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SANGRE Y ARENA

El verano más oscuro de Madrid: el Cine Doré lleva el terror a las playas del Mediterráneo

El Cine Doré propone para este verano un ciclo de películas que renovaron el género de terror, al cambiar los lúgubres castillos de Transilvania por los hoteles de Torremolinos o las coquetas villas de Capri

Cartel de 'Tratamiento de shock', de Alain Jessua.

Cartel de 'Tratamiento de shock', de Alain Jessua. / ARCHIVO

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Madrid

Durante los meses de julio y agosto, el Cine Doré de Filmoteca Española acogerá una propuesta cinematográfica perfecta para el caluroso verano madrileño. Se trata de Gótico mediterráneo, un ciclo de películas de terror seleccionadas por el comisario, guionista y realizador Álex Mendíbil, cuya principal característica es la de haber renovado el género, ambientándolo en escenarios playeros. "A mediados del siglo pasado, las fuerzas del mal abandonaron las sombras y la humedad de los castillos centroeuropeos para extenderse bajo una luz que les permitía ampliar y actualizar su campo de batalla", explica Mendíbil. A partir de ese momento, las costas de Italia, Francia, España y las zonas más turísticas del norte de África, se convirtieron en el nuevo hábitat los personajes de terror clásico. Liberados de los abrigos, las capas y los chaqués, vampiros, vampiresas y asesinos comprobaron cómo sus pulsiones malignas y su deseo sexual se inflamaban por efecto del calor sofocante, de los bañadores ajustados, de las camisas desabotonadas y de los vestidos vaporosos.

"En el Gótico mediterráneo el tiempo se estira y se vuelve lánguido —describe el comisario—. Las motivaciones de los personajes se enrarecen, perdiendo la claridad moral del gótico victoriano. Los roles de género se desestabilizan y abrazan una ambigüedad que se ya presume queer. Además, la herencia y la memoria pierden su certeza: el pasado mediterráneo es tan antiguo, tan mitológico, que ya no aplasta sino que hipnotiza como un sueño que no se sabe del todo si es propio o compartido".

Cartel de 'El ojo del huracán', de José María Forqué.

Cartel de 'El ojo del huracán', de José María Forqué. / ARCHIVO

A pesar de esas nuevas localizaciones y de ese cambio de actitud, las producciones del Gótico mediterráneo no renunciaron a los códigos del terror clásico, sino que los adaptaron o los subvirtieron. De este modo, el temor ya no surge de las tinieblas o la oscuridad, sino de esa luminosidad cegadora de las aguas y el sol del Mediterráneo, que impide percibir el origen real del peligro. "Es este desvío —el sol como agente de extrañamiento y no de revelación— el que opera en todas las películas de este ciclo", apunta Mendíbil que, mientras investigaba la obra de Jess Franco, descubrió cómo el realizador español reproducía también la iconografía clásica del cine de terror, solo que con elementos autóctonos.

"En Vampiros lesbos, por ejemplo, se ve claramente esa transposición de los elementos del cine de terror clásico al Mediterráneo. Las redes marineras, colgadas de una manera concreta, representan las telarañas y las gaviotas funcionan como los murciélagos. Luego, esos complejos hoteleros que con el boom del turismo se extendieron por toda la zona mediterránea en los años 60, también forman parte de las construcciones del Gótico mediterráneo, porque son el equivalente a los castillos".

Carga erótica

Con la proyección de Desnuda ante el espejo el pasado 2 de junio, se dio inicio al ciclo Gótico mediterráneo. La elección del título de Hubert Frank y protagonizado por Bárbara Rey en 1978 no solo era una buena muestra de este género a efectos formales, sino también en la forma de abordar a los personajes femeninos. Aunque muchas de las cintas tienen, como era habitual en la época, una innegable carga erótica dirigida a audiencias cis-hetero, las mujeres de estas producciones no son meros objetos, sino que están tratadas como sujetos empoderados que llevan el peso del argumento y las riendas de de su deseo.

Cartel de 'La route de Salina', de Georges Lautner.

Cartel de 'La route de Salina', de Georges Lautner. / ARCHIVO

Unos personajes que, sin embargo, contrastan con otros arquetipos del terror o la intriga, como la víctima, el monstruo, el asesino o el policía que, "en el fondo, son un poco personajes de cartón piedra, pero no en el sentido negativo, sino porque el género tampoco requiere mayores profundidades psicológicas. En todo caso, algunas películas como Tratamiento de shock o More, sí que intentan hacer unos personajes menos arquetípicos y más auténticos porque, en el fondo, son producciones que se mueven en ese territorio intermedio entre la serie B y un cine de autor con ínfulas… o más bien con carencias".

More fue, justamente, el título de la pasada sesión de Gótico mediterráneo, que se celebró en la sala de verano de la azotea del Cine Doré el viernes 24. Una película rodada por Barbet Schroeder, que aborda el mundo de la heroína en Ibiza a finales de los años 60 y que cuenta con el atractivo de que su banda sonora fue compuesta por la banda británica Pink Floyd. A esta cinta le siguieron Tratamiento de shock (martes 28), El ojo del huracán (miércoles 29) y Eugenie (jueves 30) una oscura cinta de Jess Franco en su versión de 1980. "Estoy muy contento de que se vea porque es una peli que apenas salió en VHS y no solo ya nunca más se volvió a ver, sino que no creo que se pueda ver en otras ocasiones. Es una copia en en 35 mm que tiene la Filmoteca y, por varios problemas que tiene, va a ser complicado que se llegue a editar alguna vez en Blu-Ray", concluye Mendíbil. En agosto, más.