antiguas pesetas a cambio de un single”, apunta Adrados, quien añade que el single se publicó en junio del 81 (para la cara A, la canción elegida fue Hoy no me puedo levantar; para la cara B lo fue el tema Quiero vivir en la ciudad, el único compuesto por Nacho y José María). “El single tuvo una gran acogida entre la crítica especializada, pero la compañía tan solo dedicó unos días de promoción. Por ese motivo el grupo decidió promocionarlo por su cuenta. Modesto Cano, el padre de Nacho y José María, les compró 100 copias del single y con el disco bajo el brazo recorrieron emisora tras emisora para darlo a conocer”.
Gracias entre otras cosas a sus cuidadas letras y sus impecables arreglos, Mecano conquistó a un público que elevaría canciones como Hijo de la Luna, Cruz de Navajas o La fuerza del destino a la categoría de himno, y a lo largo de su carrera consiguió vender más de 25.000.000 de discos. Aun así, tras la intensa gira del Aidalai en 1992 decidieron separarse, principalmente por las tensiones creativas y las rencillas personales entre José y Nacho. "[Ellos] Se cabreaban y al final me llevaba yo los palos, con lo fácil que hubiera sido que cada uno hiciese lo que le diera la gana, pero al final nada. Nacho era más tolerante, pero José no. Yo acababa todos los conciertos llorando", ha contado Ana. Los tres emprendieron entonces distintos proyectos en solitario y en 1998 hubo un amago de reconciliación, pero las cosas ya no fluían como antaño. De hecho, los componentes de la formación grabaron en días y estudios distintos las siete canciones inéditas que formaron parte del doble álbum recopilatorio que lanzaron en marzo de ese año.
Cuadros de Warhol y Bacon
Tras el fin de Mecano, sus antiguos miembros rechazaron varias ofertas suculentas para volver a subirse a un escenario juntos. Ana luchó por encontrar su hueco en el mundo de los artistas solistas y este verano está recorriendo la geografía española para presentar su último álbum, Se ha acabado el show, el primero de sus trabajos escrito íntegramente por ella. Tampoco ha parado quieto Nacho Cano, que firmó algunos discos en solitario, regentó un gym de bikram yoga en Miami y en los últimos años ha triunfado con su musical Malinche, que algunos investigadores criticaron por su blanqueo de la historia del imperialismo español. Mucho más alejado del foco que ellos permanece José María Cano, que invirtió parte de los beneficios obtenidos por las elevadas ventas de Mecano y los derechos de autor en obras de arte.

José María Cano, miembro del jurado del Premio Princesa de Asturias de las Artes en 2019. / EFE
“La especulación estaba lejísimos. Era otro deporte, más bonito, más exclusivo. Además, había un desconocimiento absoluto y total del arte contemporáneo extranjero, que estaba pasando fuera, pero aquí en España había un entusiasmo bonito que no tardó en engranarse. Yo era el único que estaba comprando cuadros de Warhol, Basquiat, Bacon, Louise Bourgeois… Pero no tengo una mentalidad de coleccionista. Al coleccionista, y es muy loable, le gusta enseñar su colección. Yo, a pesar de ser muy locuaz, soy una persona introspectiva”, confesó el madrileño, que vendió unos cuantos de sus cuadros para pagar las deudas contraídas con su ópera Luna, estrenada discretamente en 1998 y en la que invirtió 100 millones de pesetas de la época. A principios del nuevo milenio, tras lanzar Josecano, un disco de pop donde cantaba, hacía coros y tocaba todos los instrumentos, y componer el himno del centenario del Real Madrid que canta Plácido Domingo, se alejó totalmente de la música.
Vida cómoda
Fue ahí cuando se reconvirtió en artista plástico y pintor cotizado. De hecho, una de sus obras (un retrato del fallecido fundador de Apple) fue vendida en 2017 en una subasta en Hong Kong por 350.000 euros, y al año siguiente colocó otro de sus cuadros (este un retrato de Jack Ma, el fundador de AliBaba) por 388.000 euros. Normal pues que haya podido disfrutar de una vida más que cómoda, llegando a disponer de varias casas repartidas en distintos países. Una de ellas, una mansión en el exclusivo barrio londinense de Holland Park que perteneció al autor de Peter Pan. Otra es un palacio del siglo XVII ubicado en la zona alta de Lisboa y luego está la que era su residencia habitual, en el municipio maltés de Birgu, rodeada de polémica después de que una investigación periodística señalara que había registrado una sociedad en esa isla europea con reputación de refugio fiscal. También apareció en la prensa por su tortuoso divorcio de aquella azafata de Iberia con la que tuvo a su hijo Dani, diagnosticado de síndrome de Asperger y que, al igual que su padre, encontró en la música un canal de expresión.

José María Cano, en 2022. / EFE
“Tomé la decisión de casarme para que Dani no fuera hijo de una madre soltera, pero todo lo bueno que hice, a ella le dio armas para pedir el divorcio sin previo aviso y tenerme en el juzgado casi tres años (desde 2002 a 2005)”, contó al respecto en una entrevista. “Ahora, gracias a Dios, tengo la custodia compartida y eso me protege de que la madre de mi hijo me siga amargando la vida. Durante el juicio de la custodia pasé por situaciones angustiosísimas. Cuando la estaba interrogando el juez, ella llegó a acusarme de pegarla en más de 10 ocasiones y violarla en varias. Antes muerto que ponerle la mano encima a alguien. En la sentencia los jueces ni siquiera reflejaron sus aseveraciones”. Ahora ya hace un tiempo que el madrileño de 67 años no concede entrevistas, aunque algunas personas de su entorno señalan que en estos momentos vive tranquilo, centrado principalmente en el arte, y que recientemente ha vuelto a componer.
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